Hay una cosa que en Asturias hacemos extraordinariamente bien: descubrir sectores súper-mega-híper estratégicos.
No importa demasiado que existan ya empresas, universidades, centros tecnológicos, organismos públicos, asociaciones empresariales, cámaras, clústeres, plataformas, hubs o programas trabajando sobre algo parecido.
Si aparece una nueva tendencia, nosotros somos capaces de crear otra estructura para impulsarla.
Porque en Asturias no basta con tener una actividad industrial, hay que tener una plataforma para impulsarla, un clúster para dinamizarla, un hub para conectarla, una cátedra para estudiarla, un observatorio para analizarla y, si queda presupuesto, un pabellón para presentarla.
Y si ya existe todo eso, no pasa nada, se crea otro.
Es lo que podríamos denominar el MADE in Asturias (Modelo Asturiano de Duplicidad Estratégica).
Un modelo basado en una idea sencilla: si una iniciativa es buena, dos iniciativas son mejores; y si tres organismos hacen aproximadamente lo mismo, entonces tenemos un ecosistema.
Ahora llega el sector aeroespacial y llega, además, por todo lo alto.
No nos conformamos con mirar hacia arriba. Eso sería demasiado terrenal.
Primero tuvimos la defensa y ahora tenemos la defensa planetaria porque, puestos a proteger algo, ¿para qué limitarse al territorio nacional cuando podemos proteger también el sistema solar?
La Universidad de Oviedo trabaja en un futuro “hub aeroespacial” asentado precisamente en un proyecto internacional de “defensa planetaria”, y plantea además crear un ecosistema de industria aeroespacial en Asturias.
Uno lee la noticia y no sabe si está ante una estrategia industrial, un proyecto científico o el argumento de la próxima película de la saga Star Wars.
Y ahí aparece la pregunta inevitable: ¿No deberíamos empezar por conquistar el planeta Asturias antes de defender otros?
Porque la cuestión no es que la defensa planetaria sea mala idea. Todo lo contrario. La investigación espacial, la observación de objetos próximos a la Tierra, la astronomía, los sistemas de detección y las tecnologías aeroespaciales son campos de enorme interés científico y tecnológico.
El problema es otro y es que en Asturias tenemos una cierta tendencia a saltar directamente al nombre de moda sin haber construido todavía la escalera.
Hace cuatro días hablábamos de industria 4.0. Luego llegaron el hidrógeno y la transición energética, por el medio los clústeres, los hubs, los ecosistemas y ahora… Lo aeroespacial.
Y mañana, si el viento sopla favorablemente, tendremos inteligencia artificial cuántica para descarbonizar el metaverso industrial; todo ello, obviamente, con su correspondiente plataforma.
El gran problema asturiano: ¿cuántas veces necesitamos organizar lo mismo?
Aquí conviene detenerse en una cuestión bastante más seria que la broma y es que Asturias tiene un problema histórico de fragmentación de iniciativas y no necesariamente porque las instituciones no trabajen, ni porque falten personas capaces sino porque demasiadas veces la respuesta ante una nueva oportunidad consiste en crear otra estructura de coordinación, en lugar de reforzar, integrar o especializar las que ya existen.
- ●Y entonces empiezan las duplicidades.
- ●Hidrógeno: dos plataformas y/o clústeres.
●Energía: otros dos.
●Construcción: otros dos.
●Cámaras de Comercio: tres.
●Pabellones para eventos: tres o más.
●Campus: tres.
●Defensa: de momento, uno. - ●Y ahora empieza la fiesta aeroespacial.
Automoción, drones, espacio, tecnologías duales, ciberseguridad…Ya veremos. - ●Porque en Asturias nunca hay que descartar que una misma empresa pueda acabar perteneciendo simultáneamente a cuatro ecosistemas, tres plataformas, dos clústeres y una iniciativa transversal y todos ellos, por supuesto, tendrán como objetivo “generar sinergias”.
Creo sinceramente que la palabra sinergia debería cotizar en Bolsa en Asturias y sería nuestro verdadero recurso natural.
