Asturias Liberal > España > Elecciones anticipadas: la suerte no está echada. Los 14 motivos para ello

Si las elecciones generales se celebrasen hoy y las encuestas acertasen, PP y Vox tendrían motivos sobrados para descorchar alguna botella. El promedio de sondeos coloca al PP en el 32,5%, a Vox en el 18,7% y al PSOE en el 26,3%. La traducción parlamentaria resulta todavía más contundente: 137 diputados para el PP y 65 para Vox, 202 entre ambos, veintiséis por encima de la mayoría absoluta.

El último barómetro de la demoscopia 40dB ofrece una fotografía semejante: PP 31,6%, PSOE 27,4%, Vox 18,4%, Sumar 5,6% y Podemos 2,7%. PP y Vox alcanzan exactamente el 50%; PSOE, Sumar y Podemos, el 35,7%. Entre ambos espacios hay 14,3 puntos de diferencia, sin necesidad siquiera de sumar el 2% que se le atribuye a SALF, el partido de Alvise Pérez.

No hay motivo serio para negar esa ventaja. Lo que sí sería poco serio es dar ya por celebradas las elecciones. Hay al menos trece razones para que quienes desean un cambio de Gobierno no confundan una posición extraordinariamente favorable con una victoria ya cobrada.

1. Las encuestas son una fotografía, no una urna

El propio promedio explica expresamente que se trata de una media ponderada de las encuestas publicadas durante los últimos treinta días. Mide el presente demoscópico, no el escrutinio del 29 de noviembre.

El trabajo de campo de 40dB, por ejemplo, se realizó entre el 25 y el 28 de septiembre sobre 2.000 entrevistas, con un error muestral declarado de ±2,2 puntos. Terminó antes de la derrota parlamentaria de los decretos Maricarmen, de la convocatoria electoral y de buena parte de la movilización posterior.

Quedan además 54 días desde la convocatoria hasta las urnas. En política, 54 días son una eternidad bastante mal educada: no acostumbra a respetar los planes de campaña que cada partido tiene planteados. Como sucede con las obras y con las guerras, se sabe cómo se comienza, pero no cómo acaba todo.

2. Ya ocurrió en 2023

El precedente inmediato aconseja mucha prudencia tanto al PP como a Vox. Las últimas encuestas de 2023 situaban aproximadamente al PP en el 34% y al PSOE en torno al 28,3%. La distancia demoscópica era de unos 5,7 puntos.

Los resultados oficiales del 23-J fueron muy distintos: PP, 33,1%, con 8.091.840 votos; PSOE, 31,7%, con 7.760.970. La distancia real quedó reducida a sólo 1,4 puntos.

La reconstrucción histórica de los errores demoscópicos españoles calcula que en 2023 el PSOE fue infravalorado en unos 3,3 puntos. En la distancia PP-PSOE, las encuestas se desviaron aproximadamente 4,3 puntos respecto del resultado final.

No es una distancia menor como vemos en este análisis que no demuestra que vuelva a suceder lo que ocurrió hace tres años, pero sí elimina una afirmación bastante frecuente estos días: que una ventaja grande en octubre se matendrá sustancialmente durante una campaña.

3. Hay casi 800.000 antiguos socialistas ahora en PP o Vox

Aquí empieza lo interesante. El PSOE obtuvo en 2023 exactamente 7.760.970 votos. Según los cruces y microdatos publicados por 40dB, hoy conserva sólo al 68,4% de aquellos votantes.

Un 5,4% declara ahora intención de votar al PP y otro 4,8% a Vox. En total, el 10,2% del antiguo electorado socialista aparece actualmente en partidos de la derecha.

Aplicado a los 7,76 millones de votos socialistas de 2023, el cálculo arroja aproximadamente 792.000 antiguos votantes del PSOE: unos 419.000 orientados ahora hacia el PP y alrededor de 373.000 hacia Vox. Este es el motivo por el que la euforia se ha instalado en ambas formaciones, pero debería considerarse, precisamente, una causa de desconfianza.

