Asturias está poblada de personajes que no necesitan ocupar la Presidencia del Principado o una alcaldía importante (aunque anhelen una y otra cosa), dirigir un partido político ni aparecer cada semana en televisión para convertirse en piezas centrales de un sistema de poder que vive del presupuesto administrativo y de la parálisis permanente de cada proyecto que se anuncia. Su influencia perniciosa no procede del cargo visible, sino de la capacidad para conectar espacios distintos: empresa, instituciones, administración, universidad, medios, asociaciones y política. En Asturias, uno de esos casos merece ser estudiado con atención. No tanto por la persona en sí, sino por lo que representa.
Carlos Paniceres encarna bastante bien una de las figuras más características de la Asturias contemporánea: el operador institucional-relacional que prospera dentro de un ecosistema donde la proximidad entre poder político, representación empresarial y contratación pública se ha convertido en una constante estructural. O dicho en román paladino, donde ser empresario de verdad está relegado y ser empresario concesional está sobrevalorado
No se trata de insinuar ilegalidades. Se trata de describir un sistema donde pasado, presente y futuro de Asturias son nulos, donde se mueven los papeles de una mesa a otra y se convierten en actos vacíos de estructura y de seriedad, publicitados para más gloria de enriquecimiento de unos y precariedad de los más.
De la política juvenil al poder relacional
La trayectoria de Paniceres resulta reveladora. Militó en el CDS de Adolfo Suárez, dirigió la agrupación de Nava, fue secretario general de las juventudes del partido en Asturias y llegó a concurrir en listas al Senado. Más tarde abandonó la política activa para centrarse en la empresa.
Aquella experiencia, sin embargo, parece haber dejado una huella característica: la cultura del consenso entre las élites, la interlocución permanente con quienes prometen para Asturias lo que nunca hacen llegar y la construcción de redes transversales que bloquean todo intento serio de cambio.
El salto empresarial se produce en el sector del transporte sanitario. La historia familiar arranca en 1978, cuando sus padres adquieren una ambulancia en Játiva para iniciar la actividad. Décadas después, Paniceres aparece como gerente de Ambulancias Reunidas desde 1997, consejero delegado de Gesprin desde 2004 y consejero delegado de Transinsa desde mayo de 2005. Hasta ahí, todo en línea de una actividad empresarial digna.
Y aquí aparece el primer dato inquietante.
Transinsa: el gran vínculo contractual
Transinsa no es una empresa cualquiera. Es uno de los grandes operadores del transporte sanitario asturiano y mantiene una relación estructural con la sanidad pública regional, con el Gobierno Regional. El contrato principal adjudicado por el SESPA en 2021 alcanzó aproximadamente los 204 millones de euros. Una cifra que sitúa automáticamente a la compañía dentro del reducido grupo de actores empresariales cuya existencia depende en gran medida de la continuidad de las buenas relaciones con la administración autonómica.
Nada ilegal en ello. Pero sí enormemente significativo.
Porque en mayo de 2022 Paniceres consolida su posición al frente de la Cámara de Comercio de Oviedo. Y apenas un mes después, el 2 de julio de 2022, el Partido Popular, sospechando una maniobra pre-política que podría servir para colocar a un ex del CDS en la línea de competencia dentro del propio PP, registra en la Junta General una petición formal para conocer todos los contratos del Principado con Transinsa y con diversas sociedades vinculadas a Paniceres y José Manuel Ferreira.
La cronología importa.
La pregunta parlamentaria no aparece en 2025, ni tras el desembarco de Indra. Aparece mucho antes. Cuando todavía no existía el gran relato del polo asturiano de defensa. Cuando Ángel Escribano ni siquiera presidía Indra. Cuando el Tallerón aún no ocupaba titulares diarios.
Eso significa que determinados sectores políticos ya percibían entonces la existencia de una acumulación significativa de influencia institucional, empresarial y contractual en manos de un operador con ambiciones personales y dependencia casi plena de los presupuestos del Principado.
Asturias como sistema de promesas aplazadas
Y es precisamente ahí donde la historia deja de ser la de un empresario concreto para convertirse en la de una región burlada. Porque Asturias lleva décadas atrapada en un modelo que combina tres elementos.
- Primero: una economía extraordinariamente dependiente de la administración pública, las subvenciones y los grandes contratos institucionales.
- Segundo: una élite reducida de actores empresariales, institucionales y asociativos que reaparecen de forma recurrente en múltiples espacios de decisión.
- Tercero: una sociedad acostumbrada a promesas de reactivación económica que en pocos meses en unas ocasiones y pocos años en otras, ve cómo toda expectativa sirve para la creación de oficinas sin uso pero de elevado gasto y planes de un relumbrón directamente proporcional a su vacuidad. Una sociedad cada vez más envejecida, subsidiada y acomodada a esos anuncios grandilocuentes que rara vez se traducen en transformaciones equivalentes.
