Un alivio limitado para el PSOE y un cambio de relato, que equivale a teatro.
La dimisión de Óscar Puente, forzada desde Moncloa, pretende ofrecer al PSOE un pequeño punto de apoyo. Sánchez y sus aliados anhelan presentar su salida como una escenificación de responsabilidad y de empatía con las víctimas. Los comentarios favorables de los medios afines al gesto permiten convertir la retirada del ministro en un argumento de dignidad institucional. Algo que en absoluto puede apartar de nuestra vista un conjunto de gestión de gobierno, completamente perjudicial para España.
Atrás quedan los «martes meramente sociales» y la propaganda festiva, sonriente y llena de romanticismo y amor. Urda lo ha cambiado todo, al menos durante unos días.
La derecha mantiene, como es su obligación, como siempre debió ser su obligación, otra interpretación: Puente se marcha, pero Sánchez conserva la responsabilidad de haberlo nombrado y respaldado. Feijóo ha respondido esta mañana con acierto al elogio presidencial de la dimisión con una palabra: «Aplícatelo». El relevo no cierra esa confrontación que asprra, o debería aspirar, a dar a España un vuelco de reformas institucionales tras el necesario pero aún incierto vuelco electoral.
A la izquierda del PSOE, Podemos insiste en renacionalizar el ferrocarril. Frente Amplio combina el reconocimiento de la dimisión con propuestas de reforma y la cooperación electoral con los socialistas. La salida del ministro permite un acuerdo sobre el gesto, mientras permanece abierta la discusión sobre el modelo. El debate del modelo, introducido desde la extrema izquierda, sería una trampa en la que ni PP ni Vox deberían caer.
El relevo y la protección presidencial
Sánchez debe resolver ahora una vacante en plena crisis. Un criterio es el que le conviene ahora para hacer una gestión de los daños sufridos tras la tragedia ferroviaria. Los requisitos de ese criterio son: designar una cabeza poco atacable, mantener un responsable que amortigüe la exposición del propio Pedro Sánchez y presentar el encargo como provisional. Un ministro ya en ejercicio podría aportar continuidad; un profesional externo, distancia respecto de la gestión cuestionada.
Carlos Cuerpo aparece ya como posibilidad, como principal candidato para asumir temporalmente Transportes hasta las elecciones. Destaca su perfil técnico y su ausencia de las candidaturas socialistas. Aún sin confirmar este nombramiento, la opción de Jordi Heréu, ministro de Industria y Turismo, sería otra opción por su perfil similar y la cercanía de sus competencias con las que abandonó Óscar Puente.
La derecha también necesita un relato de gestión
La derecha política mantiene una interpretación común y, sin duda, ajustada al tiempo que vive España: el problema reside en la gestión del modelo ferroviario, especialmente en su seguridad y en el modelo general de colonización ideológica del Estado por parte del socialismo aún gobernante. Su reto obligado consiste en convertir la crítica al Gobierno en una expectativa de mayor fiabilidad para administrar el Estado.
Dentro de ese relato, Feijóo dispone, en principio, de una credencial que Abascal no puede exhibir en términos equivalentes: su experiencia al frente de un Gobierno autonómico, respaldada por cuatro mayorías absolutas. El PP puede presentar su etapa gallega como una trayectoria de estabilidad y control administrativo, diferenciándola tanto de la gestión de Sánchez como de la de su correligionario Mazón.
La llegada de Cuerpo podría mejorar la apariencia técnica de la respuesta gubernamental a la tragedia de Urda, pero la derecha deberá de mantener la responsabilidad del conjunto, la responsabilidad de todo un mandato presidencial que nunca debió darse, en quien acapara toda esa carga: pedro Sánchez. Feijóo, y todo el bloque opositor con él, tendría así una oportunidad para reforzar su liderazgo: pasar de encabezar la protesta a representar una alternativa de gestión creíble.
Algo que hasta ahora el PP no ha sido capaz de presentar siguiendo solamente la estela de la agenda que el aparato de propaganda de Sánchez, pagada con recursos de todos.
Ese es el mensaje que puede y debe construir. Su eficacia dependerá de que consiga sostenerlo con propuestas, equipos y una conducta que transmita la seriedad que reclaman los ciudadanos no ideologizados.
La provisionalidad como amortiguador
La provisionalidad del relevo de Óscar Puente puede aliviar la presión sobre el sustituto, pero no debería olvidarse que la exigencia de seguridad en los transportes permanece. Y permanecen también temas tan lesivos para el país como:
-La integridad territorial fronteriza: Ceuta y Melilla.
-El descenso del nivel de vida de los españoles.
-La degradación institucional insertada en el corazón mismo del Estado.
-La inmerecida importancia de los nacionalismos fraccionarios de Cataluña y el País Vasco.
El examen de la gestión alcanzará tanto a quien ocupe Transportes como a quienes aspiren a dirigirlo después del 29-N. El 29 N habrá una ocasión irrepetible para cambiar el camino descendente que lleva España.
ENLACES RECOMENDADOS
- Vozpópuli: Cuerpo y el relevo temporal.
- EFE: Sánchez ante la dimisión.
- Frente Amplio: propuesta ferroviaria.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
