Asturias Liberal > España > Lobistas y comisionistas: la arquitectura criminal de Zapatero que investiga el juez

Salvedad legal: este artículo parte de una investigación judicial en curso. José Luis Rodríguez Zapatero y el resto de investigados conservan íntegra su presunción de inocencia.

La investigación sobre Plus Ultra no nace de Manos Limpias ni de Hazte Oír. Esa es una primera precisión importante, porque el ruido político de los medios sumisos a Moncloa suele llegar antes que la anatomía real de los casos, pero se desmonta fácilmente.

La línea que ha acabado en la Audiencia Nacional procede de la Fiscalía Anticorrupción y tiene un origen internacional:

Francia y Suiza pidieron cooperación a España en una investigación sobre una red de blanqueo vinculada a fondos procedentes de Venezuela.

Según publicó El País sobre los enigmas de Plus Ultra, Anticorrupción recibió solicitudes del Parquet National Financier francés y de la Fiscalía de Ginebra para avanzar sobre una organización que habría utilizado España como parte de un circuito financiero de ocultación y lavado.

A partir de ahí, la causa dejó de ser solo el viejo debate sobre si Plus Ultra merecía o no un rescate público de 53 millones de euros.

El asunto cambió de naturaleza. Ya no se trataba únicamente de una aerolínea pequeña, de dudoso carácter estratégico, favorecida por el Gobierno durante la pandemia.

El foco pasó a ser otro: si parte de ese dinero público sirvió para devolver préstamos, alimentar sociedades vinculadas a una red internacional y facilitar una estructura de tráfico de influencias, facturación simulada y canalización económica.

La investigación de Anticorrupción apuntaba al uso indebido del rescate y a una posible organización asentada en Francia, Suiza y España, como detalló Vozpópuli al informar sobre la cooperación solicitada por Francia y Suiza a Anticorrupción.

Ese punto de partida importa porque desmonta una lectura cómoda: no estamos ante una denuncia puramente política que un juez convierte en escándalo.

Estamos ante una investigación económica internacional que llega a España, pasa por Fiscalía Anticorrupción, entra en la UDEF y acaba en la Audiencia Nacional cuando la dimensión del caso supera el viejo marco administrativo del rescate.


Auto-juez-Calama-Zapatero auto del juez José Luis Calama de 18 de mayo de 2026.


El auto de Calama añade otro dato de especial relevancia:

la agencia estadounidense Homeland Security Investigations, HSI, puso a disposición de la Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción la extracción telefónica de un dispositivo móvil perteneciente a Rodolfo Reyes Rojas. Es decir, Estados Unidos no aparece solo como contexto financiero exterior. Aparece también como fuente de material digital incorporado a la investigación.

A partir de ahí, el auto permite leer el caso con una clave distinta.

No como una simple sucesión de nombres, sino como una división funcional del trabajo.

Por un lado, la trama de los lobistas. Por otro, la trama de los comisionistas.

Los primeros habrían aportado acceso. Los segundos habrían convertido ese acceso en dinero.

La trama de los lobistas

La línea lobista es la línea del poder. Su función no consiste en emitir facturas, mover sociedades o preparar contratos. Su función consiste en abrir puertas.

El auto reconstruye, desde marzo de 2020, una secuencia en la que directivos y personas vinculadas a Plus Ultra buscan acceso político para llegar a las ayudas públicas. Aparece Rodolfo Reyes Rojas, que pregunta por vías de influencia. Aparece Miguel Palomero, que plantea tocar a José Luis Ábalos.

Aparece Ramón Gordils, que ofrece buscar cómo llegar a José Luis Rodríguez Zapatero. Aparece Julio Martínez Sola, vicepresidente de Plus Ultra. Aparece Roberto Roselli Miele, director financiero de la aerolínea. Aparece también Manuel Fajardo, descrito en las conversaciones como pieza de Zapatero en Venezuela.

La frase inicial ya contiene todo el método: “necesitamos llegar a las ayudas”. No es el lenguaje de una compañía que solo prepara un expediente técnico. Es el lenguaje de quien busca una puerta política.

Primero se tantea la vía Ábalos. Después se activa la vía Zapatero. Y en paralelo aparece la necesidad de mover el expediente ante bancos, ministerios, SEPI y Seguridad Social.

El auto sitúa a Zapatero en el vértice de una estructura organizada y estable, con liderazgo estratégico, contactos institucionales y empresariales de alto nivel, y una oficina en Ferraz que habría funcionado como centro de coordinación.

A su alrededor, según el juez, operarían colaboradores de confianza: Julio Martínez Martínez, encargado de captar clientes y gestionar encargos; María Gertrudis Alcázar Jiménez, vinculada a la elaboración y cobertura formal de documentación; y Cristóbal Cano Quiles, gestor del entramado societario y de la facturación ad hoc.

