En el «dolce far niente» del verano, he dado con reflexiones de un polaco muy seguido, Krzysztof Szczawinski —pronúncienlo si son capaces; es difícil hasta recordar cómo se escribe—.
Reflexiones sobre los movimientos a que uno y otro han dado lugar, entendiendo que la ideología y las ideas políticas se construyen con calma y paciencia.
La larga marcha de las ideas
La Sociedad Fabiana, Gramsci y la Escuela de Fráncfort —el proyecto intelectual más destructivo del siglo XX—, con su Instituto de Investigación Social, que se trasladó de Alemania a Columbia, EE. UU., cuando Hitler llegó al poder; y que se encargó de construir las teorías para destruir la civilización occidental desde dentro, desmantelando la razón, la Ilustración, la familia, la tradición y la autoridad.
Desmantelándolas, no reformándolas. Pretende la destrucción imponiendo la deconstrucción de Europa.
Hayek es quien dio la batalla, quien identificó y combatió esta idea de deconstrucción de todo lo que Occidente significa. Frente a la marcha a través de las instituciones, entendió el mecanismo con claridad y construyó una contraestrategia, pero no fue escuchado más que puntualmente.
Dio sentido a ideas que sirvieron a Thatcher, Reagan y hoy incluso a Milei para cambiar sus países y la mentalidad. Veremos si este último resiste el análisis de la historia como los dos primeros, pero, por ahora, parece que lo entendió.
Las herramientas fueron la Mont Pelerin Society y la Atlas Network, creadas no para entrar en política, sino para cambiar la mentalidad, el clima político.
Thatcher dijo de ellas que no eran muchos, que no todos las escuchaban, pero salvaron Gran Bretaña.
El dinero también mueve la ventana
La diferencia entre la izquierda gramscista y la derecha hayekiana no está en la estrategia, que es la misma: mover la ventana de Overton y esperar el momento político en que lo que antes parecía impensable se vuelve inevitable.
La diferencia es que la izquierda la financió sistemáticamente durante cincuenta años; la derecha sigue buscando quién la financie, pues se ha limitado a subfinanciar think tanks, demostrando que no entiende la teoría que subyace a todo esto; pensando que son pasatiempos costosos, sin entender que es el trabajo intelectual que subyace al político.
Las ideas no surgen espontáneamente; a la gente no se la convence porque sí. Es preciso que esas ideas se formulen de forma adecuada y lleguen hasta la sociedad a través de la educación, los colegios y las universidades.
España y la batalla cultural
¿Quién en la derecha ha entendido eso en España? Al margen de Madrid, nadie más. Bueno, sí: los independentistas de ambos lados entienden que, para que la gente te vote, debes «educarla» y conseguir que tus ideas estén bien razonadas, empaquetadas y vendidas.
Puede que FAES haya entendido la fase de creación de ideas, pero existen pocas universidades que enseñen estas ideas liberales de la derecha, sean de Hayek, de Mill o de Popper.
Con Musk en X, este movimiento se amplifica: Musk reconoce la cadena de suministro intelectual funcionando en tiempo real. Pero hemos de ser conscientes de ello.
Hayek murió en 1992 y la marea de la izquierda volvió a no tener rival; ahora estamos —Asturias Liberal es muestra de ello— reconstruyendo y tenemos en Musk y compañía la plataforma ideal para la difusión de estas ideas.
Pero, de nuevo, hace falta poder divulgar de forma profesional, con medios y con dirección.
Cuando la ventana se rompe
Mientras, la ventana de Overton ha saltado, rota por la derecha de la derecha, que la ha reventado en Alemania, con AfD ganando unas elecciones sin una base intelectual real detrás, simplemente con la constatación del inmenso daño que la izquierda y la socialdemocracia buenista, también llamada woke, están causando en Occidente; pero no es la respuesta a las ideas, es la respuesta al daño y a los hechos constatables.
Mientras, las ideas siguen sin difundirse, la UE sigue regulando al estilo gramscista y sin preocuparse de construir economía, de transmitir la historia y de relatar lo hecho.
Los tres pilares de Occidente
Europa y Occidente se construyen sobre tres pilares —los tres que atacó la Escuela de Fráncfort—; sobre tres ideas: la verdad existe y es accesible a la razón; lo bueno es distinguible de lo malo; y hay una herencia que merece la pena transmitir.
Esto es Europa: el constructor que simplemente construye, el científico que sigue la evidencia y el padre que transmite lo que le fue transmitido.
¿Qué pensarían los padres fundadores de esta Europa de burócratas? No era esto, no era esto.
AfD no es la respuesta
A lo que iba: AfD no nos debe alegrar porque no surge de las ideas liberales ni reformistas; surge del dolor que produce el fracaso, y esa reacción es siempre peligrosa por el riesgo de exceder en el mal al que responde.
Un ejército para la batalla de las ideas
Por eso, más que nunca, hoy es importante entender que la batalla de las ideas no es fácil y debe organizarse de forma profesional.
No basta con peones, torres o reinas; precisa de un ejército y de un ejercicio bien organizado que permita hacer permear en la sociedad unas ideas que son objetivamente mejores, han sido testadas y funcionan.
Y no, no es la socialdemocracia, por más que en ocasiones esta haya sido un mal menor aceptado incluso por Hayek y por muchos de nosotros.
Muchas ideas deben reformularse y actualizarse, pero la crisis actual de financiación del Estado del bienestar demuestra que hemos de construir para cubrir nuestras necesidades.
Seguir trabajando
No olvidemos que el ser humano no está diseñado para el reposo, sino para la actividad y que, como dijo Blaise Pascal, toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: «de no saber permanecer en reposo en una habitación».
Lo dicho: sigamos trabajando y que la derecha entienda que las ideas no nacen por generación espontánea, aunque Asturias Liberal parezca demostrar lo contrario.

Abogado en ejercicio y colegiado desde 1993, Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, Diplomado en Derecho Inglés por la LSE, MBA The Power MBA, Master en Legal Tech UNIR, Master en Derecho de las Transmisiones Electrónicas U. Politécnica de Valencia; Compliance Officer, Experto Profesional en Propiedad Intelectual
