Asturias Liberal > Asturias > Gijón Oeste: cuando el voto fiel deja de defenderte

Esta es la historia de toda un área de la mayor ciudad de Asturias. Una historia plagada de tristeza, no porque sus gentes carezcan de vitalidad, sino porque han quedado presas de la decepción sin conciencia de ésta.

Empecemos;

En La Calzada se puede decir «voy a Gijón» viviendo ya en Gijón. José Manuel López ha encontrado en esa expresión algo más que una curiosidad lingüística. Ha encontrado una frontera.

Al otro lado están el centro, las decisiones, las inversiones que parecen llegar antes. A este lado quedan el puerto, las vías, los camiones, la industria, el humo, las reconversiones y una colección de proyectos cuya unidad de medida empieza a ser la generación.

Pero hay otra frontera menos visible del problema. Otra frontera que pone en relación el tipo de voto emitido en las sucesivas convocatorias electorales. Y que con ellas la decepción de Gijón Oeste es doble.

Esa segunda frontera la inconsciencia de constatar que tener derecho a votar no es lo mismo que utilizar verdaderamente el voto como instrumento de poder. Errar es humano, dice, y es cierto, pero perseverar en el error…..

Porque la democracia no consiste solamente en meter una papeleta cada cuatro años como jugar a la lotería. Y menos en creer que jugar siempre al mismo número te da oportunidades. En el azar, sirve, en democracia, no.

Si la democracia consiste en que el ciudadano no conserve la capacidad de retirar su confianza, para eso no hace falta tal sistema.

Karl Popper entendía que la gran virtud de la democracia no era encontrar al gobernante perfecto, sino disponer de un procedimiento pacífico para desalojar al mal gobernante. Esa es la clave que a día de hoy tiene bloqueado a Gijón Oeste.

Como ocurre con una teoría que los hechos refutan: mantenerla por fidelidad cuando ya no explica la realidad deja de ser racional.

Y eso conduce a una pregunta incómoda para La Calzada y para buena parte de Gijón Oeste:

¿qué ocurre cuando un voto fiel deja de producir resultados?

Durante dos décadas, el Distrito 5 ha mantenido una extraordinaria continuidad electoral de izquierdas.

●En las municipales de 2003 PSOE e IU reunían aproximadamente dos tercios del voto válido. En 2007 seguían por encima del 63 %. En 2015 el PSOE se hundió, pero el voto no emigró masivamente hacia la derecha: se repartió entre PSOE, Xixón Sí Puede e IU y la izquierda volvió a superar el 63 %.

●En 2019 ocurrió prácticamente lo mismo.

●Todavía en 2023, después de una erosión importante, las candidaturas principales de izquierda conservaron alrededor del 50 % en municipales, el 56 % en autonómicas y casi el 59 % en generales.

Eso demuestra algo más interesante que la fidelidad a unas siglas.

Demuestra fidelidad a unos representantes políticos que no merecen representar ya.

Y ahí comienza el problema.

La ideología puede convertirse precisamente en la manera mediante la cual los cerebros y las relaciones sociales quedan atrapados en la carencia de sentido crítico.

Cuando una idea general decide de antemano qué debemos pensar ante cada problema particular, deja de ayudarnos a interpretar la realidad y pasa a impedirnos verla.

No existe criterio ideológico general que, llevado hasta sus últimas consecuencias, no amenace con sustituir la conciencia por el automatismo simplón.

Las ideas deben pasar la prueba de los hechos.

Y los partidos también.

Si unas ideas producen resultados reiteradamente sesgados, habrá que rectificarlas. Y si unos gobernantes prometen, incumplen y vuelven a prometer, habrá que rectificar a los gobernantes.

Si un voto fiel no da resultados, el voto debe poder cambiar.

●Eso no es deslealtad.

Eso es democracia.

●La lealtad, aquí, pasa a ser ceguera consentida.

El Oeste que produjo y esperó

Gijón Oeste no nació como una urbanización residencial a la que después llegaron molestias imprevistas.

Durante décadas sostuvo una parte enorme de la capacidad productiva de la ciudad: El Musel, siderurgia, astilleros, industria auxiliar, ferrocarril, mercancías, tráfico pesado.

La ciudad y toda Asturiasnecesitaban producir.

Y produjo allí.

●Necesitaban puerto.

Allí estaba.

●Necesitaban trenes, carreteras, fábricas, almacenes.

Allí fueron.

