Una vieja sensatez para un tiempo nuevo
En 2010, cuando España estaba sumida en los efectos de la crisis del 2008, el profesor Leopoldo Abadía publicaba su “La hora de los sensatos”, donde con humor y coherencia proponía una serie de medidas que a su parecer mejorarían la situación.
Es un libro que, aprovechando la efeméride el próximo día 23 del “día del libro”, les recomiendo mucho.
Le parecía a él que la situación política del país podía mejorar aplicando sensatez, sentido común, sin sectarismo ideológico ni extremismos.
Asturias y España: la inversión de prioridades
En 2026 las cosas no han mejorado mucho, más bien poco. Empeorado, mejor dicho.
Tenemos en Asturias un “gobiernín” inoperante, paralizado bajo la “obesidad” burocrática, paralizante de la actividad privada, e ideologizado, que gobierna para sus votantes y no para todos los asturianos, que escurre el bulto en sus responsabilidades con demagogia despampanante, que sólo se preocupa de hacer engordar más al sector público, a maquillar los pocos y magros resultados para que parezcan buenos, sólo parecer, e imponer un bable, que siendo una riqueza cultural, debería ser una prioridad secundaria en vez de central.
Lo más razonable parece que lo primero sea tener qué comer, y tener donde vivir. Luego nos ocupamos de la educación, y con ella, de la cultura. Se perdió el orden de lo que es imprescindible, prioritario, importante o accesorio.
En España, un gobierno en minoría, sin fuerza efectiva, pura propaganda y demagogia, sin presupuestos y sin leyes, que sobrevive exhausto a base de decretos, asediado de corrupción, con un culto al líder desproporcionado, un César que todo lo decide, que sujeta todas las riendas, pero que luego está “en Babia” en cuanto a lo que sus segundos en el mando hacen de ilegal, caro, derrochador y ultra dimensionado, con 22 ministerios, frente a los 4 que son imprescindibles:
- el de interior, las cosas que hay que hacer dentro del país,
- el de exterior, las cosas que hay que hacer para relacionarse con los otros países,
- el del dinero, que provea y administre los fondos que los otros ministerios necesitan,
- el de seguridad, tanto interior como exterior.
Resultados, no propaganda
Tras casi ocho años del gobierno de Sánchez, su gran logro es de propaganda, haber logrado una sociedad española polarizada, enfrentada, ideologizada, que ha perdido de vista las cosas básicas, de sentido común, de primera necesidad.
Es la hora de la sensatez, de aplicar medidas de reforma de la economía y de la política buscando resultados prácticos, buenos para todos, hasta para los que no te votaron.
Todos los ciudadanos, sean de la idea que sean, tienen una serie de anhelos comunes.
- Vivir en paz y con seguridad.
- Tener una economía suficiente, y a poder ser esperanzadora, creciente.
- Tener unos servicios públicos eficientes y bien gestionados.
No se trata de “arrimar el ascua” a la sardina ideológica del partido que gobierne tras la “era Sánchez”, ni de hacer caber la realidad en la idea que el partido tiene, si no de hacer lo que hay que hacer para que esos anhelos se materialicen.
Trabajando con la realidad y cambiándola en la medida que se desvíe del objetivo propuesto.
La rigidez ideológica impide tener flexibilidad a la hora de afrontar los cambios que la realidad impone.
Y la realidad va mucho más rápido ahora que antes, debido a las tecnologías emergentes y al acceso universal a la información.
Evidentemente cada partido tiene sus sensibilidades y prioridades, y no a todo el mundo se le puede convencer. No veremos al 100% de electorado votando al mismo partido, esas cosas solo pasan donde sólo hay un partido.
Pero sí se puede convencer a una mayoría si se ven resultados, si la prosperidad crece realmente, notándose en el bolsillo del ciudadano.
¿De qué nos sirven unos buenos “datos macro” si el gasóleo está por las nubes, la vivienda está inalcanzable, la vida sube por encima de lo que lo hacen los sueldos, y cada vez somos más pobres?
A pesar del CIS, siempre tan optimista para el mismo bando, parece claro que el ciclo socialista está sobradamente agotado y que ya termina, posiblemente en los juzgados.
La tarea pendiente
La tarea post sanchista es hercúlea. Pero alguien tiene que hacerla, restañar la división, acabar con el sectarismo, derogar toda la legislación superflua e ideologizada, restablecer la dignidad y la independencia de las instituciones, dejarse de banderías y divisiones, ilusionar por un proyecto que aúne, que genere prosperidad, que emocione.
Y mejorar la economía. Cuando la economía de los hogares crece, la gente consume, ve el futuro con optimismo, tiene más hijos, emprende con más facilidad, crea más riqueza. El dinero que circula es el que genera más dinero. Son cosas de Perogrullo, pero es que ni a éste gran filósofo se estudia ya. Ni se aplica.
El Estado, y la autonomía, tienen que tener el tamaño correcto, costar poco e intervenir en lo que sea imprescindible y dejar funcionar la magia del capitalismo que multiplica los bienes y mejora la situación hasta de los más pobres.
¿Cómo se hace todo esto? Ojalá yo lo supiera, me presentaría a presidente.
Pero sí tengo claro que no se logra con un “Cesar” autocrático, si no con un equipo. Gente comprometida, que aporte experiencia, conocimiento, cada cual en su área, que sepa diseñar proyectos compatibles con los demás proyectos, que caminen mirando a un horizonte común, haciendo publicidad y explicando lo que se hace y por qué, sin demagogia ni propaganda, colaborando sin darse codazos, dejándose del “quítate tú para ponerme yo” que sólo empobrece.
¿Quién está realmente dispuesto a asumir este reto?
Si al final cambiamos las caras que ocupan los cargos, y las políticas nuevas apenas corrigen las viejas, estamos en un bucle del que nada bueno saldrá. ¿Tal vez una crisis y un cambio de régimen?

Padre de familia, ciudadano y contribuyente español. Analizo lo que me rodea y digo lo que pienso.
Me gusta mi pais y busco que sea aún mejor.