El caso de la Defensa es especialmente interesante
Porque aquí aparece una contradicción bastante llamativa pues de un tiempo a esta parte estamos descubriendo ahora la importancia estratégica de la industria de defensa.
Y tiene sentido.
Europa está aumentando su inversión en defensa, se están movilizando grandes programas industriales y España pretende aprovechar esa inversión para desarrollar capacidades propias, generar empleo cualificado y fortalecer cadenas de suministro.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos:
¿Existe en Asturias suficiente conocimiento especializado en gestión de la industria de defensa?
Y no me refiero a saber fabricar una pieza metálica, ni a tener buenos ingenieros, ni a que una empresa asturiana pueda ser proveedor de una compañía del sector.
Me refiero a entender cómo funciona realmente la industria de defensa.
Porque defensa no es simplemente “industria, pero con uniforme”.
Tiene una regulación específica, unos procesos de contratación particulares, unos ciclos de producto larguísimos, requisitos de seguridad, certificaciones, relaciones con las Fuerzas Armadas, programas internacionales, exportaciones sometidas a controles específicos, propiedad intelectual, requisitos de soberanía tecnológica, cadenas de suministro estratégicas y una relación muy particular entre Estado, industria, tecnología y seguridad nacional.
Por eso resulta llamativo que cuando hablamos de aeroespacial aceptemos inmediatamente que hace falta formación específica, mientras que en defensa todavía parece que cualquiera con un MBA, tres jornadas empresariales y una tarjeta de visita con la palabra “estrategia” pueda ponerse a gestionar el asunto.
No parece razonable y aquí conviene reconocer algo importante.
La propia EOI lleva años defendiendo la necesidad de una formación especializada para el sector aeroespacial. Su Aerospace MBA está específicamente orientado a profesionales del sector y combina formación general de gestión con especialización aeroespacial y proyectos tutorizados por profesionales de la industria.
Es decir: para gestionar aeroespacial necesitamos especialistas.
Perfecto y entonces surge inmediatamente otra pregunta:
¿Y para gestionar defensa no?
¿La industria aeroespacial es tan particular que necesita un MBA específico, pero la defensa puede gestionarse con conocimientos genéricos?
¿O es que estamos aceptando que cualquiera puede trabajar en Defensa simplemente porque tiene experiencia industrial?
Porque si la respuesta es esta última, estamos confundiendo una cosa con otra y eso, nos puede salir bastante caro.
Aeroespacial no es defensa y defensa no es aeroespacial
Aquí aparece otra tentación asturiana: meterlo todo en el mismo saco porque queda muy bien en una presentación.
“Aeroespacial, defensa, seguridad, drones, satélites, inteligencia artificial, movilidad avanzada…”
Todo junto, estratégico, transversal, disruptivo, con muchísimo potencial y, a ser posible, dentro del mismo hub.
Pero una cosa es que existan tecnologías y capacidades compartidas y otra muy distinta que los mercados, clientes, regulaciones y modelos de negocio sean los mismos.
Y no lo son.
●La industria aeroespacial tiene sus particularidades.
●La defensa tiene las suyas.
●El espacio tiene las suyas.
●La industria de drones (por poner un ejemplo) tiene otras.
●Y las tecnologías duales tienen precisamente la peculiaridad de estar entre dos mundos.
Por eso la pregunta debería ser menos “¿qué nombre ponemos al nuevo hub?” y mucho más:
¿qué capacidades concretas queremos construir?
Porque un hub no es una estrategia; es, como mucho, una herramienta.
Y llegamos a la defensa planetaria
Aquí la imaginación asturiana alcanza su máxima expresión porque no nos servía solamente con posicionarnos en defensa.
No. Había que ir más lejos. Mucho más lejos. Allí “alantrones”: Defensa planetaria.
La Universidad de Oviedo vincula el futuro hub aeroespacial a un proyecto internacional de defensa planetaria y al uso de un telescopio del Observatorio del Teide.
