Asturias Liberal > Economía > Indra, Escribano y el freno reputacional: no es independencia empresarial, es coste sistémico


Indra no vive una guerra “empresa vs Estado”, sino el ajuste tardío de incentivos mal diseñados: contratos sin consecuencias, desorden industrial, riesgo reputacional y freno institucional. El relevo por Raül Blanco no cambia el modelo: intenta bajar el escándalo.


Entradilla: El giro del Gobierno con Indra no se explica por un supuesto pulso de autonomía empresarial, sino por una acumulación de riesgos: desorden industrial, conflictos, retrasos en programas críticos y un coste reputacional que deja de ser asumible.

Lo que cambia: Moncloa deja de blindar a Escribano no porque “se rebele”, sino porque su proyecto eleva el riesgo reputacional del sistema.

Lo que no cambia: El posible relevo por Raül Blanco apunta a continuidad de la intervención con menor exposición al escándalo, no a un giro hacia mercado y competencia.


Hechos y causalidad: lo que explica el viraje

Indra no está viviendo un conflicto entre empresa y Estado, sino el ajuste tardío de un sistema de incentivos mal diseñado. La lectura que presenta a Ángel Escribano como un “rebelde empresarial” al que el Gobierno deja caer por exceso de independencia no resiste el contraste con los hechos acumulados.

Lo que se rompe no es una alianza político-empresarial, sino un equilibrio de costes que deja de ser asumible.

El liderazgo de Escribano al frente de Indra no entra en crisis por discrepar del poder político, sino porque su proyecto introduce un desorden industrial creciente en el sector de defensa tras ser izado por el mismo poder que hoy lo repudia.

Y es que resulta delirante atribuir independencia empresarial a quien ha sido llevado de la mano a la presidencia de una empresa semipública por el Asesor Económico de Pedro Sánchez, con despacho en La Moncloa: Manuel de la Rocha, histórico militante del PSOE con inicios en él a través de la corriente oficial de ese partido, Izquierda Socialista.

El enfrentamiento con GDELS–SBS, la marginación de este actor en adjudicaciones relevantes y la amenaza de una querella elevan el conflicto desde el plano empresarial al institucional y judicial.

Cuando una operación deja de ser solo controvertida y empieza a ser jurídicamente tóxica, el problema ya no es de estrategia, sino de reputación sistémica.

La contradicción central: reproche por el 8×8 y continuidad del flujo contractual

A ello se suma una contradicción difícil de ocultar. El Ministerio de Defensa de Margarita Robles reprocha formalmente a Indra los fallos y retrasos del programa 8×8 Dragón, liderado por la compañía a través de Tess Defence, pero ese reproche no se traduce en penalizaciones ni en correcciones contractuales.

Al contrario, las empresas presididas por los Escribano continúan recibiendo adjudicaciones. El mensaje implícito es claro: el desempeño industrial no condiciona el acceso al contrato. Y cuando eso ocurre, la lógica de mercado desaparece y es sustituida por una lógica de protección política.

Bolsa, MoUs y realidad industrial: por qué el mercado solo ve una parte


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La subida bursátil de Indra durante el último año refuerza esta ilusión. No certifica un proyecto industrial sólido, sino la expectativa de continuidad del flujo público. En un entorno de fuerte intervencionismo, la bolsa descuenta contratos, no capacidades productivas, y mucho menos equilibrio sectorial.

Por eso puede convivir una cotización favorable con un deterioro real del ecosistema industrial y con conflictos crecientes entre actores clave.

Además, el “proyecto” atribuido a Escribano se apoya en gran medida en MoUs y futuribles, útiles para el relato, pero insuficientes como prueba de ejecución. Si el respaldo financiero depende de expectativas alimentadas por adjudicaciones y anuncios, la supuesta independencia empresarial se convierte en un decorado.

El freno institucional: del apoyo político al control del daño

El giro del Gobierno llega cuando ese esquema deja de ser rentable en términos políticos. No porque Escribano sea incómodo por independiente, sino porque su figura concentra demasiado riesgo reputacional.

En ese punto aparece la alternativa de Raül Blanco, un perfil alineado con la intervención de Moncloa, pero sin la carga de confrontación, querellas y ruido acumulado. El relevo no implicaría un cambio de modelo, sino un intento de desescalar el conflicto sin alterar la arquitectura de fondo.

(Si quieres contexto ampliado sobre este encaje institucional y bursátil, aquí tienes el análisis de referencia en AL: De Escribano a Raül Blanco: el freno institucional y la bolsa han puesto a Indra en jaque).

Conclusión: menos escándalo no es mejor industria

Ahí reside el núcleo del problema. Sustituir nombres puede reducir el escándalo, pero no corrige los incentivos.

Mientras los contratos no estén vinculados de forma creíble al desempeño, mientras la competencia sea selectiva y mientras el Estado actúe como accionista, árbitro y cliente sin reglas claras, el llamado campeón nacional seguirá siendo una construcción frágil. No por exceso de mercado, sino por falta de él.


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