No son 792.000 votos que Sánchez tenga guardados en un cajón esperando recuperarlos, por supuesto. Son 792.000 electores que ya han demostrado que pueden atravesar la frontera entre bloques. Y eso es bastante más importante que un simple indeciso.

4. Esos votos valen doble

La aritmética es elemental, pero políticamente decisiva. Un abstencionista que vuelve al PSOE añade un voto a la izquierda. Un elector que pasa desde PP o Vox al PSOE resta un voto a un bloque y añade otro al contrario.

Por tanto, 400.000 retornos desde PP o Vox reducirían la diferencia entre ambos bloques en el equivalente a 800.000 votos. Si regresasen los casi 792.000 que ahora aparecen desplazados hacia la derecha, el efecto máximo teórico sobre la distancia alcanzaría aproximadamente 1,58 millones de votos.

No estamos diciendo que vaya a ocurrir. Estamos explicando por qué la transferencia entre bloques tiene el doble de potencia aritmética que movilizar a un abstencionista propio.

5. Existe otra bolsa de alrededor de millón y medio

Los mismos cruces completos de 40dB permiten identificar una segunda reserva. Entre quienes votaron PSOE o Sumar en 2023 aparece ahora un volumen significativo de electores repartidos entre abstención e indecisión.

Aplicando sus porcentajes a los votos reales de 2023, el orden de magnitud se sitúa alrededor de 1,5-1,6 millones de personas. Eso sí, hay que precisar bien el dato: no son 1,5 millones de abstencionistas. Parte declara que no votaría y parte todavía no sabe a quién votar.

No es una distinción menor. Un indeciso y un abstencionista firme no presentan la misma resistencia a la movilización. Pero ambos demuestran que una parte sustancial del electorado que sostuvo al Gobierno en 2023 todavía no tiene cerrado su comportamiento para noviembre.

6. La derecha está hoy mucho más cohesionada

Ésta es probablemente la mejor noticia de los datos para PP y Vox. La matriz de fidelidad de voto de 40dB muestra que Vox conserva al 87,4% de quienes lo votaron en 2023; el PP, al 76,2%; el PSOE, al 68,4%; y Sumar apenas al 39,9%. Vox posee actualmente el electorado más compacto de los cuatro grandes espacios estatales.

Además, el flujo interno de la derecha favorece abrumadoramente a Abascal: el 13,5% del antiguo voto del PP se desplaza hacia Vox, mientras sólo el 1,6% del antiguo voto de Vox declara ahora PP.

Por eso la situación actual es inequívocamente favorable a la derecha, especialmente a Vox. Pero contiene una paradoja: el PSOE dispone de mayor margen potencial de recuperación precisamente porque ha perdido muchos más votantes por el camino.

La debilidad presente del PSOE y su alto potencial de crecimiento son aquí las dos caras del mismo problema.

7. Una extrema izquierda débil ayuda al PSOE… hasta que deja de ayudarlo

Sumar obtuvo en las generales de 2023, con Podemos integrado, 3.014.006 votos y el 12,3%. Hoy 40dB da a Sumar un 5,6% y a Podemos un 2,7%: juntos apenas alcanzan el 8,3%. El promedio de DatosRTVE es algo menos severo: 6,3% para Sumar y 9,7% sumando Sumar y Podemos.

Una parte de esa debilidad puede beneficiar al PSOE. Un elector de izquierdas enfadado con Sánchez puede utilizar al PSOE como mal menor si sus opciones preferidas de la extrema izquierda llegan divididas, sin liderazgo reconocible o con escasas posibilidades de obtener representación.

Pero el mecanismo tiene un límite. El análisis territorial de 40dB recuerda que en 2023 Sumar, unido y con un 12,3% nacional, ya se quedó sin representación en 29 circunscripciones que repartían entre uno y cinco diputados, otras tres que repartían seis y una que repartía siete.

