Hoy me gustaría dirigirme específicamente a los votantes del PSOE que se encuentran en la encrucijada de unas nuevas elecciones generales a la vista, esperemos que sean más pronto que tarde, sin saber a ciencia cierta a quién votar, o si votarán.
No me dirijo a los sectarios, a los ultras, a los alienados cerebrales o a los que votan con las vísceras. Ya sé bien que ésos no cambiarán lamentablemente el sentido de su voto ni aunque los ministros vayan por la calle comiendo niños crudos. Hagan lo que hagan, por malo que sea, les parecerá perfectamente justificado y justificable.
Las personas con ese pensamiento esculpido, cristalizado, fosilizado, no cambian de partido. Si usted es de esta especie, sea del partido que sea, no siga leyendo porque lo único que va a lograr es indignarse conmigo. Así le ahorro un sofoco.
Me dirijo a las personas inteligentes, capaces de cambiar de opinión si reciben información nueva.
El PSOE que muchos creyeron votar ya no existe
Si usted confió en el PSOE pensando que votaba a una socialdemocracia europea, moderna, garantista, de izquierda moderada y buena gestora de lo público, siento ser yo quien se lo diga, pero se equivocó. Si creyó que era la escoba de los corruptos, que venía a limpiar y ordenar la cosa pública, nada más lejos de la realidad.
Si el argumento para votarlos fue el económico, a pesar del optimismo suicida de algún portavoz que sólo se fija en los pocos datos buenos, tenemos una deuda disparada que va a lastrar a los futuros gobiernos durante decenios, una Seguridad Social en quiebra que habrá que reflotar con grandes sacrificios, y una destrucción de tejido empresarial del que nos costará muchos años recuperarnos. La falta acuciante de vivienda y la inmigración descontrolada también son problemas en los que no se está actuando con contundencia, sino sólo con actos y gestos simbólicos para apaciguar, pero sin abarcar medidas serias. Tampoco se está defendiendo con contundencia la unidad nacional, atrapados en vínculos perversos de interés con partidos separatistas, a los que se les da cuerda para sostenerse en el poder.
Del socialismo al sanchismo
El PSOE se ha descompuesto bajo la dirigencia del Sr. P. S. Es irreconocible para los viejos afiliados de la época González, y se ha convertido en un ente con más imputados que diputados, donde la más mínima sensibilidad democrática ha desaparecido. Funcionan bajo disciplina estalinista de adoración/sumisión al líder, no creen en la alternancia política, base de la democracia, tratan de conservar el poder a toda costa, evitar que otro tome las riendas, con el pueril argumento de que “recortarán derechos”, y no se dimite, ni se cesa, ni siquiera por ser imputado de graves delitos, contraviniendo su propia normativa ética de partido. Cada vez se ven más desastres, pero “al menos no gobierna la derecha”.
La cordura, el sentido común, el sentido de Estado y el sentido de la democracia han desaparecido por completo de ese partido mal llamado socialista que ahora es sólo “sanchista”. Se han convertido en una mafia de enchufes, amiguismos, sectarismo y saqueo de lo público.
Se trata de resistir. Nada más. Proteger al líder y a la cúpula dirigente, aunque en el proceso todo se desmorone a su alrededor. La gota que hizo rebosar el más que rebosante vaso ha sido la imputación de la directora y DAO de la Guardia Civil, una de las instituciones con más prestigio de la nación, compuesta por hombres y mujeres abnegados y dispuestos a cumplir con su misión más allá de lo que exige el deber, y ahora dirigidos por personas sin ética.
La pregunta incómoda para el votante socialista
Entiendo que esto sea doloroso para los votantes añejos y veteranos, pero ¿en serio se está planteando volverlos a votar?
●¿Merece el PSOE que se le siga votando por inercia, o por costumbre?
●¿Quiere usted abundar en que el Estado se degrade aún más, que se ahonde en la no separación de poderes, poniendo al judicial y legislativo bajo el control del ejecutivo?
¿Qué piensa usted que va a hacer la oposición cuando gobierne, que no vaya a mejorar lo que está pasando? Estamos ante una corrupción generalizada que carcome al Estado y a casi todas sus instituciones. Pocas cosas quedan en pie y con dignidad.
Cuando Felipe González perdió las elecciones, gobernó Aznar, y no se hundió el mundo, aunque tuviera sus aciertos y errores.
Y cuando perdió Zapatero, gobernó Rajoy y, que se sepa, ningún “derecho” se vio afectado. Tal vez pudo hacer más con su mayoría absoluta y le faltó ambición. No seré yo quien le juzgue, sino más bien la Historia.
Le puede gustar más o menos la orientación política de unos u otros, pero no es verdad que si el PSOE pierde el poder se acabe el mundo. Lo que acabará será el sanchismo y su corrupción obscena. Simplemente España tomará otro rumbo. Y es de esperar que sea mejor que el que llevamos, que aparentemente sólo lleva a la degradación más lamentable de nuestra democracia.
¿Y ahora a quién votar?
Y ahora, la dolorosa decisión: si no vota al PSOE, ¿a quién? La desaparición de Ciudadanos resta opciones al votante de centro-izquierda.
Si eliminamos al decadente PSOE de la ecuación, al votante de izquierda sólo le queda la extrema izquierda, representada por partidos que ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos, siendo del mismo espectro político, y que aparentemente sólo defienden con interés los sillones de sus actuales dirigentes, y siguen dividiendo a la gente con los mismos clichés demagógicos y polarizantes que aplicaron a lo largo de toda su historia.
Lo que fue la “lucha de clases”, su mayor bandera, “ricos vs pobres”, se diluye con la aparición de la clase media, y entonces, para mantener sus chiringuitos obsoletos, eligen otras banderas para dividir a la sociedad y erigirse en defensores de una parte, la cual no existiría sin su participación: “mujeres vs hombres”, “gays vs heteros”, “casta vs pueblo” y tantos otros. De eso viven, de crear división y enfrentamiento.
Dos opciones: votar a la derecha o no votar
Por tanto, tal y como está configurado el mapa político hoy día, con una clase política en general, salvo contadas excepciones, de bajísima calidad personal y profesional, y a la vista de la situación judicial del partido gobernante, a mi modo de ver, sólo quedan dos opciones: votar a la derecha, o no votar.
Es duro, lo sé. Pero no es usted quien está traicionando a su antiguo partido, sino más bien al revés. Hace tiempo que dejaron de defender al ciudadano y empezaron a pensar sólo en sí mismos y en sus cargos, prebendas y corruptelas. La defensa numantina que hacen de quienes deberían haber dimitido hace rato lo demuestra.
Tenemos ministros reprobados por el Parlamento que el presidente sostiene en sus cargos, y una resolución aprobada por la mayoría absoluta del Congreso, que insta a Pedro Sánchez a dimitir o convocar elecciones. Y ni así: el desprecio a la voluntad popular es máximo. En cualquier país civilizado, por mucho menos, se dimite.
Refundar una socialdemocracia sensata
Esperemos que, en un futuro, personas sensatas sean capaces de refundar esa socialdemocracia y darle la orientación y sensibilidad social que nunca debió perder. Hoy por hoy, son invotables.

Padre de familia, ciudadano y contribuyente español. Analizo lo que me rodea y digo lo que pienso.
Me gusta mi pais y busco que sea aún mejor.