Y uno no puede evitar pensar:
¿No estaremos empezando por el capítulo 17 cuando todavía estamos escribiendo el prólogo?
¿No estaremos elucubrando sobre integrales triples cuando aún debemos aprender a sumar y restar?
Porque antes de defender la Tierra de asteroides quizá podríamos desarrollar capacidades industriales para fabricar aquí tecnología espacial.
Antes de construir sistemas para detectar amenazas cósmicas, quizá deberíamos consolidar empresas capaces de fabricar sensores, electrónica, estructuras, software, sistemas de comunicaciones, sistemas autónomos o componentes para aeronaves y satélites.
Antes de convertir Asturias en potencia de defensa planetaria, podríamos intentar convertirla, por ejemplo, en potencia de drones (por decir algo y sin fundamento que lo soporte) y esto último, además, tiene una ventaja: los drones ya existen. No hace falta esperar a que llegue un asteroide.
Los drones tienen aplicaciones militares y civiles inmediatas: inspección industrial, energía, emergencias, agricultura, seguridad, vigilancia, logística, cartografía, infraestructuras y defensa.
●Es un auténtico sector dual. Y precisamente ahí quizá pueda estar una de las grandes oportunidades.
●Mientras nosotros hablamos de ecosistemas aeroespaciales, en otras partes se están construyendo capacidades industriales concretas.
León, por ejemplo, está avanzando en sistemas no tripulados: el Ministerio de Defensa respaldó en enero de 2026 el proyecto de Indra y EDGE para desarrollar y fabricar municiones merodeadoras y sistemas inteligentes en León y Valladolid.
Y tampoco hace falta irse muy lejos para comprobar que el mercado de drones está dejando de ser una promesa para convertirse en industria: empresas del sector están captando inversión para aplicaciones tanto energéticas como de defensa.
Es decir: el futuro ya está volando. Y no precisamente por el espacio.
Y nosotros estamos pensando en cómo organizar una comisión para estudiar la posibilidad de constituir una plataforma que analice la conveniencia de crear un ecosistema de agentes interesados en estudiar el potencial de un hub de tecnologías aeronáuticas emergentes.
Que tampoco está mal pero mientras tanto, el dron ya ha despegado.
HUB ACME
Llegados a este punto, sólo queda una propuesta: si vamos a hacerlo, hagámoslo bien. Olvidemos los nombres aburridos.
Nada de “Asturias Aerospace Innovation Hub” pues es demasiado convencional.
Nada de “Asturias Space & Defence Ecosystem” pues suena demasiado a inglés.
Propongo un nombre con identidad propia: HUB ACME (Asturias Cohetería Muy Experimental)
Porque además conecta perfectamente con nuestra tradición.
Los cohetes de Cuatro Caminos.
La diferencia es que aquellos tenían la ventaja de que, si no despegaban, al menos sabíamos dónde habían quedado.
El nuevo hub, en cambio, aspira directamente a la defensa planetaria y, por tanto, conviene que alguien controle la trayectoria.
El peligro de convertir la estrategia industrial en una colección de siglas
Este es, probablemente, el verdadero asunto: Asturias no necesita necesariamente más estructuras; necesita más concentración. Necesita decidir dónde quiere jugar y, sobre todo, dónde puede ganar.
Porque una región industrial de tamaño limitado no puede pretender ser líder mundial simultáneamente en hidrógeno, energía, defensa, aeroespacial, espacio, automoción, construcción, inteligencia artificial, semiconductores, movilidad, biotecnología, drones, computación cuántica y, si queda algún hueco, fabricación de instrumentos musicales.
La política industrial también consiste en decir: esto sí; esto no; esto todavía no; y esto lo hacemos con otros. Y esa es probablemente la parte más difícil.
Porque inaugurar un hub es relativamente sencillo. Pero mantenerlo con empresas, proyectos, inversión privada, empleo cualificado, exportaciones y resultados es bastante más complicado.
La gran pregunta no es cuántos hubs tenemos
La pregunta es: ¿Cuántas empresas nuevas han nacido gracias a ellos?
