Los superlativos no protegen fronteras
Margarita Robles visitó Ceuta para proclamar que «Ceuta y Melilla no son españolas: son españolísimas» y que «a Ceuta y Melilla no se las toca». El mensaje posee valor afectivo para una población que se siente abandonada, pero como política de Estado es un brindis al sol. Los territorios no se protegen con superlativos, sino con fronteras controlables, capacidad de disuasión, alianzas sólidas y una diplomacia que haga costoso ponerlos en cuestión.
El Derecho necesita poder
El Derecho internacional importa, por supuesto: legitima posiciones, limita conductas y acumula razones. Pero quienes se crean que actúa en el vacío de «lo correcto» es porque aún creen en los unicornios de colores.
Su eficacia real depende de la fuerza y la influencia y de la voluntad de cada Estado para hacerlo valer. Es un multiplicador del poder, no un sustituto del poder. España parece haber olvidado esta verdad elemental.
El terreno diplomático abandonado
Mientras Rabat tejía pacientemente una asociación estratégica con Israel, vínculos privilegiados con Washington, intereses económicos y redes de influencia y lobbies en África, Europa y Estados Unidos, los sucesivos Gobiernos españoles —desde la deriva iniciada con Zapatero y, especialmente, bajo Pedro Sánchez— han ido dejando libre ese terreno.
Sánchez ha llevado la relación con Israel hasta una confrontación que Netanyahu califica de «guerra diplomática» y ha convertido las diferencias con Donald Trump en choques públicos sobre defensa y política internacional. Marruecos ocupa mientras tanto el espacio que España abandona.
El Sáhara muestra el resultado
El Sáhara muestra el resultado. Estados Unidos reconoció formalmente en 2020 la soberanía marroquí; Israel lo hizo en 2023; Francia situó en 2024 el presente y el futuro del territorio dentro de esa soberanía; Paraguay y la nueva Administración colombiana han seguido la misma dirección.
Un grupo todavía mayor respalda la autonomía, mientras la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad convirtió el plan marroquí en base de negociación. Marruecos avanza casilla tras casilla. España respaldó en 2022 su plan de autonomía sin obtener una contrapartida estratégica comparable.
La razón jurídica española
Conviene añadir algo para los fundamentalistas del Derecho internacional. La posición jurídica española sobre Ceuta y Melilla es sólida: Ceuta pasó de Portugal a la Monarquía Hispánica y su permanencia fue reconocida por el Tratado de Lisboa de 1668; Melilla está vinculada a Castilla desde 1497.
Ninguna perteneció al Protectorado establecido en 1912 ni figura entre los territorios pendientes de descolonización de la ONU.
La paciencia estratégica de Marruecos
Rabat no oculta su estrategia. Su ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, afirma que la reivindicación continúa «sobre la mesa», que Marruecos la plantea en cada reunión con España y que seguirá una política paciente de largo plazo.
No necesita derrotarnos hoy ante un tribunal: le basta con normalizar la reclamación, aumentar nuestra dependencia y esperar.
Cuando tocar Ceuta tenga consecuencias
«Ceuta no se toca» resultará convincente cuando tocarla tenga consecuencias. Hasta entonces, el Derecho nos da la razón, pero la debilidad política puede acabar quitándonos Ceuta, Melilla y en el siguiente horizonte, Canarias.

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