La lógica económica tenía sentido. Lo que deja de tenerlo es que, cuando esas infraestructuras generan externalidades sobre cientos de miles de vidas cotidianas acumuladas durante décadas, las soluciones capaces de compatibilizar desarrollo económico y calidad de vida permanezcan eternamente en la categoría de proyecto.

Y la lógica económica, social y política exige siempre:

hacer compatibles el puerto y el vecino.

El Musel debe crecer como nodo logístico conectado ferroviaria y viariamente con el Noroeste. Eso produce riqueza, competitividad y actividad económica.

Pero La Calzada no tiene por qué convertirse por ello en su vía de servicio.

El Vial de Jove: décadas para solucionar lo evidente

Ahí entra el Vial de Jove.

Y entró hace tanto tiempo que empieza a parecer que siempre estuvo llegando.

Proyectos, estudios, modificaciones, licitaciones, replanteamientos, soterramiento, superficie, reuniones, desacuerdos.

La obra que debía sacar tráfico pesado de los espacios residenciales acabó convirtiéndose en una formidable maquinaria administrativa capaz de producir documentación.

En 2024 el Ministerio descartó la solución soterrada y planteó otra en superficie. Principado y Ayuntamiento se opusieron.

Muy bien.

¿Y la solución? La oposición institucional es una actuación política. La infraestructura es un resultado. No son lo mismo.

En 2026 se consiguió al menos desviar las mercancías peligrosas por Aboño.

Pero mercancías peligrosas no significa todo el tráfico pesado.

El Metrotrén que envejeció esperando

Después está el Metrotrén.

Hay algo casi arqueológico en recordar que el proyecto de Cascos tenía una finalidad inteligible: soterrar, integrar, conectar y transformar la movilidad ferroviaria gijonesa.

Era una infraestructura.

Hoy corremos el peligro de hablar de ella como si fuese una tradición oral.

Convenios.

Ubicaciones.

Estaciones.

Carlos Marx.

Moreda.

Intermodalidad.

Primera fase.

Siguiente fase.

Nuevas previsiones.

Cincuenta y cuatro millones ahora para actuaciones preparatorias.

Todo puede ser técnicamente necesario.

Pero existe una pregunta que perfora veinte años de lenguaje político:

¿puede utilizar hoy el ciudadano aquel Metrotrén para el que se hizo el túnel?

No.

Entonces el resultado final todavía no existe.

Un convenio no transporta viajeros.

Una infografía no reduce tiempos de desplazamiento.

Una estación futura no conecta barrios hoy.

Y entretanto Tremañes sigue sabiendo perfectamente lo que significa vivir al otro lado de las vías.

Se habla de «coser la ciudad». La expresión es magnífica porque reconoce implícitamente que la ciudad continúa descosida.

Integración ferroviaria.

Integración urbana.

Regeneración.

Conectividad.

Movilidad sostenible.

Magníficas palabras.

Pero Tremañes no necesita una taxonomía urbanística.

Necesita que las vías dejen de funcionar como frontera.

La historia completa de aquella infraestructura y de su abandono fue analizada también en Asturias Liberal en Metrotrén: la Asturias que se quedó huérfana de futuro.

ZALIA: el futuro necesita llegar hasta alguna parte

La ZALIA también fue concebida bajo una lógica teórica perfectamente defendible: convertir Asturias en nodo logístico, aprovechar El Musel y articular carretera y ferrocarril.

El acceso a La Peñona existe. Eso es una obra real y debe computarse como tal.

Pero en 2026 seguimos hablando de la futura terminal intermodal.

Otra vez aparece la misma diferencia:

acceso parcial no equivale a sistema logístico completo.

La economía no funciona por denominaciones administrativas.

Una plataforma logística funciona cuando las mercancías pueden entrar, salir, cambiar de modo de transporte y llegar competitivamente a sus destinos.

Lo demás es preparación.

Puede ser imprescindible.

Pero sigue siendo preparación.

Una regasificadora que también aprendió a esperar

El Musel ofrece otro monumento a nuestra particular relación con el tiempo: la regasificadora.

Construida.

Terminada.

Hibernada.

Reactivada.

Finalmente puesta en funcionamiento.

Aquí al menos el proceso terminó produciendo el resultado para el que se había construido.

Pero su historia dejó una lección muy poco tranquilizadora: incluso una enorme infraestructura completamente física puede pasar años convertida en capital inmovilizado mientras administración, regulación y decisiones políticas intentan decidir qué hacer con ella.