Con menos del 10% y varias papeletas, la pérdida de eficiencia territorial de sus votantes podría multiplicarse. Parte de esos votos puede trasladarse al PSOE, pero otra parte puede abstenerse o quedar por debajo de los cocientes necesarios para obtener diputados.

Por esto mismo aparece un dato revelador. Según la reconstrucción de las conversaciones de Sánchez antes y después del adelanto, el presidente trasladó a sus ministros de Sumar que necesitaba que ese espacio aguantase porque existen millones de electores que jamás votarían al PSOE. Incluso les dijo: «Tenéis que sacar un mínimo del 10%».

Ahí está el punto exacto: la debilidad de la izquierda alternativa beneficia al PSOE…. hasta cierto umbral; por debajo de él comienza a perjudicar al conjunto del bloque, porque el PSOE no puede absorber todo lo que desaparezca a su izquierda. Ni siquiera el «campeón mundial de resistencia frente a la ola ultraderechista» tiene ese poder.

8. Protestar contra Sánchez no significa necesariamente votar contra Sánchez

Los movilizados por la vivienda critican también al Gobierno, en ocasiones con extraordinaria dureza. Pero el destino electoral de una protesta no viene escrito en sus pancartas. Llegado el caso de una extrema izquierda sin atractivo, su voto se decantará en buena medida hacia el Sánchez salvador.

Tenemos además un precedente especialmente interesante. El estudio de Belén Barreiro e Ignacio Sánchez-Cuenca sobre las elecciones de 1993 analizó mediante encuesta de panel a quienes antes de aquella campaña no pensaban votar al PSOE y terminaron haciéndolo.

Su perfil era revelador: se trataba de electores de izquierdas, descontentos con la gestión del Gobierno socialista, pero con una valoración elevada de Felipe González y especialmente sensibles a lo ocurrido durante los debates televisivos. Ese grupo resultó crucial en la inesperada victoria socialista.

Después González pronunciaría aquella frase que muchos aún recordamos: «He recibido el mensaje».

1993 no constituye una receta para 2026. Demuestra algo mucho más útil: el enfado con un Gobierno y el voto final a ese Gobierno pueden convivir cuando aparecen el adversario, el voto útil y la propia dinámica de una campaña.

9. El famoso ±2% no es todo el error posible

40dB declara un margen muestral de ±2,2 puntos. Otras encuestas recientes se sitúan alrededor de ±2 o ±3. Pero ese margen no equivale al error total de una previsión electoral.

El margen estadístico no incorpora completamente errores de participación, recuerdo de voto, indecisos, modelos de estimación, cocina o movimientos producidos después del trabajo de campo.

La revisión de las elecciones generales españolas entre 2004 y 2023 muestra, además, que los grandes errores no siguen siempre la misma dirección.

En 2023, por ejemplo, el error medio por partido fue relativamente pequeño, 0,85 puntos, pero el PSOE fue infravalorado nada menos que en 3,3. Y puede volver a ocurrir el 29-N

En 2016 el error medio por partido alcanzó 2,28 puntos; en 2004, 1,55. Y la serie histórica muestra desviaciones bastante mayores sobre partidos concretos. No existe una ley que obligue a las encuestas a equivocarse siempre a favor del mismo bloque.

10. Ponemos números a los distintos escenarios

Con 40dB, PP y Vox suman actualmente 50%; PSOE, Sumar y Podemos, 35,7%. La brecha es de 14,3 puntos. El promedio de RTVE ofrece una distancia de magnitud semejante.

En 2023 se emitieron alrededor de 24,7 millones de votos válidos a candidaturas. Utilizando esa cifra únicamente como escala de referencia, cada punto porcentual representa unos 247.000 votos. Una brecha de 14,3 puntos equivaldría aproximadamente a 3,53 millones.

