Asturias ya tiene una ventaja competitiva extraordinaria: produce anuncios con una regularidad que muchas regiones envidiarían.
Hace apenas unos meses nos explicaban que la gran revolución industrial asturiana venía de la mano de Indra. Asturias iba a convertirse en referencia de la defensa, de los blindados, de la nueva industria tecnológica y de una larga lista de promesas que llenaron titulares, declaraciones institucionales y fotografías cuidadosamente preparadas.
Luego llegó la realidad. La inversión prometida se desinfló, los plazos se evaporaron y muchas de las advertencias que realizamos desde Asturias Liberal terminaron confirmándose.
La misma película, otro decorado
Ahora llega una nueva secuencia del mismo guion. Esta vez no son blindados. Son películas.
No es El Tallerón. Es La Vega. No es una fábrica. Es La Fávrica.
El presidente Adrián Barbón ha presentado un proyecto para convertir Asturias en polo de referencia del sector audiovisual mediante ocho millones de euros procedentes del Fondo de Transición Justa, una escuela de cine, nuevas líneas de financiación y un instrumento denominado Asturias Media Capital.
La pregunta no es si el cine puede generar actividad económica. Por supuesto que puede.
La pregunta es por qué en Asturias cada nueva promesa aparece siempre presentada como si fuera el inicio de una nueva era histórica.
Asturias, capital permanente de lo que aún no existe
Llevamos años escuchando que la región va a convertirse en referente nacional de la innovación, de la economía verde, del hidrógeno, de la transición energética, de la digitalización, de la industria militar, del turismo inteligente, de la economía azul y ahora también del cine.
Asturias acumula más capitalidades que proyectos terminados.
Capitalidad gastronómica.
Capitalidad cultural.
Capitalidad verde.
Capitalidad industrial.
Capitalidad cinematográfica.
A este ritmo sólo falta que nos nombren capital interplanetaria del sistema solar.
El método Barbón: cada fracaso necesita un estreno
La cuestión de fondo no es el cine. La cuestión es el método.
Cada vez que aparece un problema estructural —pérdida de densidad industrial, envejecimiento, fuga de talento, escasez de inversión privada, retrasos ferroviarios o dependencia creciente del sector público— surge un nuevo relato capaz de desplazar la atención hacia un horizonte luminoso situado siempre algunos años por delante.
El presente nunca funciona. El futuro siempre es espectacular. Y cuando ese futuro llega sin cumplir lo prometido, aparece otro todavía más espectacular.
La escuela que descubre lo ya existente
Resulta especialmente llamativo que se anuncie una escuela de cine como si Asturias partiera de cero cuando el propio presidente citó durante la presentación la existencia del CISLAN de Langreo y toda la estructura audiovisual ya existente en la región.
Pero quizá eso sea lo menos importante.
Lo verdaderamente interesante es comprobar cómo la antigua Fábrica de Armas de La Vega se transforma simbólicamente en escenario perfecto del nuevo modelo económico asturiano.
- Antes se fabricaban armas.
- Después se prometieron proyectos.
- Ahora se fabricarán expectativas.
La transición está completa.
Una productora llamada Gobierno
Mientras tanto, los asturianos siguen esperando explicaciones sobre inversiones anunciadas, infraestructuras retrasadas, oportunidades perdidas y proyectos que nunca llegaron a materializarse.
Quizá por eso la presentación de La Fávrica tiene algo involuntariamente cinematográfico, porque Asturias ya no parece gobernada por una administración: es una productora la que gobierna.
Y cada pocos meses estrena una película nueva.
El problema es que los contribuyentes llevan demasiado tiempo pagando la entrada para ver siempre el mismo final.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
