El tiempo pone a cada uno en su sitio
Hay ocasiones en las que el tiempo actúa como el juez más implacable de la política. La Variante de Pajares es una de ellas. Pocas infraestructuras reflejan con tanta claridad cómo el sectarismo político puede imponerse durante años al interés general de una comunidad.
Y pocas demuestran con tanta contundencia que el paso del tiempo termina desmontando los relatos construidos sobre intereses partidistas.
Quince años después, quienes ridiculizaron el proyecto original, quienes lo calificaron de obsesión o de capricho y quienes prefirieron combatir a quien lo impulsó antes que defender los intereses de Asturias, sostienen exactamente aquello que rechazaban.
No es una cuestión de interpretación política. Es la realidad.
Breve historia política de la Asturias reciente
En 2011 Francisco Álvarez-Cascos inició un proyecto político junto con un grupo de asturianos que vimos en él la fuerza y las cualidades humanas e intelectuales para levantar una Asturias que se estaba aletargando. En tres meses, con su proyecto, ganamos unas elecciones y fue elegido presidente de Asturias.
Pero, como ocurre desgraciadamente en la política de última generación, no sirve que el partido más apoyado por los ciudadanos gobierne; lo importante para los grupos políticos es mantener un equilibrio inestable que no les tire del sillón.
Así, de la misma manera que en este momento son capaces de pactar Junts y PNV con Bildu, Sumar, Esquerra y Podemos para que no caiga el PSOE de Pedro Sánchez, en aquel momento se unieron el PSOE y el PP en el llamado «pacto del duernu» para tirar abajo un gobierno legítimo y, durante un año, no le permitieron abordar ninguno de los proyectos que llevaba en su programa, incluidos los presupuestos del siguiente año. En nueve meses fueron capaces de votar 25 veces juntos y en contra del nuevo proyecto, a pesar de su discordancia.
Uno de los asuntos fundamentales en el programa del nuevo partido que ganó las elecciones era impedir que el proyecto original de la Variante fuese desvirtuado. Su posición era clara: mantener el ancho internacional previsto desde el principio para integrar Asturias en la red ferroviaria europea, favorecer el transporte de mercancías, hacer competitivos nuestros puertos y evitar que la región quedara convertida en una isla ferroviaria.
La Variante de Pajares: el proyecto que nació mirando a Europa
Solo hay que tirar de un hilo de la hemeroteca para encontrar muchos datos.
La necesidad de una nueva conexión ferroviaria entre Asturias y la Meseta era conocida desde hacía décadas. La rampa de Pajares, inaugurada en 1884, presentaba fuertes pendientes, numerosos túneles y limitaciones para el transporte de viajeros y mercancías. El gran impulso llegó con Francisco Álvarez-Cascos como ministro de Fomento entre 2000 y 2004.
En 2001 presentó oficialmente la Variante de Pajares como parte de la futura línea de alta velocidad León-Gijón, integrada en la red europea de alta velocidad.
El proyecto fue diseñado con los estándares europeos y la elección del ancho internacional respondía al criterio aplicado en todas las nuevas líneas españolas de alta velocidad, buscando la interoperabilidad con Europa y la continuidad con la línea Madrid-León, también construida en ancho internacional. Las obras comenzaron en 2004.
Los gobiernos posteriores y el cambio del proyecto
Tras la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno, los ministros de Fomento fueron Magdalena Álvarez y José Blanco.
Durante esta etapa, la obra sufrió retrasos y aumentos de costes, aunque el objetivo seguía siendo mantener el ancho internacional previsto inicialmente.
Con Mariano Rajoy en el Gobierno, Ana Pastor continuó las obras dentro de un contexto de fuertes restricciones presupuestarias.
Pero el giro decisivo llegó con Íñigo de la Serna. En 2017, el Ministerio decidió modificar el planteamiento original para acelerar la entrada en servicio de la Variante.
El nuevo esquema consistía en:
- Una vía en ancho ibérico.
- Otra vía con tercer carril o ancho mixto.
El argumento oficial era que Asturias mantenía toda su red ferroviaria interior en ancho ibérico y que abrir la Variante únicamente en ancho internacional impediría el paso de mercancías y de numerosos trenes convencionales.
El PSOE y la descalificación del proyecto original
Durante los años posteriores, distintos responsables socialistas defendieron públicamente esa modificación.
La entonces presidenta de ADIF, Isabel Pardo de Vera, afirmó en 2023 que mantener el ancho internacional había sido una «obsesión» de Francisco Álvarez-Cascos y sostuvo que implantarlo completamente habría supuesto un coste adicional cercano a 1.200 millones de euros.
No obstante, en mi opinión, el Gobierno de Mariano Rajoy fue el que más influyó en la lapidación del proyecto original que unía Asturias con Europa, arropado —y bien arropado— por el PSOE, especialmente por el PSOE asturiano.
De esta manera, el diseño original fue presentado como un capricho personal cuando, en realidad, respondía exactamente al modelo ferroviario europeo para el que había sido concebida la infraestructura.
La inauguración del mal llamado AVE a Asturias
La Variante de Pajares fue inaugurada el 29 de noviembre de 2023 por el rey Felipe VI y el presidente Pedro Sánchez.