Primer escenario: las encuestas aciertan aproximadamente. Si la distancia permaneciese en torno a esos 3,5 millones y, siguiendo el deseo de Pedro Sánchez, regresasen al PSOE los aproximadamente 792.000 antiguos socialistas que hoy declaran PP o Vox, la transferencia reduciría la brecha en unos 1,58 millones. Todavía quedarían aproximadamente 1,95 millones por cerrar.

La bolsa de 1,5-1,6 millones situada entre abstención e indecisión no bastaría por sí sola, aun suponiendo una movilización extraordinariamente eficiente.

Segundo escenario: un error favorable a la izquierda similar al de 2023. Si la distancia que muestran las actuales encuestas estuviese sobreestimada en aproximadamente cuatro puntos, la brecha bajaría de 14,3 a unos 10,3 puntos, es decir, aproximadamente 2,54 millones de votos utilizando la misma escala.

Restando después el efecto doble de recuperar aquellos 792.000 votos actualmente en PP o Vox, quedarían alrededor de 960.000 votos por cerrar.

Y por eso, mucho, mucho cuidado con esto, pues esa cifra sí cabe dentro del volumen de antiguos votantes de PSOE y Sumar actualmente situados entre indecisión y abstención.

Tercer escenario: el error favorece a la derecha. Si esos mismos cuatro puntos operasen en sentido contrario y fuese la derecha la beneficiada por el error de las encuestas, la brecha alcanzaría unos 18,3 puntos, alrededor de 4,52 millones de votos. Incluso recuperando todos los antiguos socialistas actualmente desplazados hacia PP o Vox, seguirían quedando cerca de tres millones de votos de diferencia.

La conclusión no es que Sánchez vaya a remontar porque las encuestas puedan equivocarse. Es bastante menos tranquilizador para cualquiera que quiera certezas: el sentido del error demoscópico modifica enormemente el tamaño de la montaña.

11. España no elige 350 diputados en una circunscripción nacional

Hay además otra dificultad para leer directamente porcentajes nacionales como diputados. El Congreso se decide en 52 circunscripciones mediante el sistema D’Hondt, con provincias enormes y otras que eligen dos, tres, cuatro o cinco representantes.

Por eso no importa solamente cuántos votos cambian, sino DÓNDE cambian. Un movimiento nacional aparentemente pequeño puede alterar muchos últimos escaños si se concentra en determinadas provincias. Otro mucho mayor puede resultar electoralmente estéril si se produce donde los cocientes están lejos de cambiar.

La proyección provincial de Polling Forecast permite observar precisamente esa frontera entre diputados seguros y marginales.

12. Algunos escaños están colgando de muy poco

Los ejemplos resultan bastante expresivos. La proyección provincial sitúa actualmente Barcelona en PSOE 11, ERC 5, PP 5, Vox 4, Junts 3, Sumar 3 y Podemos 1. El siguiente escaño socialista está a sólo 0,20 puntos provinciales del último adjudicado.

En Sevilla proyecta PP 4, PSOE 4, Vox 3 y Sumar 1, con el siguiente cociente a sólo 0,17 puntos. En Alicante aparece PP 5, PSOE 4 y Vox 3, con Sumar a 0,33 puntos del último diputado. En Murcia proyecta PP 4, Vox 4 y PSOE 2, con el siguiente cociente del PP a apenas 0,03 puntos.

Más importante todavía: cuando Polling Forecast aplica a las encuestas actuales errores semejantes a los registrados en elecciones anteriores, cuarenta de las cincuenta y dos circunscripciones cambian al menos un diputado en alguno de esos escenarios históricos.

Nuestro propio ejercicio mecánico sobre esos cocientes daba órdenes de magnitud igualmente ilustrativos: alrededor de 20.000 transferencias de voto en Barcelona, unas 19.000 en Sevilla o Málaga y unas decenas de miles en Valencia podían mover determinados últimos escaños entre bloques.

Extendido a varias provincias, un ejercicio extremo de distribución casi quirúrgica permitiría que alrededor de 176.000 transferencias directas llegasen a mover diez últimos diputados.

