Asturias Liberal > Aportaciones > Contigo, pan y cebolla

Un joven muchacho no podía reprimir las evidencias de su ilusión al haber encontrado una novia que iba a colmar su vida de felicidad eterna. En medio de tanta efusión, un buen amigo —bastante mayor que él— se encargó de aterrizarle los ánimos con la siguiente reflexión: “está muy bien que ahora os queráis, en este momento sólo hay felicidad para vosotros y no hay problemas, es comprensible que no veáis más allá del “contigo, pan y cebolla” … pero la vida no es así, los problemas llegarán y en algún momento acabaréis discutiendo sobre a quién le corresponde el pan y a quién la cebolla”.

Por cierto, la expresión “contigo, pan y cebolla” es un popular refrán español que se popularizó en el siglo XIX por la obra teatral del mismo nombre firmada por el mejicano Manuel Eduardo de Gorostiza en 1833, en la que, simbolizando la promesa del amor eterno frente a la pobreza, ridiculizaba el romanticismo extremo y la lectura irreflexiva de las novelas sentimentales.

En los últimos meses las tertulias futboleras se nutren —y en muchos casos se regocijan— con la mala situación que vive el Real Madrid, una colección de desventuras y una deriva que parece haber tocado fondo con las últimas revelaciones sobre desavenencias internas y peleas entre los miembros de su plantilla, y que perfectamente representan situaciones que se pueden llegar a vivir en cualquier empresa, organización o incluso familia cuando las cosas no van bien y afloran los problemas.

Partiendo de la base de que la inmensa mayoría de nosotros sólo conocemos lo que nos cuentan, y que esto en la mayor parte de las ocasiones son informaciones interesadas, o debidamente tergiversadas por acción u omisión, en beneficio de alguien, creo que deberíamos ir al origen de la coyuntura para comprobar que no estamos ante un único contratiempo, sino ante una serie de problemas relacionados entre sí.

Del éxito al desgaste

En junio de 2024 el Real Madrid culminaba una triunfante temporada en la que ganaba la Supercopa de España, la Liga española y la Champions League.

El éxito de aquella campaña quizá hace olvidar a los aficionados la plaga de lesiones sufrida por el equipo, especialmente graves —rotura de ligamento cruzado— en el caso de tres jugadores fundamentales como Courtois, Militao y Alaba… una situación que llevó a la plantilla a tener que resistir durante gran parte de la temporada con hasta ocho bajas simultáneas de sus mejores jugadores por motivos físicos; semana a semana el equipo se iba sobreponiendo y ganando partidos hasta coronarse con su decimoquinta Champions en Wembley.

Al dramatismo del estrés físico con la que aquellos jugadores terminaron la temporada se unió la celebración en el verano de 2024 de importantes competiciones de selecciones nacionales de fútbol, donde participaron muchos de los integrantes del equipo blanco, como la Eurocopa de Fútbol en Alemania, la Copa América en EE.UU. o los Juegos Olímpicos de París… entre otras competiciones y campeonatos de menor relevancia.

Sin apenas descanso, a mediados de agosto empezó la temporada de fútbol 2024-25, una temporada que el Real Madrid afrontaría sin Toni Kroos —retirado—, sin su capitán Nacho Fernández y sin Joselu, piezas clave en la temporada anterior que habían decidido irse a rematar su carrera en el extranjero.

El técnico Carlo Ancelotti ya anticipaba en las primeras semanas de la competición que la campaña se haría larga, al estar prevista la nueva competición FIFA del Mundial de Clubes en junio y julio de 2025… aunque seguro que no imaginaba que la plaga de lesiones en el equipo sería incluso peor que en la temporada precedente, con más de 50 partes médicos y bajas que golpearon de nuevo al equipo blanco.

Ese año la suerte y el juego no acompañaron al Real Madrid por lo que, a pesar de ganar la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental, las críticas al equipo no tardaron en llegar y Carlo Ancelotti dejó su puesto a Xabi Alonso antes incluso del Mundial FIFA de Clubes en junio de 2025.

Sin apenas tiempo para descanso y preparación, la temporada 2025-26 empezó en agosto del pasado año y —a pesar de contar con algún refuerzo— continuó la plaga de lesiones, una situación que en los últimos años se cronifica y que es inaceptable para cualquier equipo de cualquier deporte profesional.

Xabi Alonso no consiguió el juego que perseguía, físicamente el equipo no alcanzó el nivel esperado, seguramente que los jugadores no colaboraron como se espera de profesionales de alto nivel y el rendimiento general del equipo continuó su declive, hubo comportamientos inaceptables… y la situación hizo que el técnico vasco dejara su puesto a Álvaro Arbeloa, quien tampoco ha sido capaz de enderezar el rumbo.

Cuando los egos discuten el reparto

Asumiendo que, para gran parte de la prensa, haga lo que haga el Real Madrid la entidad siempre lo hará mal, es evidente que el club ha pasado de una exitosa temporada 2023-24 en la que —contra todo pronóstico— superó todas las adversidades haciendo bueno el refrán de “contigo, pan y cebolla”, a una situación actual en la que el equipo no rinde, las diferencias dentro del grupo humano han aflorado y los egos han pasado ya de la berrea al choque de cuernos para discutir quién se come el pan y quién se traga la cebolla.

