Cuando las sirenas canten, atadme al mástil. Y, por mucho que os lo suplique, no me desatéis.
Homero
Christopher Nolan ha decidido llevar de nuevo La Odisea al cine. No podía haber elegido un momento más oportuno pues nunca como ahora el poema de Homero había resultado tan contemporáneo.
Todos podríamos recordar, al menos vagamente, al cíclope Polifemo, a Circe, a Poseidón, a Escila y Caribdis, a las sirenas o a Penélope esperando durante veinte años. Sin embargo, solemos olvidar que La Odisea no es un libro de aventuras, es un tratado sobre la naturaleza humana, sobre la facilidad con la que confundimos el deseo con la realidad y las promesas con el destino.
Mientras veía anunciarse la película pensé que Nolan se había equivocado de escenario.
No hacía falta rodarla en el Mediterráneo ya que podría haberla filmado perfectamente en Asturias.
Porque llevamos medio siglo realizando exactamente el mismo viaje y solo cambian los decorados.
Las sirenas ya no cantan en griego
Las sirenas de Homero eran inteligentes y nunca prometían imposibles. Simplemente prometían exactamente aquello que el navegante deseaba escuchar.
Las nuestras hacen exactamente lo mismo, solo que ya no cantan en griego clásico, ahora utilizan un castellano políticamente correcto o, sobre todo, un inglés extraordinariamente moderno.
Cluster, Hub, Living Lab, Innovation Valley, Smart Region, Hydrogen Valley, scale-up, Deep Tech, Defence Hub, Net Zero.
La melodía cambia cada legislatura, pero el mecanismo nunca.
Hace años empezamos con la Calidad y sus Círculos, su Calidad Total, su EFQM, con la Innovación, nos sedujeron los parques tecnológicos, después llegaron los viveros empresariales, más tarde los centros de innovación, luego los polos de excelencia, los clústeres, las plataformas estratégicas y los hubs.
Después el hidrógeno verde, la economía azul y la transición energética.
Ahora la inteligencia artificial y los centros de datos.
Y la defensa.
Dentro de unos años será la computación cuántica, o la minería espacial, el primer clúster asturiano de colonización marciana, o la extracción de helio-3 en la Luna, los corredores de inteligencia artificial bioinspirada o el hidrógeno azul celeste con denominación de origen protegida.
Da exactamente igual.
Lo importante nunca ha sido el proyecto sino el relato.
Eolo y la bolsa de los fondos europeos
En La Odisea, Eolo entregó a Ulises una bolsa que contenía todos los vientos y solo había que abrirla en el momento adecuado.
Sus marineros, convencidos de que escondía un tesoro, la abrieron antes de tiempo y el viento los devolvió al punto de partida.
¿No recuerda demasiado a nuestra relación con los fondos europeos? Cada generación ha recibido su propia bolsa de Eolo: Fondos Mineros, Programas de Reindustrialización, Fondos FEDER, Next Generation, PERTE.
Cada uno presentado como la última oportunidad histórica y acompañado por miles de páginas, oficinas específicas, consultoras especializadas, jornadas divulgativas, observatorios y una producción industrial de PowerPoints difícilmente igualable; sin embargo, cuando pasa la tormenta, seguimos preguntándonos por qué el barco continúa prácticamente en el mismo sitio.
Quizá el problema nunca estuvo en el viento y solo estaba en la tripulación.
Los nuevos argonautas
En Asturias existe una fauna empresarial extraordinariamente adaptativa y no es una crítica sino casi una maravilla evolutiva.
Empresas que hace un año hablaban exclusivamente de eólica marina descubren hoy una profunda vocación por la defensa, las que ayer organizaban congresos sobre turismo sostenible ahora lideran la revolución de la inteligencia artificial, las que nunca fabricaron un componente relacionado con el hidrógeno elaboran memorias técnicas capaces de convencer al más escéptico.
No fabrican únicamente productos, más bien fabrican oportunidades.
El mercado cambia, la convocatoria cambia, la subvención cambia, la memoria cambia, pero los protagonistas permanecen.
Darwin estaría fascinado.
Circe y el hechizo de la subvención
Circe convertía hombres en animales.
Nuestra Circe regional convierte empresarios en expertos en convocatorias y no porque sean peores empresarios sino porque el ecosistema acaba premiando determinados comportamientos.
Cuando una empresa obtiene más rentabilidad dedicando semanas a preparar expedientes administrativos que buscando nuevos clientes, el sistema empieza a enviar señales peligrosas.
Poco a poco dejamos de competir por vender más; más bien competimos por encajar mejor en la siguiente línea de ayudas.
No es corrupción. Es algo mucho más sutil. Es selección natural.
El reino de las fundaciones
Los griegos levantaban templos y nosotros levantamos fundaciones, consorcios, observatorios, plataformas y mesas sectoriales, oficinas técnicas, comités de seguimiento, consejos asesores, cátedras y laboratorios de ideas.
Todo perfectamente organizado y presentado. Todo extraordinariamente fotografiable.
Mientras tanto, uno empieza a preguntarse si no hemos desarrollado una cierta hipertrofia institucional pues resulta llamativo que una comunidad autónoma de apenas un millón de habitantes pueda mantener semejante densidad de organismos, fundaciones, consorcios, patronatos, sociedades públicas y entidades de apoyo.
Y no porque sobren necesariamente sino porque cuesta encontrar una evaluación rigurosa de cuántas realmente han cumplido el propósito para el que fueron creadas.