Desde el PSOE y desde el Ministerio se insistió en que lo importante era abrir cuanto antes la infraestructura, aunque ello supusiera renunciar inicialmente al esquema íntegro de ancho internacional. El PSOE necesitaba propaganda política para tapar las tropelías de sus pactos para formar el Gobierno Frankenstein.
El ministro Óscar Puente, el político más tuitero de España, no podía perder la ocasión de salir en la foto y difundirlo, aunque ello supusiera hacer un gueto ferroviario de Asturias.
Es cierto que, gracias a los titulares de la prensa asturiana, adepta al régimen que más subvenciones proporcione en cada momento, mucha gente compró la noticia y aplaudió que llegara el mal llamado «AVE» a Asturias, sin hacer ninguna reflexión sobre las consecuencias de no haber instalado el ancho internacional.
Quince años después, la realidad desmonta el relato
Quince años después, la realidad ha desmontado el relato y llegó el tiempo. Ese juez que nunca vota, nunca milita y nunca necesita ruedas de prensa.
En estos últimos días, La Nueva España publicó amplios reportajes cuyo propio titular resulta demoledor:
«Clamor asturiano contra Puente al descartar instalar el ancho europeo».
Pero lo verdaderamente importante no es el titular. Lo verdaderamente importante es quiénes protagonizan ahora ese clamor.
El presidente Adrián Barbón afirma que «la posición del Principado es defender el ancho europeo tanto en España como en Europa», y lo hace sin pudor ninguno y sin ponerse «colorao».
El presidente del PP asturiano, Álvaro Queipo, sostiene que «pretenden condenarnos a quedar fuera de la integración ferroviaria en el corredor». Otro que debería pedirle explicaciones a su compañero de partido, Mariano Rajoy, y, si no conoce la historia, que le pregunte al diputado traicionero de aquel proyecto, que fue capaz, junto con la alcaldesa de Gijón, de mancillar y robar sus siglas, las cuales no soy capaz de nombrar en este momento por respeto a todos los que realmente queríamos levantar Asturias. Me temo que juntos no llegarán a nada, como siempre, aunque esto también forma parte del «pacto del duernu».
Por otra parte, FADE denuncia un nuevo obstáculo para la integración de Asturias. Las Cámaras de Comercio alertan del perjuicio económico. Los empresarios hablan de agravio. Todos ellos defienden exactamente aquello que durante más de una década rechazaron cuando lo planteaba Francisco Álvarez-Cascos.
Las preguntas que resultan inevitables y nadie quiere responder
- ¿Dónde estaban entonces?
- ¿Por qué, cuando Cascos advertía de que renunciar al ancho europeo supondría hipotecar el futuro ferroviario de Asturias, apenas encontró respaldo político, institucional o empresarial?
- ¿Por qué quienes hoy hablan de competitividad guardaron silencio cuando todavía era posible evitar este desenlace?
- ¿Por qué quienes hoy exigen integración europea fueron incapaces de defenderla cuando el proyecto podía mantenerse intacto?
En resumen, resulta difícil no preguntarse cuántos años se habrían ahorrado y cuántos cientos de millones podrían haberse evitado si quienes hoy reclaman el ancho europeo hubieran levantado la voz cuando todavía era posible corregir el rumbo. Porque ese es el verdadero drama.
No se trata únicamente de reconocer que Cascos tenía razón en el diagnóstico. Se trata de admitir que la razón llegó demasiado pronto para una clase política más preocupada por destruir al adversario que por defender los intereses permanentes de Asturias.
El sectarismo tuvo un precio muy grande que pagó Asturias. El PSOE y el PP mantienen en esta región una cómoda política de consenso en la que la confrontación desaparece cuando se trata de cuestionar decisiones del Gobierno central. Mientras tanto, Asturias acepta resignadamente perder oportunidades que otras comunidades sí defienden con firmeza.
La ironía resulta devastadora
En resumen: la ironía resulta devastadora.
La historia de la Variante de Pajares termina siendo también la historia de una oportunidad perdida por sectarismo político. Porque cuesta encontrar una explicación técnica que justifique el rechazo durante tantos años al proyecto original.
La explicación política parece mucho más sencilla: había que oponerse a Francisco Álvarez-Cascos, incluso cuando defendía una infraestructura concebida precisamente bajo su mandato como ministro de Fomento. Y quizá esa sea la conclusión más amarga de todas.
Asturias perdió un tiempo precioso no porque faltaran voces advirtiendo del problema, sino porque, durante demasiado tiempo, algunos prefirieron llevar la contraria al que probablemente haya sido el ministro de Fomento que más transformó las infraestructuras españolas antes que reconocer que, en esta ocasión, estaba defendiendo el futuro ferroviario de Asturias.
Porque el tiempo, al final, pone a cada uno en su sitio. Y, en el caso de la Variante de Pajares, ha dejado al descubierto algo mucho más grave que un error técnico: ha evidenciado la pobreza política de quienes sacrificaron el futuro de Asturias por el simple objetivo de impedir que Francisco Álvarez-Cascos pudiera tener razón. Esa es la verdadera factura que aún sigue pagando esta tierra.

Licenciada en Químicas
Profesora jubilada de intitutos.
