Asturias Liberal > España > España en la inopia. Cómo Marruecos influye internacionalmente más y mejor

¿Cómo con poco se puede hacer mucho?

Y lo contrario: ¿cómo con más se puede hacer menos?

Eso es exactamente lo que hoy te vamos a responder tras estudiar los aparatos de influencia de Marruecos y España durante casi dos semanas. Ya puedes suponer qué nación es la protagonista de la primera pregunta y cuál la de la segunda.

Atento pues, pero antes hay que hacer una advertencia importante:

España es objetivamente más poderosa que Marruecos.

Tiene una economía mucho mayor, pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, dispone de una lengua mundial, multinacionales, universidades, medios de comunicación, una extensa red diplomática, el Instituto Cervantes, ICEX, AECID, Fundación Carolina, Casa Árabe, cámaras de comercio y uno de los mejores activos de poder blando que puede poseer un país: una cultura reconocible fuera de sus fronteras.

Por eso resulta particularmente incómoda una conclusión que aparece al seguir durante estos últimos doce días los instrumentos de influencia utilizados por Rabat:

Marruecos aprovecha mejor una parte del poder que tiene.

No porque sea más poderoso, sino porque lo utiliza de forma más sistemática.

Para decirlo en lenguaje tecnológico, España posee mucho más hardware, pero Marruecos, en determinados ámbitos, tiene mejor instalado el software.

Cada pieza de este artículo está cuidadosamente seleccionada para enfocarnos en los hechos, esos que nunca mienten y que, evitando el estruendo y la contaminación, nos llevan a concluir con mucha exactitud.

Empieza el viaje:

En Washington no esperan al embajador español

Estados Unidos permite observar el fenómeno con una transparencia difícil de encontrar en Europa gracias a su registro FARA ((Foreign Agents Registration Act, que obliga desde 1938 a las personas o empresas que realizan actividades políticas o de cabildeo (lobby) en representación de gobiernos, organizaciones o clientes extranjeros a registrarse ante el Departamento de Justicia).

Y en ese registro hemos encontrado que el 23 de marzo de 2026, Brownstein Hyatt Farber Schreck registró ante el Departamento de Justicia estadounidense su contrato con la Embajada del Reino de Marruecos.

El documento especifica que prestará servicios de relaciones gubernamentales y asuntos públicos para apoyar las conexiones entre la Embajada y el Gobierno estadounidense.

El contrato establece además un pago de 65.000 dólares mensuales durante un año, bajo la supervisión, entre otros, del antiguo presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes Ed Royce. Documento registrado en FARA.

Y ahora hacemos una paradita aquí.

Marruecos tiene embajador en Washington. Tiene diplomáticos. Tiene Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero por razones muy poderosas, sin embargo, considera útil pagar además 780.000 dólares anuales a una firma especializada para que profesionales que conocen el Congreso, la Administración y los circuitos de decisión estadounidenses trabajen a favor de de Marruecos ante Estados Unidos.

No sustituye a la diplomacia.

La refuerza.

Pero sucede que en agosto añadió otra capa. La influyente firma Qorvis registró al Reino de Marruecos como cliente y fue incorporando profesionales individualmente al expediente. FARA permite ver nombres, fechas y documentación asociada a esa representación. Registro FARA de Qorvis.

Y existe todavía otra firma, Scribe Strategies & Advisors, que desde 2025 aparece registrada como representante del Ministerio marroquí de Asuntos Exteriores. Los documentos depositados incluyen actividades de representación gubernamental y asesoramiento estratégico. Registro FARA de Scribe Strategies & Advisors.

De momento diremos que tres firmas no constituyen por sí mismas una política exterior, pero sí revelan una determinada mentalidad:

Si existe una capacidad profesional útil para defender un interés nacional, se compra esa capacidad.

España conoce el instrumento. Lo utiliza de «otra manera»

Sobre España no vamos a hacer una caricatura. Vamos a decir la verdad:

España también ha contratado consultoras estadounidenses, por supuesto.

De hecho, FARA registra, por ejemplo, un contrato de la Embajada de España con Glover Park Group en 2019 para servicios de comunicación. La documentación histórica registra también trabajos anteriores y existen inscripciones relacionadas con promoción turística española. Registro FARA correspondiente. Promoción turística frente a influencia estratégica. Vaya.

El problema, por tanto, no es que Madrid desconozca qué es un lobby.

Lo interesante es la diferencia que aparece en la fotografía actual.

En 2026, año especialmente complicado en el mundo de la geopolítica y muy especialmente en las «relaciones» España-Marruecos… encontramos a la Embajada marroquí contratando servicios de relaciones con el Gobierno federal; a su Ministerio de Exteriores con otra consultora; a Qorvis reforzando comunicación estratégica; y, paralelamente, a una gran empresa estratégica marroquí utilizando sus propios mecanismos de influencia.

