Fotografía de portada: el expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar, y el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. Marcos Moreno / Europa Press
José María Aznar ha ido a Ceuta cuando su frontera continúa sometida a una presión que no admite eufemismos.
No ha ido a descubrir que Ceuta es España ni a rentabilizar una fotografía: ha ido a recordar que la soberanía nacional no se delega, no se aplaza y no se administra según el termómetro de Rabat.
Y su visita tiene un valor especial, el valor de la coherencia. Es la suya una visita que, en ausencia de la del Rey por las razones que ya todos conocen, significa mucho más que la de todos los que ya han pasado por allí.
Marca, además, una diferencia sustancial que deja al PSOE, a todo él, incluido al hoy anti-sanchista Felipe González atrapado en oscuras relaciones con la monarquía alauí, huérfano de todo referente.
Ceuta no es un accidente local
Porque la reciente crisis ha vuelto a demostrar que Ceuta no es un problema local, ni siquiera sólo migratorio: es una frontera española y europea, y por tanto una prueba de la capacidad real del Estado.
Aznar lo expresó allí con una frase tan sencilla como necesaria: «la soberanía nacional no tiene vacaciones».
El valor de esa frase no procede de su sonoridad, sino de quien la pronuncia y de lo que hizo cuando tuvo responsabilidades de gobierno.
La política exterior (y la política en general) no se mide por la delicadeza de las palabras, sino por la certeza que transmite a aliados, adversarios y ciudadanos acerca de dónde están los límites.
La prueba de Perejil
No quiero presentar Perejil como una epopeya militar, que no fue tal, aunque la izquierda del momento intentó menospreciar su inmenso valor político. Pero sí recordar que, en 2002, ante la ocupación marroquí del islote y la alteración del statu quo, el Gobierno de Aznar actuó para restablecerlo.
Y eso es lo que convierte aquella intervención justa y bien medida en una prueba de coherencia, de que hubo un tiempo no lejano en que en España hubo gobierno y hubo sentido de nación.
●Hubo reclamación diplomática
●Hubo refuerzo de posiciones internacionales.
●Y hubo ante todo una advertencia inequívoca: el hecho consumado, muy del estilo de la política marroquí, NO genera derecho ni dicta la relación bilateral.
Esa es la diferencia entre un dirigente que habla desde una experiencia contrastable y quienes descubren unos, su propia vergüenza y sumisión y otros, la firmeza cuando las cámaras están encendidas.
La diplomacia que no debe pedir permiso
No es necesario encontrar una orden escrita de Rabat para comprender el problema real porque cuando Marruecos controla de hecho el paso fronterizo, permite o no permite avalanchas, que son invasiones, según le convenga y simultáneamente mantiene su reivindicación sobre Ceuta y Melilla, nadie, repito, nadie en España puede tratar cada avalancha como una desgracia meteorológica.
Relacionarse con un vecino puede ser necesario; subordinar a esa relación la seguridad de Ceuta, no.
Cuando la prioridad práctica parece ser no incomodar al vecino, éste aprende que elevar la presión sale barato y que España responderá tarde, con cuidado y procurando no llamar a las cosas por su nombre.
Feijóo: siempre un paso después
No sería justo acusar a Alberto Núñez Feijóo de ausencia: ha viajado a Ceuta, ha exigido explicaciones y ha denunciado la insuficiencia del Gobierno. Pero precisamente por eso cabe exigirle más.
Su posición sigue apareciendo después de cada circunstancia: comparecencias, recursos, peticiones al Rey, respuestas a lo ya ocurrido.
Son iniciativas legítimas, pero no equivalen a una doctrina de Estado.
Una oposición que aspire a gobernar debe anticiparse:
●definir un protocolo de respuesta,
●exigir reciprocidad a Rabat,
●europeizar de inmediato la frontera
●y garantizar a los ceutíes que no volverán a ser rehenes de una crisis repetida.
La soberanía no se rescata con frases
Aznar no ofrece una receta mecánica para repetir Perejil: aquella crisis y la actual no son idénticas. Pero su visita recuerda algo elemental:
El liderazgo se reconoce antes de la nota de prensa, porque fija límites antes de que el adversario pruebe a rebasarlos.
Ceuta necesita Estado antes, durante y después de cada avalancha.
Y España necesita dirigentes que no descubran la soberanía nacional cuando ya ha sido puesta a prueba.
Enlaces contextuales
- Declaración de José María Aznar en Ceuta, Fundación FAES
- Información de EFE sobre la visita de Aznar a Ceuta
- La Moncloa: respuesta inicial del Gobierno ante Perejil, 12 de julio de 2002
- EFE: actuaciones y exigencias de Feijóo durante la crisis
- RTVE: petición de Feijóo sobre una visita del Rey a Ceuta

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
