Asturias Liberal > España > Pensiones electoralistas: el sistema aguanta porque todavía no ha llegado toda la factura

 

El Gobierno de Pedro Sánchez dice proteger a «sus» pensionistas, pero sigue sin explicar  cómo sostendrá mañana un sistema cada vez más presionado por la demografía, la fiscalidad y la falta de reformas reales. Sin plan de futuro no hay política real que se sostenga.

En España se ha decidido hablar mucho de las pensiones, pero hablar poco de su problema central: la sostenibilidad futura del sistema. En 2026 las prestaciones suben, el poder adquisitivo se protege y el discurso oficial transmite tranquilidad. Pero bajo esa superficie, y eso es lo que importa de verdad, aparece una tensión cada vez más difícil de ocultar: cada mejora presente aumenta una obligación futura.

Subidas hoy, presión mañana

El Gobierno ha revalorizado las pensiones contributivas conforme al IPC, es decir, el Índice de Precios al Consumo, con una subida general del 2,7%. Además, las pensiones mínimas y las no contributivas han crecido más. Desde el punto de vista social, esta política resulta comprensible, porque protege a quienes tienen menos margen ante la inflación.

Gráfico 1. Revalorización de pensiones y prestaciones en España (2026). Se observa una subida general del 2,7% en pensiones contributivas, con incrementos superiores en pensiones mínimas y no contributivas. Este enfoque refuerza la progresividad del sistema, pero incrementa el gasto estructural a futuro. Fuente: elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (2026).


El problema es que una pensión no funciona como una ayuda puntual. Cada subida queda incorporada al gasto estructural. Dicho en claro: lo que hoy parece protección mañana exige financiación permanente.

La demografía no vota, pero decide

España tiene un sistema de reparto: los trabajadores actuales pagan las pensiones actuales. Por tanto, la clave no está solo en cuánto cobran los jubilados, sino en cuántos trabajadores sostienen el sistema y con qué salarios cotizan.

Gráfico 2. Proyección de tasas de dependencia por grupos de edad en España (2010-2060). El gráfico muestra el fuerte crecimiento del peso de la población mayor de 65 años respecto a la población en edad de trabajar, lo que anticipa una creciente presión sobre el sistema de reparto. Fuente: elaboración propia a partir de proyecciones del INE y datos demográficos utilizados en el material base.


Este gráfico muestra el núcleo del problema. La población mayor de 65 años crecerá con mucha fuerza respecto a la población en edad de trabajar. Traducido: más personas cobrando y menos personas sosteniendo cada pensión.

Gráfico 3. Evolución de la tasa de dependencia asociada al envejecimiento en países europeos (2020-2100). España se sitúa entre los países con mayor aumento de presión demográfica, en línea con Italia, mientras otros modelos como Suecia presentan una evolución más contenida. Fuente: elaboración propia a partir de datos de Eurostat y series comparadas incluidas en el material base.


La comparación europea confirma que España figura entre los países más tensionados, junto con Italia. Otros modelos, como Suecia o Países Bajos, han introducido sistemas mixtos que reparten mejor los riesgos entre solidaridad pública, ahorro individual y gestión colectiva.

El espejismo de la ratio cotizante-pensionista

A veces se argumenta que la relación entre cotizantes y pensionistas se mantiene en niveles aceptables. El dato puede ser cierto en un momento concreto, pero queda totalmente falseado si no se analiza la calidad del empleo, la productividad, los salarios y las transferencias públicas de dinero que completan el sistema.

Gráfico 4. Evolución de la ratio cotizante por pensionista en España (1990-2030). Aunque se observa cierta estabilidad reciente, el indicador depende en gran medida del ciclo económico, el empleo y las transferencias públicas, lo que limita su valor como indicador estructural de sostenibilidad. Fuente: elaboración propia a partir de datos históricos de la Seguridad Social y estimaciones basadas en el material base.


La ratio reciente es un maquillaje del Gobierno que intenta dar sensación de estabilidad, pero esa estabilidad depende de demasiadas variables a la vez: empleo, inmigración, crecimiento económico y dinero público adicional. Eso no es una base sólida. Es un equilibrio inestable con demasiados cables al aire que el Gobierno oculta ante un horizonte electoral que prefiere salvaguardar antes que mejorar el futuro de los españoles.

Fiscalidad: la subida que vuelve en parte al Estado

Las pensiones tributan en el IRPF, el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, como rendimientos del trabajo. Esto significa que una subida nominal puede quedar parcialmente reducida por mayores retenciones o por el salto a un tramo fiscal superior.

Aquí aparece una opacidad importante. El pensionista oye “subida”, pero no siempre recibe esa subida completa en términos reales. El Estado mejora la pensión con una mano y recupera una parte con la otra. No siempre es injusto, pero sí exige mucha más claridad pública.