●¿Cuántos productos se han desarrollado?
●¿Cuántas patentes?
●¿Cuántos contratos internacionales?
●¿Cuántos empleos altamente cualificados?
●¿Cuánto capital privado?
●¿Cuántas pymes han entrado en cadenas de suministro?
●¿Cuánto ha aumentado la productividad?
●¿Cuántas empresas asturianas venden fuera?
Ahí es donde debería estar el contador.
No en el número de convenios firmados, ni en el número de asistentes a una jornada, ni en las fotografías institucionales, ni en la cantidad de veces que aparece la palabra “ecosistema”.
Porque un ecosistema industrial sin empresas competitivas es simplemente jardinería institucional. Y Asturias ya tiene suficientes jardines.
Especialización sí. Especialización de verdad.
La Universidad de Oviedo habla de “especialización inteligente” y señala que su estrategia ya se ha traducido en nueve hubs de conocimiento, 22 cátedras institucionales y 17 de empresa, además de centenares de proyectos de investigación y numerosos proyectos europeos.
Todo eso puede ser perfectamente valioso pero precisamente por eso habría que exigir que la palabra especialización signifique algo.
Especializarse no consiste en ponerle un apellido tecnológico a todo sino que consiste en elegir.
Y quizá Asturias debería preguntarse si su oportunidad aeroespacial está realmente en fabricar cohetes.
●O en desarrollar tecnología para drones.
●O en sensores.
●O en materiales.
●O en electrónica de potencia.
●O en sistemas autónomos.
●O en software.
●O en observación de la Tierra.
●O en componentes para grandes fabricantes.
●O en defensa.
●O en tecnologías duales.
●O en una combinación muy concreta de varias de ellas.
Eso requiere estrategia industrial y ésta exige, a veces, una cosa extraordinariamente revolucionaria: sentarse, analizar capacidades reales y decidir.
No crear primero el hub y decidir después qué hacemos con él.
Porque Asturias tiene capacidades
Y esta es la parte que no debería perderse entre la ironía.
Asturias tiene industria, empresas metalmecánicas, ingeniería, materiales, energía, universidad, centros tecnológicos, conocimiento científico y tradición industrial.
También tiene una posición geográfica interesante y empresas capaces de trabajar en cadenas de suministro complejas.
Por tanto, sí tiene sentido explorar nuevas oportunidades aeroespaciales y de defensa.
Lo que no tiene sentido es pensar que la mera creación de una estructura va a producir automáticamente una industria.
No. Primero hay que saber qué queremos fabricar, quién lo va a fabricar, para quién, con qué tecnología, con qué financiación, con qué talento, con qué certificaciones, con qué clientes y con qué capacidad para competir cuando el cliente no sea una administración asturiana.
Porque el verdadero examen empieza cuando hay que vender.
Y aquí aparece ELUCUBRACIONES S.A.
Quizá deberíamos aceptar que Asturias ha creado, sin quererlo, una nueva industria y que no es siderurgia, energía, naval, defensa o aeroespacial.
Es algo mucho más sofisticado: ELUCUBRACIONES S.A.
Una empresa pública-privada imaginaria dedicada a:
- Detectar tendencias.
- Crear plataformas.
- Constituir clústeres.
- Diseñar ecosistemas.
- Lanzar hubs.
- Organizar jornadas.
- Firmar convenios.
- Crear observatorios.
- Elaborar hojas de ruta.
- Presentar hojas de ruta para las hojas de ruta.
- Y, finalmente, convocar una jornada para presentar los resultados preliminares del proceso de reflexión estratégica sobre la futura hoja de ruta.
ELUCUBRACIONES S.A.
“Pensamos el futuro para que otros puedan fabricarlo.”
Aunque, de momento, nadie haya decidido qué fabricar.