La enfermedad de Asturias no es únicamente económica. Es cultural.
Durante años Asturias ha asistido a una sucesión interminable de promesas históricas: la ZALIA, la regasificadora, los fondos mineros, la variante de Pajares, las autopistas del mar, las plataformas logísticas, los planes industriales, los hubs tecnológicos, los polos de innovación.
Ahora el nuevo relato se llama defensa.
Indra, el Tallerón y el nuevo relato salvador
Y aquí vuelve a aparecer Paniceres.
Porque durante 2025 y 2026 la Cámara de Comercio de Oviedo se ha alineado de forma creciente con el proyecto industrial impulsado por Indra. No como actor empresarial directo, sino como legitimador institucional del nuevo paradigma.
Mientras Ángel Escribano intentaba adquirir Santa Bárbara Sistemas y, tras fracasar, lanzaba una ofensiva pública contra GDELS y planteaba la construcción de una capacidad industrial alternativa en Asturias, la Cámara fue incorporándose progresivamente al relato de la defensa como gran oportunidad regional.
Paralelamente, el Gobierno del Principado elevó su apoyo a Indra a niveles extraordinariamente explícitos.
El 9 de abril de 2025 Adrián Barbón se reunió con Ángel Escribano en Madrid y ofreció “toda la colaboración necesaria” para facilitar la implantación y crecimiento de Indra Land Vehicles en Asturias. Más aún: declaró que la compañía había encontrado en el Gobierno regional “la complicidad necesaria” para desarrollar sus proyectos.
Pocas veces una administración autonómica ha expresado de forma tan abierta su alineamiento con una estrategia empresarial concreta.
La cuestión no es si Indra debía o no invertir en Asturias cuando todo indicaba que su solo objetivo no era tal inversión, sino la destrucción o el daño a Santa Bárbara.
Ni siquiera es ya cuestión relevante, aunque lo parezca, que Escribano fuera de Indra, esa batalla ya pierde sentido para esta empresa y Asturias se queda sin una promesa que nunca se pensó cumplir.
La cuestión es otra.
¿Por qué Asturias parece necesitar siempre un nuevo relato de resurgir cuando nunca el Gobierno regional ha pensado en otra cosa que en subsistir en el gobierno apoyado en personajes como Carlos Paniceres?
¿Por qué cada década surge una nueva promesa capaz de movilizar titulares, instituciones convertidos en rotundos desprecios a la inteligencia de los asturianos, al menos de esa minoría de estos que aún piensa y tiene memoria?
¿Por qué los mismos círculos institucionales reaparecen una y otra vez alrededor de cada gran proyecto?
Y, sobre todo, ¿por qué la región continúa perdiendo población, envejeciendo y reduciendo peso económico relativo pese a la acumulación constante de anuncios transformadores?
La resignación subvencionada
La respuesta ya no es ni siquiera incómoda, es cansina, aburrida, recurrente y devastadora: porque el sistema funciona razonablemente bien para quienes viven de él.
Funcionarios. Prejubilados. Pensionistas. Sectores subvencionados. Entornos institucionales. Redes empresariales protegidas. Intermediarios.
Asturias posee uno de los porcentajes más elevados de rentas públicas y transferencias sobre el conjunto de ingresos regionales. Y eso genera un fenómeno político muy poderoso: la aceptación pasiva.
La sociedad protesta poco porque el coste inmediato del deterioro suele quedar amortiguado por mecanismos de renta que suavizan el conflicto.
No hay explosión social. Hay resignación administrada.
Y mientras tanto, el deterioro se vuelve estructural.
El síntoma, no el origen
La Cámara de Comercio de Oviedo propone «crear 45.000 empleos en diez años». El Principado anuncia polos industriales. Las empresas presentan planes estratégicos. Los discursos se suceden.
Pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿quién responde por las promesas incumplidas de los últimos treinta años?
Porque la Asturias real no se mide por los anuncios. Se mide por los resultados.
Y los resultados muestran una comunidad que continúa perdiendo población, talento joven, peso empresarial y capacidad de decisión propia.
Carlos Paniceres no es el origen de ese problema sino algo más interesante. Ni siquiera es un empresario, una figura pública ni un presidente cameral. Es uno de los síntomas de una grave patología.
Es la figura que permite observar cómo funcionan las conexiones entre empresa, representación institucional, contratación pública y relato político dentro de una región que parece vivir en un estado permanente de expectativa.
Siempre esperando la próxima gran oportunidad para afianzar sus contratos públicos y su ambición de salvador aprovechando el siguiente Escribano que al que ofrecer su apoyo y vender su fraude.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
