Y como toda pregunta incómoda acaba encontrando respuesta —aunque a veces no guste—, este nuevo recopilatorio nace como continuación natural de aquel texto publicado hace unas semanas bajo el título ¿TALLER-ON o TALLER-OFF?, que algunos leyeron como una exageración de abuelo Cebolleta y otros, curiosamente, como…
Porque en La Calzada tenemos una costumbre adquirida a base de golpes industriales: primero vemos moverse las piezas, después escuchamos los discursos y, finalmente, nos enteramos del plan verdadero cuando ya está firmado.
Desde entonces, las preguntas no han parado.
En el mercado, en la cola del pan, en la parada del autobús, en el paseo del Arbeyal o tomando un café donde siempre:
“¿Tú que trabajaste allí… cómo ves esto?”
“¿De verdad van a fabricar tecnología militar?”
“¿Eso dará trabajo o es otra operación de escaparate?”
“¿Qué pinta Gijón en todo este movimiento?”
“¿Y Duro Felguera qué queda siendo?”
Algunas preguntas tienen respuesta.
Otras solo tienen indicios.
Y unas cuantas, directamente, huelen demasiado parecido a capítulos ya vividos en este barrio como para no levantar una ceja.
Porque aquí ya vimos demasiadas veces cómo se utilizaban palabras enormes —reindustrialización, modernización, competitividad, futuro— para acabar dejando solares vacíos, prejubilaciones y promesas archivadas en carpetas ministeriales.
Por eso este texto no pretende sentar cátedra.
Pretende algo más sencillo y quizá más útil: poner en orden dudas razonables desde la mirada de quien observa el terreno, lee la prensa, escucha comentarios en el bar, recuerda la historia y aún distingue cuándo una chimenea echa humo de trabajo… y cuándo solo echa propaganda.
Y dicho esto, que cada cual saque sus conclusiones.
Yo solo pongo las preguntas encima de la mesa.
Que ya es bastante.
Vamos al grano, pues siempre termino yéndome por los Cerros de Úbeda.
El relato industrial asturiano
Asturias, seguramente, sea la comunidad autónoma donde los blindados llegan antes a los titulares que a las cadenas de montaje pues, qué duda cabe, hay algo profundamente asturiano en nuestra manera de industrializar.
No tanto fabricar, producir o liderar, sino comentar. Relatar. Narrar. Opinar. Convertir cualquier proyecto en una especie de serie por capítulos donde cada semana aparece una versión nueva de la misma historia.
Y quizá por eso todo este asunto del Tallerón, INDRA, Barros, los blindados y la “gran revolución industrial de la defensa” parece menos una operación industrial y más una sobremesa eterna de chigre patrocinada para ver quién publica el titular más esperanzador.
Porque uno ya no sabe si está leyendo información económica, ciencia ficción optimista o directamente el parte meteorológico de la fe industrial.
Un día resulta que la producción empieza “antes de fin de año”.
Días después se transforma en “a finales del año siguiente”.
A la semana siguiente alguien asegura que “antes del verano estarán a pleno rendimiento”.
La penúltima fue de mediados de mayo, donde se indicaba que estaría a plena producción antes del verano.
Pronto.
Tarde.
Ahora sí.
Todavía no.
Inminente.
Estratégico.
Los plazos en Asturias tienen una elasticidad maravillosa.
Se estiran y encogen como un chicle administrativo.
Y cuanto más tiempo pasa sin que ocurra algo, más épico se vuelve el anuncio de que ahora sí que sí.
Es casi una ley física regional, pues aquí el espacio-tiempo industrial funciona distinto.
Un año en la prensa de la comunidad equivale aproximadamente a tres inauguraciones, cinco recreaciones digitales y doce declaraciones institucionales hablando de “oportunidad histórica”.
Mientras tanto, en la realidad material de las cosas, dentro del famoso Tallerón había —y hay, según se cuenta— un blindado desde diciembre.
Uno.
Pero simultáneamente también se decía —y dice— que las instalaciones “habían —y han— quedado pequeñas”.
Y ahí ya, metidos en harina, permítanme entrar en un terreno filosófico fascinante.