Y si el proyecto funciona, pronto podremos abrir una filial: ELUCUBRACIONES SPACE & DEFENCE
Y otra: ELUCUBRACIONES DUAL TECHNOLOGIES
Y otra: ELUCUBRACIONES DRONES
Y, por supuesto, una plataforma transversal: ELUCUBRACIONES HUB
Que será un hub de hubs y así, habremos conseguido algo verdaderamente revolucionario: una estructura para coordinar las estructuras encargadas de coordinar las estructuras.
Eso sí que sería una especialización inteligente.
Menos galaxias y más drones u otra cosa terrenal
Por eso, quizá convendría bajar un poco de la órbita y no para renunciar al espacio sino todo lo contrario, para llegar algún día al espacio con algo que vender.
Si Asturias quiere estar en aeroespacial, fantástico, si quiere participar en defensa planetaria, magnífico, si la Universidad de Oviedo puede aportar conocimiento científico internacional en ese campo, estupendo.
Pero la política industrial debería preguntarse simultáneamente: ¿Qué podemos hacer mañana?
Y ahí aparecen, por ejemplo, los drones: sistemas autónomos, sensores, robótica, electrónica, materiales, software, inteligencia artificial, comunicaciones, ciberseguridad, tecnologías duales, aplicaciones industriales, defensa, emergencias, energía o inspección de infraestructuras.
Ahí sí hay una autopista entre la industria civil y la militar.
Ahí sí podemos construir capacidades.
Ahí sí podemos generar empresas.
Y ahí sí podemos empezar a formar profesionales que entiendan realmente el sector.
Porque formar también es política industrial
Cabe resaltar también que si reconocemos que el aeroespacial necesita profesionales especializados —y la propia EOI lleva años desarrollando formación específica para ello—, deberíamos asumir la misma lógica para defensa.
Y no se trata de militarizar la universidad, ni mucho menos sino se trata de entender que la industria de defensa es una industria especializada.
Y que necesita gestores especializados, ingenieros, directivos, expertos en exportaciones y regulación, profesionales que conozcan los procesos de homologación y certificación, especialistas en seguridad industrial, expertos en cadenas de suministro estratégicas.
Y, por supuesto, personas capaces de entender simultáneamente la lógica empresarial y la lógica de seguridad nacional.
Porque si queremos que las empresas asturianas entren en ese mercado, no basta con decirles:
“Ahora hay mucho dinero en defensa.”
Hay que enseñarles cómo se entra.
Y ahí puede existir una oportunidad formativa mucho más interesante que otra jornada genérica sobre “oportunidades del sector aeroespacial”.
Al final, la cuestión es muy sencilla
Asturias tiene que decidir si quiere ser una región con muchos anuncios estratégicos o una región con capacidades industriales estratégicas y no es exactamente lo mismo.
Podemos tener tres cámaras, tres pabellones, tres campus, dos clústeres de hidrógeno, dos plataformas energéticas, dos estructuras para construcción, un hub de defensa, nueve hubs de conocimiento y mañana otro hub aeroespacial.
Y podemos sentirnos muy satisfechos pero después llegará la pregunta incómoda: ¿Y qué fabricamos?
Ahí se acaba la presentación de PowerPoint y empieza la industria.
Y probablemente esa sea la mejor definición posible de la situación: Asturias no necesita menos imaginación sino que necesita que la imaginación venga acompañada de prioridades, especialización, formación, empresas, inversión y clientes.
Porque mirar a las estrellas está muy bien, defender el planeta, mejor todavía pero, antes de proteger Marte quizá estaría bien conseguir que la industria asturiana despegue, que una empresa asturiana fabrique, que otra exporte y que un cliente extranjero pague por ello.
Y cuando consigamos eso, entonces sí; podremos levantar la vista, mirar al cielo, buscar el asteroide y decir: —Tranquilos. De esto también tenemos un clúster.
ELUCUBRACIONES S.A.
Asturias pensando en el futuro desde el siglo pasado.
Y ahora, por fin, también en otra galaxia.

Consultor empresarial.
Germánico en organización, perseverante en las metas, pragmático en soluciones y latino en la vida personal.
¿Y por qué no?
