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Mónica García, actual ministra de Sanidad, ha anunciado su intención de presentarse a las primarias de Más Madrid; su objetivo es ser elegida candidata de ese partido para las próximas elecciones a la Comunidad de Madrid y disputarle la presidencia a Isabel Díaz Ayuso, una misión que no parece nada sencilla a tenor de la popularidad de la actual presidenta de la Comunidad y de los resultados que ésta ha ido cosechando desde que se presentó a unas elecciones en 2019 representando al Partido Popular: de los 30 escaños sobre 132 en 2019, subió a 65 sobre 136 en 2021 y alcanzó los 70 sobre 135 en las últimas elecciones de 2023, lo que le ha implicado gobernar con mayoría absoluta.

La canción que nadie debía apropiarse

En la primavera de 2021, durante la campaña electoral, la presidenta de Nuevas Generaciones del Partido Popular se hizo eco de una consigna que circulaba entre los admiradores y aduladores que en aquella época jaleaban a Isabel Díaz Ayuso, consistente en postularla como la verdadera “Lady Madrid”, en referencia a la conocida canción del dúo Pereza, a lo que el autor y compositor de la canción —Leiva— reaccionó de inmediato en sus redes sociales para pedir que no se hiciera un uso político de su obra, afirmando que la canción era de la gente y no estaba bien que una causa partidista se adueñara de un bien que él consideraba universal.

Por si alguno no conoce la canción, esta es la versión original:

Isabel Díaz Ayuso fue nombrada candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid en 2019 por Pablo Casado, quien buscaba un perfil discreto que pasara de puntillas por la estructura del PP madrileño en aquella época.

Contra pronóstico, la enigmática candidata no sólo fue capaz de batir en las elecciones de aquel año a Ciudadanos, sino que tuvo la habilidad necesaria para buscar acuerdos y formar un gobierno de coalición con el partido naranja que superara al vencedor de los comicios —PSOE— y supusiera, a nivel personal, el despegue de su carrera política.

Reagan, Springsteen y el patriotismo mal leído

Esta controversia sobre el uso de una canción como lema político me recordó a otra polémica mundialmente famosa que data de 1984, cuando los asesores de Ronald Reagan encontraron en Bruce Springsteen el símbolo perfecto para el trabajador estadounidense que ellos se arrogaban representar, pasando por alto que las canciones de The Boss describían precisamente a las supuestas víctimas de las políticas económicas de Reagan.

En el transcurso de la campaña electoral que defendía su reelección en 1984, el equipo de Ronald Reagan buscaba proyectar una imagen de optimismo, fuerza militar y prosperidad económica… y por casualidad en las emisoras de radio de aquella época la canción de moda era “Born in the U.S.A.”.

En un mitin de Hammonton, Nueva Jersey, Ronald Reagan exclamó: “El futuro de América descansa en mil sueños dentro de vuestros corazones, descansa en el mensaje de esperanza en las canciones de un hombre que tantos jóvenes estadounidenses admiran: el hijo pródigo de Nueva Jersey, Bruce Springsteen”… y ahí empezó una batalla entre el músico y el gabinete de Reagan por definir el verdadero patriotismo estadounidense.

“Born in the U.S.A.” narra la tragedia de un joven de clase obrera que es enviado a la guerra de Vietnam tras meterse en problemas en su ciudad natal y al regresar se encuentra con una nación que le da la espalda: no hay empleo para él en la refinería, los servicios para veteranos son inexistentes y sus amigos han muerto en combate.

Más que una celebración de orgullo patrio, la canción es un lamento airado por la traición de la clase política al contrato social estadounidense.

La música como coartada política

Hasta ese momento Bruce Springsteen había evitado alinearse políticamente, pero esa manipulación de su música —y su persona— hizo que se sintiera vilmente utilizado para validar unas ideas políticas con las que no estaba de acuerdo y que, a su juicio, eran las responsables de la destrucción económica que él denunciaba en sus letras.

Un par de días más tarde de la intervención de Reagan, en un concierto del cantante, éste se refirió al líder político para poner en cuestión que hubiera escuchado en algún momento alguno de sus discos, un irónico comentario que remató interpretando la canción “Johnny 99”: una historia sobre un trabajador que es despedido y termina cometiendo un crimen llevado por su situación desesperada.

A partir de ese momento, Bruce Springsteen se volvió más comprometido política y socialmente, defendiendo que la verdadera lealtad a su país no consiste en hacerlo de boquilla o venerando a tu gobierno, sino en criticar libremente y sin tapujos aquellas cosas que no funcionan bien o son susceptibles de mejora.

“Born in the U.S.A.” es una canción sobre el derecho a criticar a tu país precisamente porque lo amas y esperas más de él.

Ayuso y los palmeros de temporada

Volviendo a Díaz Ayuso, cuando la popularidad de ésta creció —contra todo pronóstico— más de lo que muchos esperaban, fue objeto de una campaña de desestabilización desde la dirección nacional de su propio partido que dejó en evidencia, ya desde el primer momento, a algunos agradadores profesionales que tan sólo unos meses antes pujaban por lisonjearla y aclamarla como la auténtica “Lady Madrid” y ahora se apartaban de ella y la criticaban sin piedad.

Aunque cuando otros líderes del partido y gran cantidad de militantes ratificaron el apoyo masivo y reconocieron el valor de la lideresa, volvieron las tornas y la situación dejó a los pies de los caballos al propio presidente del Partido Popular, Pablo Casado, al secretario general, Teodoro García Egea, y a aquellos palmeros que no eran más que la voz del amo de turno.

Viendo cómo se las gasta Ayuso, no le arriendo la ganancia a Mónica García.

El espejo mágico del poder

Situaciones como la sufrida por Isabel Díaz Ayuso desde su propio partido son cada vez más habituales en política, pero también en muchas empresas de diversos sectores e incluso en la administración pública: el poder y los sillones, las envidias y la popularidad siguen siendo ruedas que mueven el mundo en demasiadas ocasiones, como en el conocido cuento de Blancanieves de los Hermanos Grimm.

Aunque lo triste es que ahora los poderosos, además de tener el espejo mágico de la madrastra, cuentan también con la inestimable ayuda y aplauso de su cohorte de inquebrantables jaleadores.

La música queda

Me quedo con la música, sin politizar, y la hermosa Lady Madrid.

Las versiones en directo me gustan más:

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