Ningún estratega de partidos dispone, naturalmente, de una jeringuilla capaz de colocar exactamente 6.000 votos aquí y 19.000 allá. No estamos haciendo una predicción, sino una medida de extrema sensibilidad del sistema a pequeños cambios según dónde se produzcan.

Pero demuestra por qué aquellos 700.000-800.000 antiguos votantes socialistas hoy situados en PP o Vox no deben medirse únicamente como un porcentaje nacional. Su localización puede importar casi tanto como su número. Y eso le da una opción muy asequible a Pedro Sánchez para revalidar gobierno.

13. Nadie sabe todavía cuál será realmente la campaña

Pedro Sánchez sí sabe qué campaña quiere hacer. La reconstrucción de las horas que precedieron al adelanto señala que pidió análisis de datos, esperó a comprobar el tamaño de las movilizaciones del sábado y planteó a los suyos una oportunidad para que la campaña girase sobre «vivienda, educación y sanidad».

El PSOE añade derechos, élites y bloqueo parlamentario. El PP pretende mantener en primer plano corrupción, desgaste y necesidad de cambio. Vox empuja hacia inmigración, Ceuta, Marruecos, soberanía y seguridad.

Todos tienen estrategia.

Ninguno tiene la propiedad de la realidad.

●Una huelga general antes de la campaña oficial puede mantener la vivienda en el centro.

●Una nueva crisis en Ceuta puede devolver inmigración y Marruecos al primer plano.

●Una información judicial puede recuperar la corrupción.

●Un debate televisivo puede modificar percepciones.

Y un acontecimiento que hoy sencillamente no existe puede comerse en tres días la mejor campaña diseñada durante tres meses.

Eso también forma parte de la enseñanza de 1993: las campañas empiezan siendo diseñadas por los partidos y terminan siendo parcialmente diseñadas por lo que ocurre durante ellas.

14. También existen muchas dudas sobre determinados procedimientos de voto

La desconfianza alcanza incluso al procedimiento electoral. Santiago Abascal ha recomendado evitar el voto por correo, mientras Isabel Díaz Ayuso ha centrado parte de sus recelos en el crecimiento y gestión del censo CERA.

Dos advertencias distintas que muestran que tampoco estos dirigentes consideran cerrado el escenario antes del 29-N.

O sea, una ventaja enorme que todavía tiene que convertirse en votos

PP y Vox poseen hoy una posición extraordinariamente favorable: alrededor del 50% del voto en 40dB, más de 200 diputados en el promedio de RTVE y un electorado considerablemente más fidelizado que el socialista. Negarlo sería sustituir el análisis por propaganda.

Pero tampoco es acertado transformar una encuesta de finales de septiembre o principios de octubre en el escrutinio del 29 de noviembre.

Hay aproximadamente 792.000 antiguos votantes del PSOE situados hoy en PP o Vox.

Hay del orden de 1,5 millones de antiguos votantes de izquierda entre abstención e indecisión.

La fidelidad socialista es del 68,4%, frente al 76,2% popular y el 87,4% de Vox. El precedente de 2023 dejó una desviación de unos 4,3 puntos en la distancia PP-PSOE.

Y el reparto provincial permite que movimientos relativamente pequeños modifiquen diputados sin necesidad de grandes terremotos nacionales.

A ello se añade una izquierda alternativa que puede beneficiar al PSOE si se debilita moderadamente, pero perjudicar al bloque entero si se hunde por completo; una protesta social cuyo destino electoral todavía no está decidido; y una campaña cuyo asunto central puede cambiar varias veces antes de que llegue el día de votar.

La derecha tiene hoy razones sobradas para estar satisfecha. No tiene todavía razones para darse por vencedora.

Los partidos ya han empezado a diseñar sus campañas. Ahora falta saber qué campaña terminarán diseñando los acontecimientos.

Asturias Liberal

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