De Primero de Parvulitos o, para los que peinamos canas hace mucho tiempo, de primeras lecciones de Barrio Sésamo.
¿Qué es pequeño y qué es grande?
Porque el Tallerón tiene unos 40.000 metros cuadrados, dicho por la prensa.
Pero como en Asturias discutir cifras exactas nunca ha sido tan divertido como discutir sensaciones, uno puede empezar a jugar alegremente con las matemáticas del comentario de barra.
Vamos a imaginar que solo se usa la mitad.
Porque sí.
Porque apetece.
Ahora quitemos todavía más espacio porque habrá pasillos, zonas técnicas, columnas, máquinas, cafeteras, burocracia o lo que uno quiera imaginar.
Al final salen más de trece mil metros útiles.
Y si un blindado ocupa aproximadamente doce por tres metros —curándose en salud y dejando margen para maniobras, puertas y demás historias— resulta que allí podrían entrar centenares.
Cientos.
No uno.
Así que aparece inevitablemente la gran pregunta asturiana:
¿Cómo puede quedarse pequeño algo donde prácticamente todavía no hay nada, solo un blindado donde caben cientos?
Y aquí es donde empieza otra de nuestras especialidades regionales: la economía emocional.
Porque entonces aparece Barros para aumentar la capacidad de producción.
¿Qué es barato y qué es caro?
Y resulta que quince millones que pide el Grupo Duro Felguera son una barbaridad intolerable.
No entro a discernir si es barato o caro, pues no tengo conocimientos para ello.
Pero cinco sí parecerían razonables.
Tampoco voy a opinar sobre este asunto.
Y mientras tanto surgen declaraciones públicas insinuando casi que vender un terreno industrial a precio industrial es poco menos que especulación financiera salvaje.
Todo muy nuestro.
Porque luego uno compara números y entra en otra dimensión del surrealismo.
El Tallerón:
Compra de las naves.
Formación.
150 sueldos hasta que empiece a funcionar.
Y además alquiler de por vida, pues solo se ha comprado el contenido, ya que el continente —terrenos— es de otros.
Precio de lo anterior, sin el alquiler: más de 20.000.000 €.
Y eso partiendo de la base de que toda la plantilla de El Tallerón podría funcionar.
En caso contrario, habría que sumar indemnizaciones, etc.
Barros:
Más grande.
Mejor conectado.
Pegado a autopista y ferrocarril.
Fuera del medio urbano.
Con capacidad industrial real.
Compra pura.
Para siempre.
Precio de lo anterior: 15.000.000 €, por lo que se ofrecen 5.000.000 €.
Visto lo anterior, parece que pagar por una instalación industrial fuese una agresión a los derechos humanos mientras gastarse muchísimo más en otras partidas se presenta como visión estratégica de futuro.
El metro cuadrado en Asturias tiene una propiedad extraordinaria:
si lo vende otro es carísimo;
si lo compramos nosotros es inversión de país.
Hay que reconocer que, si hacemos el estudio sofisticado de lo que se quiere pagar por Barros, resulta: 5.000.000 € / 80.000 m² = 62,5 €/m².
Que es menos que lo que cuesta una parcela sin urbanizar en cualquier lugar de Asturias.
Y en medio de todo esto aparece otro detalle bastante revelador.
Plazo: pronto y tarde
La compra de El Tallerón por INDRA se efectuó en junio del año pasado.
Va a hacer un año.
Desde aquella se iba a empezar a montar blindados antes de final de año.
Antes de acabar el año llegó un único blindado, ya montado de origen.
Luego, antes del verano estaría a pleno rendimiento.
Quedan poco más de 15 días para que empiece éste y sigue un único blindado en las instalaciones.
Y solo una nave remodelada.
En total son seis.
El resto de naves están llenas de maquinaria y, obviamente, sin remodelar.
Maquinaria
Hay cientos de máquinas de esas capaces de fabricar grandes botijos hasta de 320 mm de espesor, un A4 tiene 297 mm en su parte larga.
Docenas de millones de euros almacenados esperando que alguien se los lleve.