El Pacto de Toledo: consenso incompleto

El Pacto de Toledo nació como marco de consenso para proteger el sistema de pensiones de la lucha partidista. Esa intención era razonable. Sin embargo, el resultado actual resulta en un bloqueo solamente del Partido Popular, incapaz de salir de la trampa política en que ha caído. porque el pacto no ha impedido el uso electoral de las pensiones por parte del PSOE ni ha impulsado una reforma profunda y continuada.

Un consenso real no consiste solo en evitar el conflicto: debe servir para ordenar el futuro. La lógica perversa del gobierno socialista impide llegar a ese consenso y la timidez de los de Feijóo para abordar una propuesta seria que confronte la maniobra política de Sánchez deja a éste el terreno allanado para una palmaria compra de votos.

En pensiones todo esto exige hablar de un sistema mixto, de productividad, de fiscalidad, de empresas, de ahorro complementario y de transparencia. Sin eso, el Pacto de Toledo corre el riesgo de convertirse en un acuerdo para no decir lo incómodo.

Más cotizaciones no bastan

El sistema ha reforzado sus ingresos mediante mayores cotizaciones, entre ellas el MEI, el Mecanismo de Equidad Intergeneracional. Su objetivo es aportar recursos adicionales para afrontar la jubilación del baby boom.

Pero subir cotizaciones encarece el empleo. Y si el empleo se encarece, las empresas contratan menos, pagan con más dificultad o pierden competitividad. No se puede sostener indefinidamente el sistema cargando más peso sobre quienes lo financian. Sin empresas fuertes no hay pensiones fuertes.

Inmigración: paliativo, no milagro

La inmigración puede ayudar a mejorar la base de cotizantes. Pero no cualquier inmigración ni bajo cualquier condición. Su aportación depende de que genere empleo real, productividad, cotizaciones suficientes e integración económica estable.

Si una parte relevante de esa inmigración termina dependiendo del erario público para permanecer en España, es decir, del dinero de todos, entonces no resuelve el problema: lo agrava o lo desplaza. La clave no es sumar población, sino sumar capacidad productiva neta.

La salida razonable: sistema mixto

España necesita avanzar hacia un sistema mixto. No se trata hoy por hoy de destruir el sistema público de reparto, sino de complementarlo decididamente con mecanismos que aporten transparencia, ahorro real y responsabilidad individual.

Suecia ofrece una referencia útil: combina cuentas nocionales, que son cuentas públicas virtuales donde cada trabajador puede ver mejor la relación entre lo aportado y lo esperado, con una parte invertida en fondos reales.

Países Bajos también avanza hacia cuentas individuales con gestión colectiva, de modo que cada trabajador tiene mayor conexión entre aportación y prestación, pero sin abandonar del todo la lógica solidaria.

La reforma sensata no consiste en elegir radicalmente entre Estado o mercado, sino en impedir que el Estado prometa más de lo que la economía real puede pagar.

Menos fiscalidad para sostener más futuro

Cualquier reforma seria debe ir unida a una menor fiscalidad global y, especialmente, a una menor carga sobre las empresas. Si se quiere más empleo, mejores salarios y mayores cotizaciones, la base productiva debe respirar.

Subir impuestos, subir cotizaciones y aumentar costes laborales satisface al votante pensionista hoy, al que no se le informa de los riesgos y las opacidades, pero debilita el motor que financia el sistema.

La aritmética es sencilla: sin productividad no hay recaudación suficiente, y sin recaudación suficiente no hay pensiones sostenibles.

Conclusión

España tiene un sistema de pensiones electoralmente útil al Gobierno, pero financieramente tensionado. Protege bien una perniciosa satisfacción presente, pero no ha resuelto el futuro. La demografía avanza, la fiscalidad oculta parte del coste real y el Pacto de Toledo no ha generado todavía el consenso reformista que el país necesita.

La solución pasa por decir la verdad: el sistema necesita una reforma mixta, transparente y ligada a una economía menos asfixiada fiscalmente.

Las pensiones no las sostiene un discurso político. Las sostienen los trabajadores, las empresas, la productividad y unas reglas honestas. Todo lo demás es música electoral hasta que llega la factura.

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Documentación y contexto

Este análisis se apoya en datos públicos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la Seguridad Social, el Instituto Nacional de Estadística (INE), Eurostat, la Agencia Tributaria, la AIReF y la OCDE.

Para ampliar el contexto editorial de Asturias Liberal sobre pensiones, fiscalidad, demografía y productividad, pueden consultarse también estos análisis: Pensiones 2035: el columpio, las matemáticas y la trampa electoral, Reforma del sistema de pensiones, La factura oculta: por qué Asturias no es fiscalmente competitiva y El coste real del declive: población, talento y futuro económico en Asturias.

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