Eso empieza a parecer una red bien tejida por parte de Marruecos que con menos potencial que España, hace más, bastante más. Pero Marruecos NO empezó este importante 2026 a tejer esa red. En absoluto, porque como hemos investigado, la multifacética red marroquí empezó antes, mucho antes y en otros ámbitos.

OCP: cuando vender fosfatos también crea poder. La red empresarial, sin duda, es especialmente potente.

OCP, el gigante marroquí de los fosfatos y fertilizantes, mantiene mediante OCP North America una relación registrada bajo FARA con Cornerstone Government Affairs desde 2020.

El expediente siguió muy activo durante 2026: aparecen materiales registrados en marzo, julio y agosto, un supplemental statement el 27 de agosto y una modificación del expediente el día 31. Expediente FARA de Cornerstone-OCP.

Porque aquí Marruecos hace algo particularmente inteligente.

No presenta la relación exclusivamente como:

Marruecos necesita algo de Estados Unidos.

La convierte en:

Estados Unidos necesita fertilizantes.

Estados Unidos necesita seguridad en sus cadenas de suministro.

Estados Unidos quiere producción industrial.

Los agricultores estadounidenses necesitan proveedores fiables.

Una inversión puede crear empleos estadounidenses.

Y OCP puede participar en todo ello.

Entonces cambia la ecuación.

La influencia verdaderamente eficaz comienza cuando consigues que parte de tu interés sea también interés del otro.

Una llamada de un embajador puede olvidarse.

Una fábrica, unos empleos, proveedores y clientes generan relaciones bastante más resistentes.

El principio marroquí ante Bruselas: estar allí antes de que se vote

La misma lógica aparece en Europa.

La patronal marroquí CGEM mantiene una actividad internacional explícitamente orientada a defender los intereses de las empresas marroquíes. En enero de 2026, información basada en el Registro de Transparencia de la Unión Europea situó a la CGEM contratando a BOLDT BPI para reforzar su representación en Bruselas precisamente mientras se discutían asuntos particularmente sensibles para Marruecos: agricultura, pesca y relaciones económicas con la UE. Información sobre la contratación.

El nombre de la consultora es secundario.

Lo importante es el mecanismo.

Cuando llega una discusión europea, Rabat no dispone solamente de su embajador ante la Unión.Tiene también empresas afectadas.

Tiene una patronal.

Tiene consultores.

Tiene socios europeos.

Tiene intereses comerciales creados durante años.

Tiene interlocutores dentro del ecosistema comunitario.

La diferencia consiste en estar presente antes de que llegue la votación.

Porque las decisiones raramente nacen el día en que se votan.

Dependencia también significa influencia

No acaba aquí el modo de operar del reino vecino. Hay además otra herramienta mucho más poderosa que cualquier lobby: convertirse en necesario.

Marruecos lo ha conseguido en gran medida en varios asuntos importantes para Europa.

Migración.

Control fronterizo.

Comercio.

Agricultura.

Pesca.

Inversión industrial.

Energía.

Relaciones con África.

Seguridad en el Magreb y el Sahel.

Eso no significa que Marruecos pueda imponer automáticamente sus posiciones a la Unión Europea.

Significa que cualquier gobierno europeo que quiera enfrentarse seriamente con Rabat debe calcular también qué otras relaciones pueden deteriorarse.

Ese coste forma parte del poder.

Una de las grandes habilidades de la política exterior marroquí consiste precisamente en haber conseguido que numerosos intereses europeos atraviesen Marruecos. Estos nuestros vecinos molestos que nos invaden, híbridamente, pero nos invaden, son una pieza clave para la UE. Eso explica la tibieza de la Presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, en lo que atañe a Marruecos.

Y así puede verse cómo, cuando aparece un conflicto bilateral con España, Rabat evita que sea percibido únicamente como: España contra Marruecos.

De esa manera su posición mejora porque puede transformarlo en: España tiene un problema con un socio que Europa necesita.

La diferencia es enorme. ¿No le parece?

Y después están las ideas, las menospreciadas ideas que son la base de toda planificación

Porque la influencia no se desarrolla solamente alrededor de gobiernos y empresas. También se construye decidiendo de qué se habla y con qué conceptos se habla.

Eso es precisamente lo que hace el siguiente recurso de Rabat: el Policy Center for the New South, uno de los instrumentos intelectuales más interesantes desarrollados desde Marruecos.

Su programa Atlantic Dialogues Emerging Leaders seleccionará este año a más de cuarenta jóvenes profesionales de entre más de 1.500 candidatos y los incorporará a una red que supera ya los 490 miembros activos. Después participarán en los Atlantic Dialogues junto a responsables públicos, expertos y dirigentes internacionales. Atlantic Dialogues Emerging Leaders 2026.