Tras peticiones de oferta para la compra de la misma —eso sí, siempre por lotes y no de forma individual, donde se habría sacado mucho más dinero—, se adjudica a una empresa extranjera y que la tiene publicitada en varios portales de subastas en internet.
Dos hechos relevantes:
1. El precio de salida de alguna de las máquinas es el 0,4% del precio de venta nueva en el mercado.
Me imagino que alguien puje algo más…
2. El plazo manejado, simplemente para el fin de la subasta —máquina a máquina—, es del 11 de junio.
Incumple con creces la premisa innegociable de que la maquinaria debería estar fuera en mayo.
Sobre liderazgo
Los grandes nombres que dirigen, lideran y toman decisiones importantes en INDRA nunca son asturianos.
Cataluña está reinventando parte de su industria tecnológica e industrial.
País Vasco está posicionándose desde hace años en fabricación avanzada y defensa.
Madrid centralizando decisiones estratégicas.
¿Y Asturias?
Asturias poniendo naves, suelo, fotos institucionales y entusiasmo de rueda de prensa.
Como si nuestra función histórica fuese convertirnos en escenario industrial de proyectos diseñados fuera.
Y eso quizá sea lo más incómodo de admitir.
Porque Asturias sí tiene capacidad industrial real.
Muchísima más de la que a veces parece creer ella misma.
Tiene empresas metalúrgicas potentes, ingeniería, tradición mecánica, puertos, soldadores, talleres, maquinaria y conocimiento acumulado durante décadas.
Podría jugar un papel enorme.
Pero para eso habría que tratar la industria como algo más que propaganda emocional de periódico regional.
Haría falta liderazgo industrial auténtico.
Menos obsesión por el titular semanal.
Menos necesidad de vender constantemente “el comienzo del comienzo”.
Menos argumentario.
Menos épica preventiva.
Porque ahora mismo Asturias parece campeona nacional de defensa… pero argumentística.
Aquí se fabrica sobre todo relato.
Blindados narrativos y acorazados de expectativas.
Cadenas de montaje de titulares donde cada noticia contradice elegantemente a la anterior sin que pase absolutamente nada.
Y aun así, lo más curioso es que la idea de fondo es muy buena.
Europa se está rearmando.
La defensa mueve miles de millones.
España necesitará capacidad industrial.
Y Asturias podría perfectamente ocupar un espacio relevante.
Pero una industria estratégica no se construye únicamente con promesas encadenadas ni con periódicos funcionando como hojas parroquiales del optimismo permanente.
Se construye produciendo.
Fabricando.
Tomando decisiones.
Creando ecosistemas industriales de verdad.
No viviendo eternamente en el “ya casi”.
Porque Asturias lleva décadas siendo experta en inaugurar futuros.
Quizá va tocando inaugurar realidades.
Y tal vez el resumen más exacto de todo este asunto sea precisamente ese:
Aquí todavía confundimos muy a menudo movimiento con avance.
Mucho ruido.
Mucho titular.
Mucho “ahora sí”.
Pero la verdadera prueba nunca estará en las declaraciones institucionales.
Estará en cuántos blindados salen realmente por la puerta.
Porque al final una industria no se mide por la cantidad de noticias que genera.
Se mide por la cantidad de cosas que fabrica.
Y Asturias, de momento, sigue siendo potencia mundial en una disciplina muy concreta:
la producción industrial de expectativas.
Preguntas de Barrio Sésamo
Y quizá, después de tantos titulares, tantos anuncios y tanta épica industrial preventiva, todo podría resumirse en una serie de preguntas bastante simples.
Preguntas de Primero de Columpios que muchas veces tienen más capacidad de aterrizar la realidad que veinte notas de prensa institucionales.
Porque uno ya no sabe si esto es un proyecto industrial o una competición regional de estrategia.
Así que quedan algunas reflexiones finales:
1. Si con un blindado el Tallerón ya se considera lleno o pequeño…
¿qué ocurriría si algún día hubiese veinte o cien?
¿Pasaría automáticamente de “instalación estratégica” a “micropiso industrial”?
¿Habría que buscar otra nave todavía más grande para albergar la siguiente nota de prensa?
