Lo que está ocurriendo con Indra no es una simple evolución empresarial. Es una desordenada operación política e industrial impulsada desde el Gobierno de Pedro Sánchez para, supuestamente, construir un “campeón nacional” de defensa que, por falta de sentido de Estado, hace aguas continuamente.
Y como suele ocurrir cuando la política inmediatista empuja más rápido que la industria, el resultado es un sistema que sigue sin encajar porque no hay una idea sólida que lo sustente..
El relevo que marca la dirección
El primer movimiento ha sido el cambio en la presidencia.
- ●Sale Ángel Escribano.
- ●Entra Ángel Simón.
No es un relevo neutro. Ángel Simón es un perfil vinculado al entorno del PSC y, por tanto, más cercano a Moncloa. Dicho de forma directa: El Gobierno refuerza su control político sobre Indra. No es un caso aislado sino que forma parte de una pauta que el Ejecutivo está aplicando en varias empresas del IBEX 35 donde la SEPI tiene participación.
La intervención que no se esconde
El Estado, a través de la SEPI, no se limita a invertir. Interviene.
Interviene en:
- ●nombramientos
●estrategias
●alianzas industriales
Y lo hace con persistencia. El problema aparece después.
El propio Gobierno ha reconocido que no controla completamente el uso final de los fondos públicos una vez llegan a las empresas participadas.
Traducido a lenguaje de calle: Moncloa decide quién manda… pero no controla el sentido de lo que hace.
Y es que el problema no es que quiera controlar un sector que, indispensablemente, necesita una dirección nacional. Sino que lo hace sin un plan industrial que coordine mínimamente a las empresas del sector ni que aproveche lo que éstas ya están haciendo.
El movimiento industrial: fabricar sin diseñar
En paralelo, Indra ha firmado un acuerdo con Iveco Defence Vehicles para fabricar vehículos anfibios en Asturias.
Datos concretos:
●34 vehículos
●370 millones de euros
●Producción en Gijón.
Hasta aquí, todo encaja en el relato de reindustrialización. Pero hay un matiz decisivo: Indra no desarrolla el vehículo. Utiliza una plataforma italiana y ya no parece contar entre sus proyectos con el ensamblaje de los tan cuestionados VCR 8x 8 Dragón que fabrica Tess Defence, liderada por Indra.
Es decir, sigue teniendo como objetivo de producción ensamblar. Esto no es un mero detalle técnico: es una limitación esencial.
El problema de ejecutar lo que se promete
Mientras tanto, el programa del 8×8 “Dragón” muestra las costuras.
El consorcio Tess Defence, liderado por Indra, acumula:
●retrasos
●entregas incompletas
●riesgo de sanciones económicas
Y aquí aparecen los nombres.
En ese consorcio están:
Santa Bárbara Sistemas
SAPA Placencia
Escribano Mechanical & Engineering
Empresas que, fuera del consorcio, han chocado entre sí por contratos y decisiones impulsadas desde el Gobierno. No parece que el plan del Gobierno sea un plan.
Resultado claro: los competidores son socios obligatorios para que el sistema funcione. Y no, no funciona.
De la confrontación a la negociación
Hasta hace poco, Indra y Santa Bárbara estaban enfrentadas en los tribunales por contratos de artillería.
Ahora, Indra busca acuerdos, algo deseable, sin duda si se hubiera planteado desde el principio, pero que el hecho de que se plantee para resolver el recurso de Santa Bárbara contra la arbitrariedad de las adjudicaciones millonarias del departamento de Margarita Robles, da que pensar:
se sigue improvisando, se sigue poniendo vendas en las heridas que deja un proyecto sin norte. No es un cambio de actitud. Es una necesidad. Porque ganar contratos con apoyo político no garantiza poder ejecutarlos sin la industria que ya existe.
En este contexto, conviene recordar cómo Indra busca la paz con Santa Bárbara, en una operación que evidencia el giro forzado. También se ha informado de cómo se alienta un acuerdo extrajudicial para desactivar el conflicto. Y, como ya se analizó en Asturias Liberal, esa mano tendida llega tarde y menguada.
El modelo real que está emergiendo
Si se juntan todas las piezas, el esquema es claro:
- El Gobierno de Pedro Sánchez impulsa, supuestamente, un campeón nacional.
- La SEPI entra en el capital y condiciona decisiones.
- Se colocan perfiles alineados con Moncloa: antes Murtra, después Escribano, ahora Simón.
- Se adjudican proyectos estratégicos
Pero la capacidad industrial depende siempre de terceros y la realidad inmediata obliga a pactar con quienes antes se marginó.
Es decir, no hay una cadena industrial integrada. Hay un sistema ensamblado sobre la marcha.
La pregunta que queda
¿Puede funcionar un modelo en el que:
●el poder político decide el rumbo,
●la tecnología depende del exterior,
●y la ejecución depende de rivales internos?
No es una cuestión ideológica. Es una cuestión operativa.
Cierre
Indra no está desarrollando un proyecto industrial completo. Está intentando construirlo mientras lo utiliza. Y eso implica una tensión constante entre política e industria.
Una tensión que, si no se resuelve, no rompe el relato porque éste lo aguanta todo. Pero sí rompe los resultados porque estos son tenaces.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