No hace falta atribuir a todos ellos simpatía alguna por Marruecos. La verdadera influencia intelectual no funciona así.

Lo importante es otra cosa.

Durante años se crean relaciones.

Un joven investigador conoce a otro.

Un futuro diplomático participa en una discusión.

Un académico visita Rabat.

Un empresario conoce a un funcionario.

Un periodista escucha determinados argumentos.

Algunos de esos jóvenes ocuparán cargos importantes quince años después.

Eso es construir influencia con paciencia.

La política exterior empieza a veces treinta años antes de una votación.

¿España tiene también excelentes instrumentos? Sí, pero no forman un sistema como el marroquí.

Desde España y de manera bastante simple y básica se podría responder inmediatamente:

¿Y el Real Instituto Elcano?

¿Y el Instituto Cervantes?

¿Y Fundación Carolina?

¿Y AECID?

¿Y las universidades?

¿Y las cámaras de comercio?

¿Y las empresas españolas?

Exactamente eso es lo que queremos decir, que a España no le faltan herramientas. y probablemente tengamos más que Marruecos.

Una lista de ese hardware nos ayudará a ver la dimensión de lo poco que España hace aun teniendo mucho:

El Instituto Cervantes tiene una capacidad cultural mundial que Marruecos difícilmente podría reproducir. Fundación Carolina ha creado durante décadas redes extraordinarias en Iberoamérica. Elcano produce análisis internacional de primer nivel. ICEX mantiene una formidable infraestructura económica exterior.

Y la propia Estrategia de Acción Exterior 2025-2028 reconoce ya que el mundo ha evolucionado desde un orden dominado por reglas hacia otro donde adquieren mayor importancia las lógicas de poder. El documento plantea reforzar expresamente la diplomacia económica, científica y pública. Estrategia de Acción Exterior 2025-2028.

¡Vaya! Tenemos el diagnóstico, pero todavía queda una pregunta: ¿quién integra las piezas?

El problema español se llama fragmentación. Si no hay sistema, hay ineficiencia.

Imaginemos un asunto estratégico español. El más importante, el que deja desnuda la incapacidad española para prever, bloquear y frustrar la invasión híbrida marroquí antes incluso de que el Majzen empiece a pensar en ello.

Ceuta.

Melilla.

Gibraltar.

Política energética.

Industria de defensa.

Sáhara Occidental.

Mediterráneo.

¿Qué hace España ante estos retos inmediatos, urgentes y graves? ¿Cuál es el mecanismo mediante el cual España identifica sistemáticamente a todos los actores que pueden ayudar a defender su posición?

Pues se me ocurre compararlo con el ejército de Pancho Villa: desorganizado pero con mucho mejores mimbres que el revolucionario mejicano. Y eso hace lo nuestro aún más trágico.

Exteriores tiene sus diplomáticos.

Defensa sus canales.

Economía sus instrumentos.

ICEX trabaja con empresas.

Cervantes hace política cultural.

Elcano investiga.

Las universidades cooperan internacionalmente.

CEOE y las cámaras defienden intereses empresariales.

Las comunidades autónomas mantienen sus propias relaciones exteriores.

Todo eso existe.

Pero la existencia de muchas capacidades no garantiza que exista una estrategia común. Se tienen y se ejercen, pero «cada uno por su lado».

Ahí aparece la diferencia entre Administración y poder.

La Administración pregunta: ¿Quién tiene la competencia? Y se responde: «la comunidad autónoma», «la CEOE», el Instituto Elcano, «la Guardia Civiil»,…. Y así nos quedamos.

Sin embargo, la estrategia pregunta: ¿Quién tiene la capacidad? Y busca después cómo utilizarla, cómo integrarla en un Plan. No en planes, sino en un PLAN.

Hasta para registrar el lobby hemos llegado en 2026

Lo que hasta aquí hemos relatado son hechos, capacidades y acciones efectivas e inefectivas, pero hay un pequeño gran símbolo de esa diferencia entre ambos reinos, ambos vecinos:

El pasado 25 de agosto España aprobó el Real Decreto-ley 21/2026 de transparencia e integridad de las actividades de los grupos de interés, creando un nuevo marco estatal para registrar y hacer transparentes estas actividades. Real Decreto-ley 21/2026. ¡Este año, al fin, se ha hecho algo (y está por ver si es útil lo aprobado)!

Estados Unidos, sin embargo, lleva décadas permitiendo consultar mediante FARA qué gobierno extranjero contrata a qué empresa, quién trabaja en el expediente, qué documentos distribuye y, en numerosas ocasiones, cuánto dinero paga.

No hay ni siquiera que mejorarlo, solo acercarse a igualarlo.

