Asturias Liberal > Aportaciones > «El contexto» o «Excelentísimos cadáveres»: investigar, para no aclarar

 

Al leerla en el caluroso verano subtropical de 2025, buscando entretenerme con una mera intriga, descubrí que “El contexto” de Leonardo Sciascia no es una simple novela policial: es una radiografía del poder cuando la verdad estorba. Trama, sentido político y toda una lección sobre comisiones de investigación y relatos oficiales.

Porque Sciascia retrata un sistema donde el crimen activa al Estado… para protegerse. “El contexto” explica por qué tantas investigaciones acaban normalizando la anomalía: una verdad funcional vale más que la verdad. No es una novela para entretener, ni para condenar, ni para ensalzar. Es, sí, una lectura para cambiar la manera de ver el telediario, la prensa  y los vídeos cortos o largos.

Todo un programa editorial para Asturias Liberal. Vemos por qué:

1) La trama de la novela: una investigación que avanza… y por eso mismo se vuelve peligrosa

Todo empieza con una secuencia de asesinatos de jueces. No es un crimen aislado, ni un ajuste de cuentas doméstico, sino una serie que, por su insistencia y por el perfil de las víctimas, reclama automáticamente una respuesta de Estado: alarma, titulares, gestos solemnes, promesas de “llegar hasta el final”.

En ese clima aparece el inspector Rogas, que investiga como se supone que debe investigarse en un país que todavía pretende parecer normal: con método, con paciencia, con atención a los detalles, con esa disciplina casi moral que consiste en preferir los hechos a las opiniones.

Rogas conecta trayectorias, reconstruye itinerarios, identifica patrones, y cuanto más mira, más se convence de que el caso tiene un sentido interno.

Pero entonces sucede el verdadero giro: las piezas encajan demasiado bien, los sospechosos aparecen sospechosamente rápido y las conclusiones oficiales se dibujan demasiado pronto.

Y es cuando ese “demasiado” —que en una investigación sería buena noticia— suena aquí a trampa, porque lo que se empieza a intuir es que el sistema no está nervioso y ansioso por los crímenes, sino por algo peor:

Nervioso por la posibilidad de que alguien investigue de verdad y ansioso por utilizar las verdades desveladas para ajustar cuentas y estabilizar el propio sistema.

2) Lo que Sciascia quería decir: la verdad fáctica y la verdad funcional no coinciden

Sciascia usa el género policial como un disfraz elegante. Lo que le interesa no es el “quién lo hizo”, sino el mecanismo por el cual un poder organizado logra que, pase lo que pase, el sistema quede en pie y el relato salga limpio.

En El contexto la investigación se convierte en un problema no por errar, sino por acertar; porque, cuando un investigador se toma en serio la causalidad, puede llegar a conclusiones que no son “gestionables”.

Es entonces cuando aparece la tesis más corrosiva: que el Estado, o la estructura de poder que actúa en su nombre, no busca necesariamente la verdad, sino una verdad que sirva.

Una verdad compatible con la continuidad o el reajuste de las alianzas, con la estabilidad del guion institucional, con la necesidad de que el público sienta que “algo se ha hecho” y que “todo vuelve a su sitio”. Dicho de otro modo: el objetivo no es esclarecer, sino normalizar.

La novela El Contexto, de Sciascia, fue publicada en 1971 y vertida al cine por el director Francesco Rosi con estreno en 1976 con el título  Excelentísimos cadáveres. Dejo aquí un video-extracto de ésta:

3) La perspectiva de Asturias Liberal: comisiones de investigación como tecnología de absorción

Aquí es donde la novela se vuelve útil para escribir, porque te da una lente: no preguntar solo qué ha pasado, sino qué versión de lo ocurrido permite que todo siga igual. Las comisiones de investigación —en una catástrofe, en un escándalo político, en una tragedia industrial— pueden nacer para aclarar; pero también, con demasiada frecuencia, nacen para amortiguar, para repartir la culpa en niebla, para convertir lo excepcional en trámite, y para producir un cierre narrativo que parezca responsabilidad cuando en realidad es continuidad.

Y por eso, cuando uno mira ciertos episodios contemporáneos —la comisión sobre la DANA, la comisión sobre la trama vinculada a Ábalos/Koldo, la comisión sobre Cerredo— conviene mantener la pregunta sciasciana en la cabeza, como quien lleva una linterna en un túnel: ¿estamos ante un proceso de esclarecimiento o ante un proceso de estabilización?

El remate más inquietante—y aquí Sciascia se pone realmente actual— es que ese “contexto” normalizador de la «anomalía» no se detiene en el parlamento. Puede filtrarse, sin aspavientos, en investigaciones judiciales y periodísticas: cuando investigar pasa a significar “cerrar”, cuando explicar se convierte en “hacer compatible”, cuando el foco ya no apunta a la verdad sino a la salida institucional, la pregunta deja de ser sobre un caso. La pregunta es sobre el método.

Porque si el sistema solo admite verdades funcionales, lo anómalo no se corrige: se integra. Y entonces una ficción como la de Sciascia, no entretiene ni resuelve, lúcidamente explica.

Pero éste no es más que nuestro punto de partida. 


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Enlaces recomendados (para contexto y seguimiento)
    1. Congreso: Comisión de investigación sobre la crisis derivada de la DANA (29/10/2024)
    2. Senado: Comisión sobre la catástrofe por la DANA (29/10/2024) y su gestión
    3. RTVE: Aprobación de comisión en el Senado sobre el “caso Koldo”
    4. Senado: Comparecencia de José Luis Ábalos ante comisión (XV Legislatura)
    5. Junta General del Principado: Comisión de investigación del accidente de la mina de Cerredo
    6. Caso Cerredo. Las responsabilidades que ascienden (Asturias Liberal).

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