Sociedad Civil y poder político
No en vano advertía con agudeza Montesquieu que “no hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación….”
Ni la ONU ni cualquier organismo o institución internacional es más fuerte que la voluntad de un Estado soberano
Leer másBorja Buenaposada desmonta el “buenismo” y redefine lo políticamente correcto como honradez real: verdad, responsabilidad y ética. Un texto directo que cuestiona el relativismo moral y reivindica la igualdad ante la ley sin trampas ni atajos.
Leer másJosé Manuel López retrata con ironía quirúrgica el choque entre despacho y taller: planes perfectos que se estrellan contra la realidad industrial. Una lección brillante sobre planificación, límites y arrogancia técnica que todo directivo debería leer antes de “tener una idea”.
Leer másEvocación de una Semana Santa que trasciende lo religioso: memoria, familia y raíces que pasan de generación en generación. Una celebración viva donde emoción, tradición y comunidad se entrelazan con fuerza y sentido profundo.
Leer másNo en vano advertía con agudeza Montesquieu que “no hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación….”
La auténtica diversificación energética no es una cuestión de propaganda ni de eslóganes verdes. Es una cuestión de ingeniería, de previsión, de humildad frente a la física de los sistemas complejos
Será que me estoy haciendo mayor, pero sujétame el cubata (¿se llama así o de otra manera?) y te lo explico a mi manera (cocina de 1º de EGB y no alta cocina).
Si en el Servicio de Minas un correo de denuncia acabó enterrado bajo excusas informáticas, el problema no fue técnico: fue una negligencia administrativa en toda regla
Mi colega me trasladaba algunos problemas que están teniendo con alguna soldadura debido al “soplo magnético” y las soluciones que estaban implementando, entre las que se encontraba el “paso peregrino”
En un Parlamento en el que cada ley cuesta sudor, amenazas y sobornos encubiertos, la política real se traslada al Ibex 35.
En todo momento de nuestra vida nos hemos encontrado con compradores de diversa índole que, en su mayoría —y por desgracia—, son personas poco generadoras de valor y que, por supuesto, huyen de establecer estrategias de confianza cliente-proveedor a medio y largo plazo.
Ni la fusión con Indra es imprescindible para alcanzar los objetivos de rearme, ni la vía de EM&E es la única ruta viable. La alternativa ya se ha presentado.
Pero si alguien pensaba que su retirada era el final de la historia, se equivocaba: la protegida de Barbón sigue en juego, esta vez a través del tablero de su marido, Rafael Murillo Quirós. Porque aquí, cuando una ficha cae, otra ya está colocada en la casilla siguiente.
El comunicado es, en realidad, más un epitafio que una amenaza. Una manera algo ruidosa de admitir que el SAM, como actor colectivo, ha dejado de existir. Y eso, por cierto, es una mala noticia para Duro Felguera. Porque esta empresa —que sigue luchando por salir de la UCI financiera con respiración asistida del Estado— necesita estabilidad. Necesita una acción ordenada, no ruido en la sala de espera.
El Tribulan Supremo, a punto de imputar en el caso Koldo a la expresidenta de ADIF Isabel Pardo de Vera
José Manuel, aciertas al decir que ahora mismo no eres nadie laboralmente hablando. Sea de una forma u otra, yo no he perdido el tiempo contigo, sino que lo he empleado. No te equivoques: dentro de poco tiempo quizá seas compañero mío, mi subordinado, mi jefe, mi proveedor o incluso mi cliente
Dije en su día que Álvaro Queipo hablaba como una cañavera hueca. Hoy, tras leer el titular “El acercamiento a FORO es histórico. La calle nos pide que no nos enfrentemos” de su entrevista en el diario madrileño “El Mundo” del pasado día 20 de abril, pienso que necesita con urgencia un tratamiento intensivo de rabos de pasa
Nadie ha anunciado una nacionalización. No se ha publicado ningún decreto ni se ha izado bandera alguna en las azoteas de Duro Felguera. Pero si uno mira con atención lo que ocurre en la industria asturiana —con nombres como Duro, Imasa o Santa Bárbara— empieza a vislumbrar lo que en tiempos menos sutiles se habría llamado estatismo rampante. Ahora lleva traje, se disfraza de “reestructuración” y sonríe desde los despachos de Indra.