La plantilla lleva demasiado tiempo sin estar bien físicamente, la plaga de lesiones y la saturación de partidos han hecho que los jugadores no hayan entrenado ni descansado adecuadamente, el juego se ha visto afectado y aquel buen fútbol que desplegaron en algún partido de hace un par de temporadas se ha dejado ver cada vez menos y con cuentagotas, los resultados son malos, el buen ambiente se va perdiendo… y desde fuera parece que falta un líder sólido que ponga orden, que catalice los ánimos y que oriente el rumbo en momentos de zozobra, una ausencia que ha debilitado la unión del equipo.

El escritor estadounidense G. Michael Hopf introdujo en su novela Those Who Remain una cita que merece una reflexión, tanto para el ámbito deportivo y la situación del Real Madrid como para el tiempo que nos ha tocado vivir: “Tiempos difíciles crean hombres fuertes. Los hombres fuertes crean tiempos fáciles. Los tiempos fáciles crean hombres débiles. Y los hombres débiles crean tiempos difíciles”.

¿Tiene solución?

El Real Madrid ha acreditado a lo largo de su historia que es capaz de superar crisis de toda índole y esta vez se supone que no será una excepción.

Centrándose en factores internos, los datos expuestos sobre los últimos años, con tres entrenadores distintos, nos han demostrado que hay un problema serio y preocupante con las lesiones y que el club debería atajar no sé si desde los servicios médicos, desde la preparación física, desde la nutrición, desde la ingeniería de los campos de juego… o desde un equipo multidisciplinar que los coordine a todos.

Paralelamente, es fundamental extirpar la cizaña, el topo, el personal que filtra las interioridades del equipo y de la empresa a la prensa… y aquí deberíamos volver a preguntarnos por qué gran parte de la prensa en España está expectante —y en muchos casos anhelante— por los problemas de cualquier índole que afecten al Real Madrid.

Después de las actuaciones sanitarias, encaminadas a proteger, mejorar y fomentar la salud tanto individual como grupal, no es difícil prever que llegarán las decisiones técnicas para sacar del club a los jugadores que no hayan dado el nivel o estén dispuestos a sacrificarse por la empresa y reforzar las áreas que lo precisen a todos los niveles —tanto jugadores como cuerpo técnico—.

Debemos tener en cuenta que, por muchos nuevos jugadores o técnicos que se incorporen, si no se ataja el problema sanitario que señalábamos en el párrafo anterior, el equipo seguirá trabajando con un importante lastre.

Juego limpio, entorno y responsabilidad

Tras las intervenciones en los negociados que dependen propiamente de la empresa, para valorar objetivamente la situación debe tenerse en cuenta también que el equipo compite a nivel nacional en un entorno con indicios de “corrupción sistémica”, como consideró el juez Aguirre en su auto durante el transcurso de la instrucción del caso Negreira, un hecho incontrovertible que la inmensa mayoría de medios de comunicación se resiste no sólo a tener en cuenta, sino también a denunciar.

Con respecto a esta circunstancia, recordemos que el juego limpio —fair play— es un bien jurídico, un equipo no comete delito por jugar bien, mal o regular… pero intentar interferir o influir en una competición es ilícito, y en ese sentido el club merengue trabaja en la fase de instrucción de la causa abierta en la justicia ordinaria, anuncia que pondrá la información oficialmente en manos de UEFA.

Además, algunos aficionados ya exploran la denuncia vía derecho privado —línea ética y cumplimiento normativo— de estos organismos supranacionales para poner fin a un sistema que ha demostrado una más que cuestionable integridad.

La vida, el equipo y la cizaña

No cabe duda de que el deporte es un reflejo de la vida: cada día, cada proyecto, cada partido o cada temporada son retos a los que nos enfrentamos en las condiciones que tenemos… si falta la salud en algún miembro el equipo se resiente, si no hay descanso las repercusiones aparecerán en el rendimiento y en el riesgo de lesiones; desde la sensatez y la reflexión debemos evaluar nuestras debilidades y explorar las necesidades técnicas que las cubran… pero —sobre todo— en las malas rachas debemos atajar y extirpar la cizaña de nuestras organizaciones, de nuestras familias y de nuestras vidas: la cizaña se personifica en quien no suma, es aquello que hace aflorar los egos y que nos hará olvidar el “contigo pan y cebolla” para incitarnos a no poner nuestro esfuerzo al servicio del equipo o de la comunidad, sino a disposición de dañinas controversias sobre a quién le toca el pan y a quién la cebolla.

Los entornos tóxicos externos y las corrupciones sistémicas no dependen de nosotros, habrá que convivir con ellas esperando encontrar en algún momento una manera de denunciarlas y ponerlas de relieve ante instancias facultadas para su castigo y exterminio… y a partir de ahí —no lo olvidemos— entra en juego la suerte, un factor decisivo que siempre interviene, que no depende de nosotros pero que podemos intentar buscar desde el trabajo y el tesón.

“Sobre el cadáver del león festejan los perros, pero el león sigue siendo león y los perros siguen siendo perros”.


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