En el Oeste hasta las infraestructuras terminadas saben esperar.

Medimos el aire. Ahora estaría bien arreglarlo

Después viene la contaminación.

Existe estación en El Lauredal.

Protocolos.

Planes.

Avisos.

Estudios.

Mediciones.

Y nuevos planes.

Naturalmente que medir es necesario. Sería irresponsable no hacerlo.

Pero medir una externalidad durante años no equivale a resolverla.

Si alguien tiene fiebre, utilizar un termómetro es una buena política sanitaria.

Coleccionar termómetros durante veinte años ya sería otra cosa.

El propio Principado tuvo que reconocer nuevos incumplimientos de PM10 en 2025.

Otra vez debemos distinguir instrumento y resultado.

El plan sirve para mejorar el aire.

El aire no existe para justificar el plan.

Ecomanzanas: cuando el adjetivo intenta hacer el trabajo del sustantivo

Y entonces llegan las ecomanzanas.

La palabra tiene prácticamente todo lo que exige nuestro tiempo: ecología, urbanismo, modernidad, sostenibilidad y una vaga promesa de felicidad europea.

La obra de La Calzada se ejecutó.

Bien.

Ahora preguntemos:

¿qué problema estructural resolvió?

¿El tráfico pesado?

No.

¿La conexión ferroviaria?

No.

¿La integración portuaria?

No.

¿La principal barrera urbana del Oeste?

No.

Una actuación pública no adquiere automáticamente capacidad transformadora porque la Administración la presente bajo un concepto transformador.

No toda política pública aprobada es efectiva en términos de desarrollo económico ni de calidad de vida.

Y éste es uno de los errores más frecuentes del debate político español: contabilizar como resultado el dinero gastado.

Input.

Presupuesto.

Proyecto.

Obra.

Resultado.

Son cosas diferentes.

Naval Azul: hemos estado allí

Quienes visitan Naval Azul hoy no tienen que leer un PowerPoint.

Lo realizado puede describirse como paseo, espacio abierto y acondicionamiento urbano que ya existía como hormigón y abandono.

Perfecto.

Pero si alguien pretende utilizar eso como evidencia de un polo capaz de transformar el Oeste, la pregunta surge sola:

¿dónde está el polo?

¿Empresas?

¿Empleo tecnológico?

¿Actividad productiva nueva?

¿Masa crítica empresarial?

¿Transformación económica medible?

Una antesala puede ser útil.

Pero nadie presume de haber construido una casa enseñando únicamente el recibidor.

Solidaridad sí; concentración permanente de cargas, no

Y después vienen las políticas sociales.

Se introduce también el debate sobre Albergue Covadonga, comedor social y otros posibles recursos asistenciales.

Aquí conviene hilar fino.

No está en discusión que haya que atender al indigente, al vulnerable o al menor necesitado de protección.

La cuestión democrática es diferente:

¿por qué determinadas cargas urbanas y determinados recursos tienden a concentrarse reiteradamente en los mismos territorios?

Un barrio puede ser solidario y exigir equilibrio territorial.

Puede defender la asistencia social y negarse a aceptar que «solidaridad» signifique que unos lugares siempre reciben las externalidades y otros disfrutan de la distancia.

La solidaridad pierde su contenido moral cuando deja de ser voluntaria y recíproca para convertirse en una obligación territorial permanente.

Tras la publicación del artículo de López, citado arriba, y tras semanas de protestas vecinales, la alcaldesa Carmen Moriyón parece que renuncia a la ubicación en la calzada. Bien que lo intentó.

Carmen Moriyón, un caso muy peculiar

La actual alcaldesa de Gijón parece continuar con la misma impronta que sus predecesores socialistas en el cargo y que ella misma siguió cuando gobernó en solitario con apoyos, bien aceptados por ella, de la izquierda más allá de la izquierda, es decir, la extrema.

Muchas de las inconsistencias y marginaciones de Gijón Oeste también son debidas a ella. La permanencia en el cargo, por encima de todo.

En su comportamiento dentro de su partido, el fundado por Francisco Álvarez-Casos y desnaturalizado por ella, mostró una falta de apego a la verdad y al proyecto inicial acusando a quien puede considerarse mejor político habido en Asturias desde la Transición.

Como no podía ser de otra manera, recibió lo que sin ambages se puede denominar un revolcón judicial: el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ratificó la absolución de Francisco Álvarez-Cascos de los delitos de apropiación indebida y administración desleal volviendo contra ella la asegunda acusación.

