Durante el último año, las publicaciones de Asturias Liberal han intentado trasladar a sus lectores la situación económica e industrial de Asturias: una región históricamente ligada al acero, la minería y la energía que atraviesa un proceso de debilitamiento estructural mientras las administraciones públicas responden con lentitud, resignación o trampantojos en forma de discursos de transición ecológica.
A través de artículos centrados en ArcelorMittal, HUNOSA, Duro Felguera, Santa Bárbara, INDRA, etc., o el cierre progresivo de instalaciones energéticas e industriales, nuestro medio ha trazado una tesis clara: Asturias no está viviendo únicamente una reconversión económica, sino una pérdida sostenida de capacidad productiva y, lo que es más grave, un cambio social que se intuye orquestado desde las instituciones.
ArcelorMittal y el entorno hostil para la industria
En el caso de ArcelorMittal y su peso en la economía asturiana, hace tan solo unos meses Asturias Liberal advertía de que el traslado de hasta 450 empleos cualificados desde Asturias hacia India no debía interpretarse como una mera decisión empresarial aislada, sino como el resultado lógico de un entorno hostil para la industria pesada en Europa y España.
Los altos costes energéticos, la acumulación normativa y la falta de una política industrial clara han convertido a regiones industriales como Asturias en territorios cada vez menos competitivos frente a otros mercados internacionales.
Una región estratégica convertida en territorio administrado
Como ocurre en otras regiones europeas donde los ineficaces burócratas han metido la pezuña, Asturias ha dejado de ser tratada como una región estratégica para convertirse en un territorio subvencionado y administrado desde la dictadura de la Agenda 2030, una tragedia que conduce hacia el declive de la cultura europea y que sólo responde a funestos intereses tal vez inconfesables.
La siderurgia, que durante décadas fue uno de los motores económicos del norte de España, aparece ahora sometida a un escenario de incertidumbre constante como hemos señalado en reiteradas ocasiones: la manifiesta ausencia de inversiones, el cierre parcial o la reducción de actividad en plantas de Gijón y Avilés no son simples ajustes coyunturales, sino síntomas de un problema mucho más profundo como es la ausencia de una estrategia nacional para proteger la industria electrointensiva.
Mientras otros países europeos desarrollan políticas agresivas de protección industrial y abaratan costes energéticos para sus sectores estratégicos, en Asturias la industria soporta una carga regulatoria y fiscal creciente sin recibir compensaciones suficientes.
Costes eléctricos, burocracia y rechazo social
Es curioso que Asturias, quizá porque esta época democrática no ha parado de proveer enchufes, soporte ahora costes eléctricos superiores a los de otras zonas industriales españolas, unos lastres que frenan la competitividad de nuestras empresas.
A la vez que se aplauden los cierres de centrales térmicas, sin pudor ni sensatez crecen las manifestaciones populares en contra de la minería, la industria, los recursos energéticos o el desarrollo logístico —el populacho vil reclama lo que considera “sus derechos” y protesta contra la actividad industrial en general que le prive de su locus amoenus—, y el burocratismo adoba con la lentitud de sus bueyes el desarrollo de nuevas infraestructuras energéticas o inversiones que se van aparcando en la calle del olvido.
HUNOSA y el pozo sin fondo
HUNOSA ha pasado de ser una empresa de pozos a ser un pozo sin fondo, donde la caída de su actividad en los últimos años ha enterrado la actividad económica y un eje identitario en el mismo centro de Asturias, un dinamismo cuyo origen se remonta al siglo XVIII y a cuya defunción hemos asistido sin una mísera protesta, para qué pensar en movilizaciones masivas o huelgas generales.
Cada cierre industrial no implica únicamente pérdida de empleo directo, sino también erosión demográfica, debilitamiento del comercio local y fuga de talento joven.
El cuento de la lechera verde
No se dejen engañar: el discurso oficial sobre innovación, turismo o economía verde es sólo un relato mantenido —cómo no— con la inestimable colaboración de asociaciones empresariales y medios de comunicación; es el cuento de una lechera a la que poco a poco le van quitando las vacas que la sostienen.
Las nuevas actividades emergentes no pueden sustituir realmente el volumen de empleo, los salarios y la capacidad tractora que históricamente generó la industria pesada, y nuestra Asturias corre el riesgo de convertirse en una economía envejecida, dependiente de subsidios y con escasa capacidad de generar empleo cualificado si continúa debilitándose su base industrial.
Banderas, gestas y políticas suicidas
Mientras nuestras empresas cierran y la actividad se marchita, nuestros gobernantes y sus trompeteros nos entretienen con historias de banderas o levantamientos decimonónicos contra el invasor francés, por cierto, hazañas menores en comparación con la Batalla de Covadonga.
Antes de sacar tanto pecho, estos mismos gobernantes deberían tomar nota, demostrar el valor que nuestros antepasados tuvieron y oponerse de verdad a las políticas suicidas y normativas asfixiantes impuestas desde Madrid o desde Europa que hoy nos invaden y que de facto están hundiendo a nuestra histórica región.
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Los políticos no son complicados. Solo tienes que averiguar lo que están buscando.