Esta es la parte que podemos llamar trama lobista: el circuito de acceso. El poder no aparece como institución transparente, sino como red de intermediarios, viejos contactos, teléfonos, comidas, mensajes y recomendaciones. El objetivo no es solo presentar papeles; es conseguir que el expediente avance donde debe avanzar.

Ahí aparecen nombres institucionales relevantes. José Luis Ábalos, entonces ministro de Transportes. Koldo García Izaguirre, su hombre de confianza. Pedro Saura, secretario de Estado. José Luis Escrivá, entonces ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. La SEPI, como organismo gestor del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Y, en la dimensión exterior, el INAC de Venezuela.

El auto incluye conversaciones en las que se habla de “tocar puertas”, de llegar a Ábalos, de hacer un “approach” a la mano derecha del ministro, de que “nuestro pana Zapatero” estaría detrás, de llamar al “amigo del Zapa”, de que el equipo de Zapatero debía mover el expediente en la SEPI y de que, si alguien quería “comer”, tenía que mover el expediente dentro de la SEPI. Eso ya no suena a simple asesoría administrativa.

Eso es lobby en su versión más cruda: acceso, presión, recomendación, desbloqueo. No necesariamente lobby registrado, regulado y transparente, sino lobby de pasillo, de teléfono y de influencia personal.

La pregunta central de esta línea es sencilla: ¿quién podía abrir las puertas?

La respuesta que dibuja el auto es clara: la red buscaba a quienes tenían capacidad de llegada a ministerios, SEPI, bancos, Seguridad Social y autoridades extranjeras. En ese mapa, Zapatero aparece como la pieza de mayor valor. No por firmar el expediente, sino por lo contrario: por no necesitar firmarlo para influir.

La trama de los comisionistas

La segunda línea es distinta. Ya no habla de acceso. Habla de monetización.

Si los lobistas abren puertas, los comisionistas pasan facturas.

Aquí entran las sociedades, contratos, informes, pagos, ampliaciones de capital, facturación genérica, sociedades instrumentales y redistribución de fondos. El auto no describe una sola consultora ni una única comisión. Describe una arquitectura.

Los nombres principales son: Análisis Relevante S.L., Whathefav S.L., Sofgestor S.L., Inteligencia Prospectiva S.L., Calefón Consultores S.L., Voli Analítica S.L., Iot Domotic Europe S.L., Idella Consulenza Strategica S.L., Afitta S.L., Gate Center y el grupo Thinking Heads, vinculado a Daniel Romero-Abreu Kaup.

Cada sociedad cumple una función. El auto no las trata como empresas ordinarias con actividad autónoma, sino como piezas con roles diferenciados dentro de una misma operativa.

Análisis Relevante, controlada formalmente por Julio Martínez Martínez, aparece como sociedad instrumental destinada a recibir fondos de Plus Ultra, Sofgestor, Grupo Aldesa e Inteligencia Prospectiva, y redistribuirlos hacia Zapatero y Whathefav.

Según el auto, su actividad no responde a una lógica empresarial autónoma, sino a un patrón de recepción y redistribución de recursos, coincidente con gestiones dirigidas a influir en la concesión de ayudas públicas.

Whathefav S.L., administrada formalmente por las hijas de Zapatero, Laura Rodríguez Espinosa y Alba Rodríguez Espinosa, aparece como sociedad finalista. Recibe fondos de clientes y de otras sociedades instrumentales, emite facturación genérica y redistribuye pagos hacia el entorno de Zapatero, siempre según la hipótesis descrita en el auto.

Sofgestor S.L., controlada por Carlos Alberto Parra Delgado, figura como vehículo de canalización de fondos mediante contratos de asesoría internacional que el juez califica como intercambiables y carentes de contenido real.

Inteligencia Prospectiva S.L., administrada por los hermanos Domingo Arnaldo Amaro Chacón y Guillermo Alfredo Amaro Chacón, aparece como punto de entrada de fondos extranjeros presentados como ampliaciones de capital y redistribuidos después hacia Análisis Relevante, Whathefav y Gate Center.

Calefón Consultores S.L., controlada de facto por Santiago Fernández Lena, se describe como sociedad instrumental utilizada para canalizar fondos de Plus Ultra hacia sociedades del entorno de Julio Martínez mediante facturación simulada y contratos ad hoc.

Voli Analítica e Iot Domotic Europe aparecen como piezas de recepción y circulación de fondos, con debilidad contractual, falta de medios personales o escasa correspondencia entre facturación, cobros y actividad económica real.