Penélope administra Asturias
Penélope tejía durante el día y destejía por la noche y no era un pasatiempo; más bien era una estrategia para retrasar el desenlace.
Nuestra Administración también teje.
Cada legislatura reorganiza competencias, cambia nombres, fusiona consejerías, crea direcciones generales, las suprime, las recupera, renombra planes, actualiza estrategias y presenta nuevos mapas de gobernanza.
Y cuando termina el ciclo… vuelve a empezar.
No importa quién gobierne pues Penélope siempre encuentra un nuevo telar.
Telémaco ya no espera
Hay un personaje de La Odisea del que apenas se habla: Telémaco, el hijo de Ulises.
Representa a una generación obligada a crecer esperando. Esperando que su padre vuelva, a que termine la incertidumbre, a que alguien tome decisiones.
Pero nuestros Telémacos tienen otro destino y no esperan. Se marchan: ingenieros, médicos, investigadores, técnicos, programadores, emprendedores.
Muchos encuentran su Ítaca en Madrid, Bilbao, Múnich, Dublín o Róterdam.
La mayor fuga de talento no siempre hace ruido; simplemente deja sillas vacías.
Polifemo
Siempre culpamos al mercado, a China, a Bruselas, a Irán, a Trump, al precio de la energía, pero pocas veces hablamos de uno de los verdaderos cíclopes: la burocracia.
Ese gigante de un solo ojo que todo lo observa, que exige certificados, subsanaciones, informes, nuevos informes, declaraciones responsables, autorizaciones, evaluaciones DNSH y contrainformes.
Y, mientras tanto, el calendario industrial sigue avanzando. Polifemo nunca tiene prisa, pero las empresas sí.
Escila y Caribdis
La industria asturiana navega entre dos monstruos.
Escila representa la competencia global y Caribdis simboliza nuestros propios problemas estructurales: costes energéticos, envejecimiento demográfico, burocracia, infraestructuras pendientes e incertidumbre regulatoria.
Es difícil atravesar el estrecho cuando ambos monstruos atacan simultáneamente.
El canto de la defensa
La última melodía o canto de sirena llega con uniforme: la defensa.
Se habla de convertir a Indra en un gran campeón nacional mediante adquisiciones y la integración de capacidades industriales.
Se anuncian nuevos polos, nuevas oportunidades y nuevos ecosistemas.
Empresas que jamás habían trabajado para este mercado comienzan a explorar legítimamente esa posibilidad.
Nada hay que objetar a diversificar pues la cuestión es otra: ¿estamos construyendo una industria o simplemente otro relato?
La historia reciente aconseja prudencia, porque Asturias acumula excelentes presentaciones institucionales.
Pero carece de evaluaciones ex post.
Hefesto
Curiosamente, el gran ausente de nuestro relato es Hefesto.
El dios herrero, el que fabrica, el que transforma el metal en riqueza, el que convierte la técnica en prosperidad.
Durante décadas Asturias fue profundamente hefestiana: altos hornos, astilleros, química, metalurgia y fabricación.
Hoy seguimos hablando mucho de innovación y quizá menos de producción y, sin ella, no existe innovación que pueda sostenerse indefinidamente.
Atenea
Frente al ruido aparece Atenea, la diosa de la sabiduría, de la inteligencia práctica; nunca prometía milagros, ni ofrecía atajos, solo insistía en la planificación, la prudencia y la constancia.
Probablemente sería la peor directora de campaña imaginable, pero seguramente la mejor consejera de Industria porque la misma nunca se construye en una legislatura, ni en un titular ni en un congreso.
Se construye durante décadas.
Sísifo también pidió la palabra
Aunque no aparezca en La Odisea, resulta imposible no acordarse de Sísifo.
Empujamos una enorme piedra llamada «plan estratégico».
Cuando parece llegar a la cima… cambian las prioridades: nuevo plan, nuevo nombre, nuevo logotipo, nueva consultora, nueva estrategia.
Y volvemos al pie de la montaña.
El mástil
Ulises era el único que sabía que acabaría cayendo y por eso pidió ser atado antes de escuchar.
Esa es la gran lección política y económica que Homero nos dejó hace casi tres mil años: no consiste en dejar de escuchar, consiste en diseñar instituciones capaces de resistir la seducción del corto plazo.
Asturias necesita un mástil, una política industrial estable, evaluaciones independientes, menos anuncios, más indicadores, menos inauguraciones, más fábricas, menos PowerPoint, más producción, menos épica, más acero.
Porque las sirenas volverán; de hecho, siempre vuelven.
En 2027 cantarán otra melodía, quizá cuántica, quizá espacial, quizá biotecnológica, quizá una tecnología cuyo nombre todavía desconocemos.
Y volverán a prometernos que ahora sí hemos encontrado la nueva Ítaca.
Cuando llegue ese momento, no hará falta taparse los oídos, solo bastará con recordar a Homero, atarnos al mástil y preguntar, con toda la ironía que permite la experiencia acumulada de varias décadas:
¿Dónde está Hefesto?
Porque mientras las sirenas cantan, mientras Poseidón agita el mar, mientras Polifemo vigila, mientras Penélope desteje, mientras Telémaco hace la maleta y mientras Sísifo vuelve a empujar la piedra, alguien debería seguir haciendo aquello que convirtió a Asturias en una potencia industrial.
Fabricar.
Porque, al final, las sirenas nunca construyeron un solo barco.
Solo consiguieron que muchos cambiaran de rumbo.

Consultor empresarial.
Germánico en organización, perseverante en las metas, pragmático en soluciones y latino en la vida personal.
¿Y por qué no?
