Asturias Liberal > Aportaciones > Busco un chico everything officer para hacer lo que antes hacía Manolo
Cuando la gente tenía oficio

Hubo un tiempo en el que la gente tenía oficio.

Sí, oficio.

Podías ser y eras —sin lenguaje inclusivo— panadero, profesor, mecánico, fontanero, electricista, administrativo, secretaria, vendedor, enfermera o carpintero.

Y nadie necesitaba una firma de correo de siete líneas para explicar de alguna manera a qué se dedicaba.

En las empresas ocurría exactamente lo mismo.

Había un director general, un director financiero, un jefe de taller, un director comercial y poco más. El jefe era el p… amo: mandaba. El contable llevaba las cuentas. El de taller llevaba la producción. El comercial vendía. El informático arreglaba el ordenador cuando dejaba de funcionar. Todo el mundo entendía quién hacía qué. No había más que decir

La inflación de los cargos corporativos

Luego llegó la globalización, desembarcaron las RRSS —sobre todo LinkedIn—, aparecieron los gurús del management y descubrimos algo realmente extraordinario: si traduces cualquier profesión al inglés o le pones un par de renglones «rarunos», automáticamente parece mucho más importante.

No hemos inventado tantos trabajos nuevos. Solo hemos inventado nombres nuevos. Y vaya si los hemos inventado.

Hoy, si tu cargo no contiene al menos un Chief, dos palabras en inglés, tres siglas y algún término como Global, Lead, Executive, Strategy, Transformation o Innovation, corres el serio riesgo de parecer una persona corriente. Aunque realmente tengas funciones de relumbrón.

Y eso, en determinados ambientes, está peor visto que llegar temprano o sin portátil a una reunión.

El gran museo de los «Chief»

El antiguo director general ahora es CEO.

El director financiero es CFO.

El director de operaciones es COO.

El director comercial ya casi ni existe.

Ahora tenemos Business Development Manager, Sales Executive, Growth Manager y Lead Generation Specialist.

Y probablemente alguno más que todavía no ha terminado de inventarse mientras leemos estas líneas.

El comercial de toda la vida sigue haciendo exactamente lo mismo: buscar clientes, llamarlos, insistir en formato «plasta», recibir algún que otro portazo y cerrar ventas.

Solo que ahora, cuando actualiza LinkedIn, escribe que «ayuda a las organizaciones a acelerar su crecimiento exponencial» mediante soluciones estratégicas de alto impacto.

Y sigue llamándote exactamente a la hora de la siesta.

El director financiero sigue siendo el que controla las perras y no es bueno si no dice continuamente que no hay presupuesto.

Solo que ahora expone la queja como Chief Financial Officer. Y parece que duele menos.

El director de Marketing ya no hace publicidad.

Hace branding, engagement, funnels y performance.

Nuestra madre, sin embargo, sigue llamándolo «hacer anuncios».

El informático ya no es informático.

Es CIO, CTO, Cloud Engineer o Digital Transformation Architect.

Dependiendo del día.

Antes era el chispa o el informático que arreglaba impresoras.

Ahora lidera la transformación digital.

Las impresoras, curiosamente, siguen atascándose exactamente igual que en 1998.

Recursos Humanos sale a capturar talento

El responsable de Recursos Humanos también ha evolucionado.

Antes contrataba personal y ahora adquiere talento.

Como si estuviera capturando Pokémon.

Ya no existe el jefe de personal.

Ahora es Head of People, Chief People Officer, People & Culture Director, Employee Experience Manager o Talent Acquisition Specialist.

Y uno empieza a sospechar que, dentro de poco, alguien será vicepresidente mundial de Buenos Días.

Felicidad laboral, pizza y fruta de los miércoles

Luego aparecieron profesiones que no sabíamos que necesitábamos.

Chief Happiness Officer.

Es decir, el responsable de nuestra felicidad laboral.

Organiza el Día de la Pizza, la fruta de los miércoles, el torneo de futbolín —sin mucho ruido—, la sesión de yoga y la encuesta trimestral preguntando por qué todo el mundo está desmotivado.

Curiosamente, nunca nos pregunta por el sueldo. Por algo será.

También existe el Customer Success Manager.

Antes era Atención al Cliente.

Ahora su misión consiste en asegurar el éxito del cliente.

El cliente, mientras tanto, continúa cuarenta minutos escuchando la misma musiquita de espera.

Y después está el Customer Experience Manager.

Antes preguntaban:

—¿Le han atendido bien?

Ahora elaboran mapas emocionales del recorrido experiencial del consumidor.

El café de la máquina, sin embargo, sigue sabiendo igual de malo.

El vendedor de historias se convierte en «storyteller»

En marketing digital, el fenómeno merece un capítulo aparte.

Antes escribías anuncios. Y ahora eres copywriter.

Antes hacías vídeos. Ahora eres content creator.

Antes contabas historias. Ahora eres storyteller.

Mi abuelo hacía exactamente eso cada Navidad. Y jamás pidió presupuesto.

Antes el hijo del jefe subía una foto al Facebook de la empresa y ahora se ha convertido en community manager.

Y, si además publica en Instagram, pasa automáticamente a llamarse social media manager.

El contenido continúa siendo: «Feliz lunes». Pero con estrategia.

«Espabila», pero con música relajante

En el desarrollo personal tampoco nos hemos quedado cortos.

Antes tu padre te decía:

Espabila.

Ahora pagas cientos de euros para que un life coach te explique exactamente lo mismo con música relajante de fondo.

Antes tu mejor amigo te escuchaba —cuando quería, pero sin cobrar— y ahora tienes un lifestyle coach.

Antes tu entrenador te hacía correr y ahora tienes un High Performance Coach que habla de resiliencia, propósito, foco, abundancia, excelencia y energía.

