Asturias Liberal > España > ¡OH, POSICIÓN! ¡Mi OHPOSICIÓN!

O de cómo hacer oposición sin opositar a un puestín

«¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!».

La frase de Whitman, popularizada por El club de los poetas muertos, podría tener hoy una versión política:
¡Oh, posición! ¡Mi ohposición!

Porque una cosa es ser oposición y otra muy distinta es opositar.

El opositor estudia para conseguir una plaza.

El oposicionador debería trabajar cuatro años para merecer gobernar.

No opositen. Oposicionen.

Una oposición que solo trabaja cuando se acercan las elecciones no hace oposición: hace campaña electoral prolongada.

El ciudadano, mientras tanto, vive todos los días.

Fijos indefinidos, no discontinuos

Un político debería ser durante una legislatura un fijo indefinido de la oposición: fijo porque su responsabilidad es permanente e indefinido porque nadie sabe cuándo terminará su jornada.

Lo que no puede ser es un fijo discontinuo de la democracia.

Desaparece cuatro años y reaparece cuando huele a elecciones: mercado, colegio, agricultor, panadero, beso al niño y descubrimiento repentino de que existe un problema de vivienda.

No.

Oposicionar dura cuatro años.

Y esos cuatro años tienen que servir para preparar una alternativa, no para esperar a que el Gobierno se desgaste.

Tienen armas. Úsenlas

Señores de la oposición: tienen Parlamento.

●Preguntas.
●Interpelaciones.
●Enmiendas.
●Proposiciones de ley.
●Comisiones.
●Presupuestos.
●Comparecencias.
●Votos.

Y, sobre todo, tienen una herramienta extraordinaria:
explicar qué harían ustedes.

Por eso resulta algo cómico dedicar demasiada artillería parlamentaria a asuntos pueriles mientras están delante la vivienda, las pensiones, la deuda, los impuestos, la sanidad, la educación, la inmigración, la energía, el agua o la seguridad.

La regla de Pareto puede servir también para esto: aproximadamente el 20 % de los asuntos produce buena parte de las consecuencias.

Así que no miren el bolígrafo.

Miren el Presupuesto.

El gas pimienta puede ser estupendo para determinadas circunstancias.

Pero como arma parlamentaria es francamente mejorable.

Y no me vengan ahora con números complejos, lógica difusa, derivadas ni ecuaciones de tercer grado.

Somos ciudadanos de a pie y, políticamente hablando, estamos empezando a sumar y restar.

Si tienen delante un problema de miles de millones, no nos hagan perder el tiempo contando bolígrafos.

No disparen con cerbatanas cuando tienen artillería.

Pensiones, paguitas y vivienda

Hay tres mantras que convendría desmontar con datos y no con miedo:

«¡Si viene la derecha, nos quitará las pensiones!».
«¡Si viene la derecha, desaparecerán las ayudas!».
«¡Si viene la derecha, habrá menos vivienda!».

Pues expliquemos las cosas.

La hucha de las pensiones se utilizó para atender obligaciones del propio sistema de pensiones; no fue la caja del rescate bancario. El debate serio es cómo financiar las pensiones en una sociedad que envejece.

Con las ayudas, exactamente igual: ¿cuáles funcionan?, ¿cuáles deben mantenerse?, ¿cuáles reformarse?, ¿cuánto cuestan?

Y con la vivienda, quizá haya que dejar de discutir quién construirá menos y empezar a explicar cómo vamos a construir más.

Suelo, vivienda pública, rehabilitación, alquiler, seguridad jurídica, transporte, financiación.

Porque el ciudadano no puede pagar el alquiler con un eslogan.

Tenemos leyes para aburrir

●Tenemos Ley de Vivienda.
●Ley de Memoria Democrática y su llamada Ley de Nietos.
●Ley de Amnistía.
●Reformas laborales.
●Reformas de pensiones.
●Normativa fiscal, educativa, energética…

Trabajo para una oposición hay de sobra.

No hace falta inventarse una polémica nueva cada mañana.

Hay que estudiar las leyes, fiscalizarlas y presentar alternativas.

Eso es oposición.

Lo demás es tertulia con escaños.

Cuando llega la desgracia

Y hay algo todavía más importante.

Cuando llega una DANA, un terremoto como el de Lorca, un volcán como el de La Palma o un incendio, la desgracia no pregunta a quién votaste.

El volcán no tiene carné de partido.

Si una administración necesita ayuda, que la pida.

Y si la necesita ocho mil veces, que la pida ocho mil veces.

Con Ceuta pasa lo mismo.

En 2021 entraron en la ciudad miles de personas en una crisis fronteriza extraordinaria. Si Ceuta necesita medios, seguridad, recursos o ayuda humanitaria, que la pida.

Y que se la den.

Después ya discutiremos competencias, responsabilidades y errores.

Pero primero se apaga el incendio.

No tiene sentido discutir quién tiene el extintor mientras arde el edificio.

La huelga que me tiene desconcertado

Y ahora una confesión de analfabeto sindical.

Yo creía que una huelga general tenía que ver fundamentalmente con el trabajo:
salarios, jornada, despidos, derechos laborales…

Ahora también tenemos huelgas por la vivienda.

Bueno.

Aprendo.

Lo que no termino de entender es que la protesta termine apuntando también a quien está en la oposición.

Es como si los pájaros dispararan a las escopetas.

La oposición está para fiscalizar al Gobierno.

Incluso para molestarle.

Especialmente para molestarle.

Pero no gobierna.

Así que, si el problema es la vivienda, la oposición debería decir: «Esto está mal y nosotros lo haríamos así». Ahí empieza su obligación.

Y llegamos a la corrupción

Aquí tampoco hace falta inventar.

Hay investigaciones, causas, imputados, acusados y condenados. La UCO trabaja tanto que cualquier día habrá que convocar una oposición extraordinaria:

«Se buscan investigadores para investigar a los investigadores que investigan a los investigados».

Pero cuidado con el «todos son iguales».

No todos los casos son iguales.

No todas las responsabilidades son iguales.

Y decir que todos son iguales es el mejor regalo que puede recibir cualquier corrupto.

Porque si todos roban, nadie exige.

Si todos mienten, nadie vigila.

Y si nadie vigila, el corrupto duerme tranquilo.

La oposición debe denunciar la corrupción ajena y, si aparece, también la propia.

Aunque duela.

¡Oh, posición!

Cuatro años de legislatura no son cuatro años de espera.

Son cuatro años de examen.

No sean fijos discontinuos de la democracia.

Sean trabajadores indefinidos de la alternativa.

  • -Menos titulares.
  • -Menos polémicas de bolígrafo.
  • -Menos cerbatana.
  • –Más Parlamento.
  • -Más propuestas.
  • -Más números.
  • -Más soluciones.

Y cuando llegue la siguiente elección, que el ciudadano no tenga que preguntarse quién gritó más.

Que pueda preguntarse:

«¿Quién trabajó cuatro años para estar preparado?»

Porque gobernar no consiste en tener razón.

Consiste en tener razón y poder pagarla.

Y eso, señores de la oposición, no se estudia para aprobar una oposición. Se demuestra oposicionando.

¡Oh, posición! ¡Mi ohposición!

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