Idella Consulenza Strategica S.L., representada por Julio Martínez Martínez, tiene un papel especialmente significativo: el auto la sitúa como eje para articular operaciones destinadas a desplazar al extranjero fondos derivados de un contrato con Plus Ultra que podía generar un ingreso de 530.000 euros. Desde ahí se conecta con sociedades creadas en Dubái, zona franca y cuentas en el extranjero.

El patrón es siempre parecido: contrato, factura, informe, sociedad, transferencia, redistribución. Todo con apariencia mercantil. Todo revestido de asesoramiento. Todo con palabras serias: análisis, prospectiva, estrategia, inteligencia, consultoría. El viejo truco del poder moderno: cuando algo huele demasiado a comisión, se le pone corbata semántica y se le llama “asesoramiento estratégico”.

Monetización y receptores

La parte decisiva del auto está en la monetización.

●Porque una red de influencia sin cobro es poder informal.

●Una red de cobro sin influencia es intermediación económica.

●Pero cuando ambas cosas se sueldan, aparece la zona penalmente peligrosa: influencia pública convertida en rendimiento privado.

Los gráficos incorporados al auto ayudan mucho a entenderlo. No muestran la política del rescate. Muestran la fontanería económica. Plus Ultra y otras sociedades aparecen como fuentes de entrada; Análisis Relevante, Calefón, Summer Wind, Voli Analítica, Iot Domotic, Gate Center y Whathefav aparecen como depósitos, canales o receptores; y al final del circuito aparecen José Luis Rodríguez Zapatero y Whathefav.

El auto atribuye a Análisis Relevante pagos a Zapatero por 490.780 euros y a Whathefav por 239.755 euros. También recoge que Gate Center abonó a Zapatero 352.980 euros y a Whathefav 171.727 euros. Además, el grupo Thinking Heads habría abonado a Zapatero 681.318,04 euros y a Whathefav 12.297 euros. En conjunto, el auto habla de una concentración muy significativa de pagos hacia un núcleo reducido de destinatarios.

El resultado económico es contundente: 1.525.078 euros para José Luis Rodríguez Zapatero y 423.779 euros para Whathefav, según la reconstrucción publicada y la documentación del auto. En total, alrededor de 1,95 millones de euros hacia el entorno Zapatero.

El dinero no llega por una sola vía. Llega por varias. Ese detalle es fundamental. Si hubiera una única factura de consultoría, la explicación podría ser más sencilla. Pero aquí aparecen varias sociedades, varios años, varios canales y varios conceptos. La complejidad se convierte en dato.

Esa es la razón por la que la lectura “lobistas y comisionistas” resulta tan útil. Permite separar dos planos que suelen confundirse: quién movía la influencia y cómo se cobraba esa influencia.

El plano lobista responde a esta pregunta: ¿quién movía la influencia?

El plano comisionista responde a esta otra: ¿cómo se cobraba y redistribuía esa influencia?

El primer plano mira a Zapatero, Ábalos, Koldo, Saura, Escrivá, SEPI, Seguridad Social, Venezuela e INAC. El segundo mira a Julio Martínez Martínez, María Gertrudis Alcázar, Cristóbal Cano, Análisis Relevante, Whathefav, Sofgestor, Inteligencia Prospectiva, Calefón, Voli Analítica, Iot Domotic, Idella, Gate Center y Thinking Heads.

Unos abrían puertas. Otros fabricaban la factura.

Y esa es la clave editorial del caso.

La pregunta ya no es si Plus Ultra era estratégica

Plus Ultra puede no ser solo una aerolínea rescatada. Puede ser la operación visible que permite asomarse a una infraestructura más amplia: una maquinaria en la que los contactos políticos se convierten en expectativas de resolución administrativa y esas expectativas se traducen después en contratos, facturas, informes y pagos.

La investigación dirá hasta dónde llega cada responsabilidad. Pero el auto ya permite afirmar algo: la complejidad societaria descrita es demasiado densa para explicarla como una simple operación de rescate empresarial.

●Demasiadas sociedades.

●Demasiados intermediarios.

●Demasiados pagos cruzados.

●Demasiadas conexiones internacionales.

  • Demasiado diseño para tan poca aviación.

Al final, el caso ya no se pregunta solo si Plus Ultra era estratégica para España. La pregunta incómoda es otra: estratégica para quién.

Y si la respuesta judicial confirma la arquitectura que hoy describe el auto, el caso no hablará solo de una aerolínea ni de un expresidente. Hablará de una forma de poder: el poder que no firma resoluciones, pero las rodea; el poder que no aparece en el BOE, pero aparece en las agendas; el poder que no siempre cobra directamente, pero deja tras de sí sociedades, facturas y beneficiarios.

El lobista vendía la llave.

El comisionista fabricaba la cerradura.

Y el dinero, como siempre, iba encontrando la puerta.


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