Las flexiones, curiosamente, siguen siendo las mismas. Y doliendo de igual manera.

Y luego está el Mindset Coach, que confieso que todavía no tengo claro qué hace exactamente.

Pero suena extraordinariamente caro.

El progreso llega al sueño y a las infusiones

El mundo del bienestar tampoco se ha librado.

Antes la abuela decía:

—Apaga la tele y acuéstate.

Ahora existe el Sleep Coach.

Antes te sentabas cinco minutos sin hacer nada.

Ahora practicas mindfulness acompañado por un Mindfulness Facilitator. Y eso debe de ser muy bueno.

Antes el vecino raro tomaba infusiones y dormía con la ventana abierta.

Ahora es biohacker.

Lleva sensores pegados al cuerpo, controla cada respiración y paga por respirar delante de una máquina.

Debe de ser el progreso.

De recepcionista a directora de Primera Impresión

En la vida cotidiana también hemos hecho importantes avances lingüísticos.

Antes llevabas pantalones ajustados. Ahora son slim fit.

Antes eras recepcionista. Ahora eres director de Primera Impresión. Ojo, que suena más que bien.

Antes eras portero de discoteca. Ahora eres selector de Ambiente.

Antes organizabas el armario porque no encontrabas los calcetines.

Ahora puedes contratar un organizador profesional de armarios.

Porque sí, hay gente que paga para que otra persona le coloque las camisetas por colores.

Si eso no es encontrar un nicho de mercado, que venga sabe Dios quién y lo vea.

La internacionalización de las bodas

Y las bodas…

Las bodas merecen otro capítulo.

Antes las organizaban las madres. Nuestras madres.

Ahora intervienen Wedding Planner, Bridal Assistant, Wedding Designer y Wedding Coordinator.

Solo falta el Chief Emotional Marriage Officer.

Aunque el matrimonio, estadísticamente, siga durando lo que siga durando.

Traductor de español a español

Mi favorita, sin embargo, sigue siendo una oferta de empleo que leí hace tiempo:

«Buscamos un CMO para un Marketplace de FoodTech en fase seed con socios potentes. Please RT. Interesados, DM».

Confieso que entiendo perfectamente cada palabra por separado.

Pero juntas necesito un traductor. De español a español.

Porque una cosa es utilizar términos internacionales cuando realmente aportan precisión.

Y otra muy distinta es convertir un oficio perfectamente digno en un trabalenguas corporativo.

El cargo no arregla la incompetencia

Puedes llamarte Chief Global Executive Strategic Innovation Transformation Officer, Senior International Business Development Growth Evangelist, Customer Happiness Experience Excellence Director, AI Prompt Engineering & Digital Future Architect o Lead Visionary Culture Transformation Catalyst.

Y seguir llegando tarde.

No contestar correos.

No devolver llamadas.

No cumplir plazos.

Y hacer mal tu trabajo.

Del mismo modo, puedes llamarte simplemente mecánico, panadero, profesor, enfermera, electricista, fontanero, recepcionista, administrativo, contable, conductor, carpintero, vendedor o cocinero.

Y hacer tu trabajo de manera impecable.

Porque el prestigio nunca ha estado en el nombre del cargo.

Ha estado siempre en la persona.

Los expertos universales

Y luego están los expertos universales.

El cuñado.

No necesita Harvard, Cambridge, Oxford, un MBA ni inglés.

Él ya sabía todo eso hace veinte años.

El sobrino.

Ha visto diez vídeos en TikTok, cuatro reels y cinco podcasts.

Ha hecho un curso online de treinta euros con diploma descargable.

Y le ha preguntado una docena de veces a ChatGPT, «Chati» para los amigos.

Con semejante currículum ya está preparado para transformar digitalmente cualquier empresa del IBEX.

El vecino.

Jamás ha trabajado en tu sector.

Pero sabe exactamente cómo deberías dirigir tu negocio.

Aunque aún no sabes a qué ha dedicado laboralmente su vida.

Solo sabes que sale de casa y entra todos los días a la misma hora.

Y el jubilado del bar.

Capaz de arreglar la economía mundial entre el café de media mañana y la partida de dominó.

Sin abrir un Excel.

La pequeña empresa y el hombre que lo hace todo

Y, después de todo este desfile de cargos imposibles, anglicismos, siglas, coaches, mentores, estrategas, facilitadores, arquitectos, visionarios y catalizadores, uno termina llegando siempre al mismo sitio.

A la pequeña empresa.

A esa oficina donde hay una persona que hace de comercial, de compras, de Recursos Humanos, de informática, de mantenimiento, de atención al cliente, de administración, de repartidor, de recepcionista y de cambiador de bombillas.

Cuando se necesita, configura el wifi.

Prepara el café.

Abre la puerta y atiende al mensajero.

Es el que sustituye vacaciones.

El que cubre bajas.

El que resuelve problemas.

Y, naturalmente, cuando algo sale mal…

También es culpa suya.

Hoy probablemente alguien le llamaría Chief Everything Officer.

Hace treinta años simplemente se llamaba Manolo.

Y lo curioso es que nunca necesitó un cargo en inglés para que todo funcionara.

Porque, al final, los resultados siguen hablando en el único idioma que jamás pasa de moda: el del trabajo bien hecho.

Posdata: contratar ingenieros o negociar tratados internacionales

P. D. Y, si estás hiring software engineers y no encuentras, igual es porque parece que estos vayan a negociar tratados internacionales en lugar de pelearse con el «chóguar»software—.

Y, hasta donde sé, el compilador sigue aceptando código sin acento de Oxford.

Pueden estar sobradamente preparadas personas de Tineo o de Cuenca, porque con el código no se conversa.

Un poquito de por favor y centrémonos en lo que realmente hace falta.

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