Esa transparencia norteamericana nos permite escribir hoy este artículo.

Sabemos que Brownstein cobra 65.000 dólares mensuales.

Sabemos que trabaja para la Embajada marroquí.

Sabemos qué servicio ha contratado.

Sabemos que Qorvis ha incorporado profesionales.

Sabemos que Scribe representa al Ministerio de Exteriores.

Sabemos que Cornerstone trabaja para OCP.

No porque alguien haya filtrado documentos secretos.

Porque están registrados.

Y es entonces cuando llegamos a Ceuta y Melilla

Supongamos que dentro de unos años aparece una discusión internacional grave sobre Ceuta o Melilla y si seguimos igual:

España llegará con argumentos jurídicos sólidos.

Con diplomáticos.

Con documentos.

Con la pertenencia de ambas ciudades a España.

Y rotundamente tendrá razón.

Pero aparece el gran obstáculo de no haber hecho los deberes: alrededor de la mesa estarán también personas que llevan veinte años relacionándose con Marruecos.

Empresas que invierten allí.

Agricultores que comercian con Marruecos.

Funcionarios europeos que negocian migración con Rabat.

Diplomáticos que han trabajado juntos.

Investigadores que acuden a conferencias marroquíes.

Consultores contratados para explicar las posiciones del reino.

Periodistas que conocen a sus portavoces.

Parlamentarios cuyos asesores mantienen contactos habituales con representantes marroquíes.

Nadie necesita recibir una orden de Rabat.

El entorno ya existe.

Ésa es la clave.

Marruecos llega acompañado de relaciones previamente construidas.

España corre el riesgo de llegar acompañada de un expediente jurídico.

Las preguntas que España debería responder

Por eso, además de denunciar a Marruecos, deberíamos auditar España.

¿Cuál es nuestra red permanente de influencia en Washington?

¿Qué profesionales trabajan específicamente para anticipar decisiones estadounidenses que puedan afectar a nuestros intereses estratégicos?

¿Qué red equivalente existe en Bruselas?

¿Qué empresarios, investigadores, antiguos políticos, diplomáticos, universidades y organizaciones participan sistemáticamente en ella?

¿Qué programa español intenta crear hoy relaciones con cuarenta jóvenes extranjeros que quizá sean ministros, diplomáticos o periodistas dentro de veinte años?

¿Qué estrategia específica existe para explicar internacionalmente Ceuta y Melilla antes de la próxima crisis?

¿Quién identifica las narrativas marroquíes cuando comienzan a circular?

¿Quién decide cuáles conviene responder y cuáles es mejor ignorar?

¿Quién conecta diplomacia, economía, cultura, universidad, medios y sociedad civil alrededor de un interés nacional concreto?

Y la pregunta fundamental:

si nadie hace ese trabajo de forma sistemática, quién debería hacerlo?

Marruecos no tiene más poder. Lo concentra mejor

La conclusión no es que Marruecos sea una potencia imbatible.

Ni remotamente.

España dispone de muchos más recursos.

El problema es la diferencia entre poseer poder y convertirlo en influencia.

Marruecos parece haber entendido que las relaciones internacionales modernas ya no transcurren solamente entre ministros y embajadores.

Transcurren también y especialmente entre empresarios, periodistas, universidades, asociaciones, consultoras, think tanks, funcionarios, parlamentarios, comunidades emigradas y redes personales.

Y ha ido colocando piezas en esos espacios.

España empieza a reconocer en sus propios documentos estratégicos que vivimos otra vez en un mundo gobernado crecientemente por relaciones de poder. Estrategia de Acción Exterior 2025-2028.

La siguiente fase consiste en comportarse en consecuencia.

No necesitamos copiar a Marruecos.

Ni crear propaganda estatal.

Ni convertir universidades o empresas en sucursales del Ministerio de Exteriores.

Eso sería confundir estrategia con control.

Necesitamos algo bastante más liberal y bastante más inteligente:

conocer las capacidades existentes, conectar voluntariamente a quienes puedan contribuir y mantener relaciones durante años alrededor de intereses nacionales claramente definidos.

Porque una cosa empieza a resultar evidente.

La defensa de Ceuta y Melilla no comienza en la verja.

Ni cuando Albares viaja a Bruselas.

Ni cuando Rabat emite un comunicado.

Empieza mucho antes.

En Washington.

En Bruselas.

En una inversión.

En una universidad.

En una conversación.

En un despacho.

En un congreso.

En la agenda de un asesor parlamentario.

En la relación que alguien decidió cultivar diez años antes de necesitarla.

Marruecos juega esa partida.

España tiene mejores cartas. Lo que convendría comprobar es si hemos entendido ya el juego. ¿Qué te parece a ti?

Asturias Liberal
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