Respecto de la primera, la apropiación indebida, fue ella, precisamente, la condenada por el Tribunal de Cuentas a devolver 31.314,29 euros (más intereses) debido a la realización de pagos injustificados e irregulares con cargo a la asignación del grupo municipal de su partido entre los años 2017 y 2019.

Todo un efecto boomerang.

Hoy gobierna Gijón como siempre fue gobernada por el PSOE con al apoyo inexplicable del Partido Popular.

De la misma manera que el PP regional de Álvaro Quiepo pretende ir a las urnas de la mano del post-Foro de Moriyón tras su pacto con el diputado post-forista Adrián Pumares del que aquí también dimos cuenta.

El Tallerón y la industria que siempre empieza mañana

Y aparece El Tallerón.

Otra promesa que toca el nervio más sensible del Oeste y de toda Asturias: la reindustrialización.

Cuando Indra llegó, llegaron también las palabras inevitables:

Tecnología.

Defensa.

Empleo.

Modernización.

Actividad industrial.

Futuro.

Perfecto.

Pero una fábrica tiene una característica admirable: resulta muy fácil comprobar si funciona.

Se ven trabajadores.

Se mueve maquinaria.

Entran componentes.

Salen productos.

Hay producción.

La pregunta que hacemos sigue siendo devastadoramente sencilla:

¿qué actividad industrial efectiva existe?

No basta con que el proyecto pueda llegar.

El Oeste lleva demasiado tiempo especializado en futuros que pueden llegar.

Y aquí volvemos al voto

Todo esto atraviesa administraciones distintas.

Las socialistas soportan con mucho la mayor responsabilidad histórica por tiempo y competencias, especialmente en el Principado y durante largos periodos municipales y estatales.

Eso no absuelve al PP de Rajoy.

Ni a post-Foro, el la alcaldesa y el diputado.

Ni al actual PP-Foro municipal.

Quien hereda un incumplimiento y lo corrige merece reconocimiento.

Quien hereda un incumplimiento y lo continúa hereda también, progresivamente, su responsabilidad.

Porque la democracia no funciona transfiriendo eternamente las culpas hacia atrás.

Y el ciudadano tampoco debería transferir eternamente su confianza hacia delante.

Esta es la cuestión central.

La Calzada dispone de una fuerza extraordinaria para defenderse.

No necesita otra comisión.

No necesita que alguien descubra su existencia.

No necesita obligatoriamente una nueva plataforma reivindicativa.

Ya posee el instrumento democrático más poderoso:

el voto.

Premiar a quien cumple.

Castigar a quien incumple.

Y volver a castigar a quien repita los errores del anterior.

Sin mirar antes el color.

Sin convertir una sigla en apellido.

Sin aceptar que una identidad social obligue a votar siempre del mismo modo.

Porque cuando la ideología determina la conclusión antes de comprobar los hechos, la conciencia deja de juzgar y empieza solamente a obedecer.

Y ése es el momento exacto en que el ciudadano comienza a perder poder.

Un político puede resistir artículos.

Puede resistir manifestaciones.

Puede resistir preguntas parlamentarias.

Puede resistir años de protestas.

Hay algo que entiende con extraordinaria rapidez:

perder elecciones.

Si incumplir promesas no tiene suficiente coste electoral, el incentivo para cumplir disminuye.

Si ejecutarlas produce recompensa y abandonarlas produce castigo, el incentivo cambia.

No hace falta suponer políticos perversos.

Basta con comprender incentivos humanos.

La Calzada ha aprendido durante décadas a esperar.

Quizá haya llegado el momento de aprender otra cosa:

hacer que esperar tenga coste político.

Porque el voto fiel puede ser una expresión legítima de confianza.

Pero cuando la confianza no obtiene resultados y continúa indefinidamente, deja de proteger al ciudadano.

Empieza a proteger al gobernante.

Y ninguna democracia saludable debería funcionar así.

¿Qué hacer por tanto? La reiteración en la burla a los ciudadanos lleva directamente a que la izquierda gijonesa reciba su castigo electoral. La pelota está, pues, en un PP que aún está a tiempo de rectificar, porque gobernar no es estar, es hacer y merecer por ello. Y quien elige compañía, elige destino.

Documentación
Asturias Liberal: antecedentes del análisis

Asturias Liberal
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