Artículo elaborado con el asesoramiento del Equipo Industria de Asturias Liberal
La Nueva España, en un nuevo alarde de publicidad contraria a su deber de informar de la veracidad de los anuncios, presentó la creación de Windar Defense Systems como el «posicionamiento» de la compañía para captar contratos militares, pero crear una sociedad que se apellide Defense no significa estar posicionado en Defensa.
Nada se sabe de contratos adjudicados, productos definidos, clientes identificados, plantilla específica, inversión militar, homologaciones PECAL/AQAP ni habilitaciones para manejar información clasificada.
Curvar chaponas no es fabricar blindados
Windar posee capacidades industriales importantes en grandes estructuras eólicas, pero conviene no confundirlas con las necesarias para diseñar e integrar sistemas militares. Su fortaleza consiste esencialmente en curvar «chaponas» con enorme solvencia industrial, mediante procesos repetitivos, grandes tonelajes y una elevada automatización.
Eso no equivale a diseñar un blindado con motores, transmisiones, sistemas hidráulicos, electrónica, sensores, protección balística y pruebas funcionales destinadas a evitar que un fallo industrial acabe costando vidas, ataúdes y funerales de Estado. La diferencia no reside solamente en las tolerancias o en los materiales: Windar fabrica estructuras gigantescas en series relativamente amplias, mientras Defensa produce sistemas complejos en series cortas.
Y para esto último ya existe en Asturias Santa Bárbara con más de 20 años de experiencia en vehículos de tierra.
Tampoco una torre cilíndrica se convierte mágicamente en un depósito militar. Los depósitos requieren cálculos específicos, normas API, UNE o ASME, pruebas de estanqueidad, instrumentación, protección contra incendios y fabricantes homologados; una pecera industrial y un submarino también contienen agua, pero hasta ahí llega el parecido.
Una subvención eólica no puede vestirse de uniforme
Existe, además, un obstáculo jurídico insoslayable. Windar New Structures y Dacero Offshore recibieron una ayuda máxima de 27,15 millones de euros para una inversión subvencionable cercana a 140 millones y la creación de 340 empleos, dentro de un proyecto destinado expresamente a fabricar monopiles XXL para turbinas eólicas.
La inversión, la actividad y el empleo deberán mantenerse durante cinco años. La fábrica subvencionada no puede migrar directamente hacia Defensa sin desnaturalizar una ayuda concedida por el Fondo de Transición Justa; Windar podrá aprovechar conocimientos y cualificación técnica, o financiar separadamente un proyecto militar, pero no convertir una subvención renovable en trampolín castrense.
Si Windar es en lo que piensa y si, además, especula con la posibilidad de un favor del Gobierno, sería contraviniendo la ley tanto aquella como éste.
Asturias: anunciar antes de tener
El episodio reproduce un patrón asturiano demasiado conocido: detectar pronto, anunciar pronto, ejecutar tarde o nunca, y controlar poco. En febrero ya lo advertíamos en Asturias Liberal, al analizar la alianza Zima-Dajin: Asturias vio antes que muchas regiones la oportunidad de la eólica marina, pero nunca consiguió sincronizar mercado, pedidos, suelo, puerto, financiación y calendario.
Y el Gobierno del Principado, ausente de su deber de coordinar, apoyar, ordenar y facilitar.
Tal y como informamos, Zima consiguió terreno y un socio chino, pero todavía debe convertir el memorando en industria; y Windar dispone de concesión, subvención y titulares, pero carece públicamente de una cartera capaz de ocupar la capacidad prometida.
Por si esto fuera poco, Windar está controlada por Bridgepoint, un fondo que no sabe ni qué son Asturias, Avilés o los talleres y capacidades presentes en la región. No es una acusación moral, sino la lógica del capital: cuando los números no salen, la producción se dirige hacia los territorios con pedidos, menores costes o mejores condiciones. Y esas condiciones son los gobiernos, regional y nacional, quienes tienen deber de coordinar y facilitar.
Asturias conserva las naves, los trabajadores y los proveedores, pero las decisiones estratégicas se adoptan fuera. Peor aún sería confirmar que algunos talleres auxiliares invirtieron, reservaron capacidad y renunciaron a otros clientes confiando en futuras cargas de Windar: cuando desaparecen los pedidos, la empresa tractora puede reorganizarse, pero el pequeño proveedor comprometido con el proyecto conserva la maquinaria, la deuda y los trabajadores.
Y los asturianos podemos ser ninguneados, engañados alguna vez, pero sufrir el interminable ciclo de recurrente de anuncio, ilusión y decepción acaba recordando al ratón energético en la rueda del eterno retorno de la burla.
Del desorden eólico al descontrol de Defensa
Windar pretende desembarcar precisamente en una industria nacional de Defensa que lleva demasiado tiempo confundiendo presupuestos con capacidades industriales reales. Desde hace un año, Asturias Liberal viene siguiendo el intento de convertir a Indra en campeona nacional mediante adquisiciones, alianzas, anuncios y plantas pendientes de demostrar qué fabricarán realmente, cuándo lo harán y con qué resultados.
El programa del VCR 8×8 Dragón, coordinado por Indra en el consorcio Tess Defence, resume ese descontrol: casi dos décadas de vicisitudes, miles de millones comprometidos, rediseños, sustituciones tecnológicas y retrasos que parecen no encontrar nunca su fecha final. Algo semejante amenaza con suceder en otros proyectos articulados alrededor de Indra, donde la proclamación de una campeona nacional precede nuevamente a la consolidación de una verdadera capacidad fabril.
El contraste de Figueruelas
El contraste con la gigafactoría de la automotriz Stellantis y CATL en Figueruelas, Zaragoza, resulta esclarecedor. Allí existen desde el principio cliente, producto, tecnología, capital, fábrica automovilística y demanda; después llegan los permisos, las obras y la ampliación de la cadena de valor.
Aquí acostumbramos a conceder suelo, ayudas y titulares y, solo después, preguntamos qué se fabricará, para quién y con qué pedidos. No se trata de impedir que Windar entre en Defensa; ojalá lo consiga, pero antes de proclamar otro polo estratégico debería responder cinco preguntas elementales: qué producto, qué cliente, qué contrato, qué homologación y qué inversión separada.
Lo demás no es política industrial. Es ponerle uniforme al siguiente anuncio.

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