Y otra duda arquitectónica interesante:
2. ¿Para qué se necesita tantísima altura en algunas instalaciones?
¿Es que los blindados van a almacenarse en estanterías tipo IKEA?
“Pasillo 7, sección Defensa Pesada, balda superior”.
Porque viendo algunas explicaciones parece que en cualquier momento van a empezar a apilar vehículos 8×8 unos encima de otros como cajas de herramientas.
Y hablando de cosas también importantes:
3. ¿Por qué ahora, indicando que Barros no se pone “a tiro” en precio, se habla de llevar una segunda instalación a Villadangos del Páramo, León?
¿Qué hay alguna instalación por allí de gran capacidad de izado, gran altura y cercana al mar, condición inicial argumentada en su momento para la compra de El Tallerón?
4. ¿No sería razonable intentar que parte de la maquinaria industrial interesante se quedase en Asturias?
O al menos en España.
Si hay empresas interesadas en comprar esa maquinaria, incluidas asturianas, si INDRA quiere vender la maquinaria y si queremos hacer que Asturias sea también campeona nacional, pero también en industria, ¿no sería bueno que se alinearan los astros y alguien, poniendo pie en pared, luchara para que esa maquinaria quedara en la región?
Porque maquinaria hay.
Y mucha, además, con valor estratégico real para metalurgia, estructuras pesadas y fabricación avanzada.
Pero igual aquí también somos especialistas en dejar marchar activos industriales mientras debatimos eternamente sobre el futuro.
Y luego, cuando alguien necesite esa capacidad —viendo además los proyectos aprobados, subvenciones concedidas y promesas industriales en circulación— probablemente acabaremos recomprando maquinaria similar cien veces más cara.
Muy eficiente todo.
Primero dejamos escapar capacidad industrial.
Después organizamos jornadas sobre reindustrialización.
Luego subvencionamos volver a comprar lo que ya teníamos.
Economía circular asturiana.
Otra cuestión curiosa:
5. Si el proyecto es tan inmediato, tan estratégico y tan revolucionario…
¿por qué sigue sin venderse la maquinaria y, por ende, sin remodelarse el resto de naves?
¿Y por qué, aparentemente, solo hay una nave mínimamente habilitada?
Porque entre el relato de potencia nacional defensiva y la realidad material de las instalaciones sigue existiendo una distancia bastante considerable.
A veces parece que la producción más avanzada actualmente es la de expectativas.
Y quizá la pregunta más incómoda de todas:
6. Si realmente queremos convertir Asturias en un referente industrial y de defensa…
¿no tendría sentido que la industria tuviese entidad política propia y peso real dentro del Gobierno autonómico?
Porque resulta curioso aspirar a ser “campeones nacionales de defensa” mientras la política industrial parece muchas veces administrativamente escondida en un segundo plano burocrático.
Luego sorprende que las grandes decisiones estratégicas se tomen fuera.
Y seguramente ahí está una de las claves de todo.
Porque quizá no estaríamos exactamente en este punto si dentro de las grandes estructuras de decisión hubiese alguien mirando Asturias no solo como suelo disponible, sino como territorio industrial estratégico de verdad.
Aunque claro…
Para eso probablemente haría falta que hubiese algún asturiano de CEO, súper CEO, consejero delegado o algo parecido en los grandes centros de poder empresarial.
¡Ah! Que esos ya suelen ser de otras provincias.
Asturias pone las naves.
Las fotos.
Los titulares.
La mano de obra.
Y a veces hasta la ilusión.
Otros ponen el mando.
Pero bueno.
Seguiremos leyendo que “ahora sí”.
Esta es la “refinitiva”.
Y mientras tanto, Asturias continuará siendo campeona nacional de defensa, pero de una especialidad muy concreta:
Argumentística.
La armamentística ya queda para otra ocasión.
P.D. Y, de momento, en las últimas semanas han cerrado varias empresas de más de 100 empleados pero, eso, no debe ser importante ni argumento de defensa industrial en Asturias.
Un poquito de por favor…

Consultor empresarial.
Germánico en organización, perseverante en las metas, pragmático en soluciones y latino en la vida personal.
¿Y por qué no?
