Asturias Liberal > España > Feijóo y el límite del crecimiento: por qué el voto de Vox no vuelve al PP

El problemático bloque electoral de la derecha persiste, pero el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo no ha demostrado la capacidad necesaria para reabsorber de forma decisiva el voto que se fue a Vox como hemos concluído al analizar la macroencuesta de El Español.

Alberto Núñez Feijóo es presidente nacional del Partido Popular desde el 2 de abril de 2022, tras ser elegido con el 98,35 % de los votos en el XX Congreso extraordinario del partido celebrado en Sevilla.

Llegaba a la dirección nacional después de una larga etapa al frente del PP de Galicia y de la Xunta, con un perfil de gestor solvente y una reputación de moderación eficaz.

Desde su llegada, tanto el PP como Vox han seguido trayectorias ascendentes, aunque con dinámicas excesivamente distintas.

Y es precisamente en esa divergencia donde se encuentra la clave del análisis.

El crecimiento del PP y la persistencia de Vox

En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, las únicas celebradas bajo su liderazgo, el Partido Popular experimentó un crecimiento notable: pasó de 89 escaños en 2019 a 137 escaños, ganando más de tres millones de votos.

Vox, por su parte, retrocedió desde los 52 escaños hasta 33, perdiendo 19 diputados y más de 600.000 votos.

A primera vista, podría interpretarse como un éxito del liderazgo de Feijóo en términos de absorción del espacio electoral.

Sin embargo, la evolución posterior introduce matices decisivos.

Las encuestas de abril de 2026 muestran un escenario distinto.

El PP se consolida como primera fuerza en la mayoría de sondeos privados, con estimaciones entre el 31,5 % y el 32,8 % del voto, lo que se traduciría en torno a 140–142 escaños.

Lo verdaderamente relevante, sin embargo, es la evolución de Vox.

Lejos de diluirse, el partido muestra una recuperación sostenida: los sondeos actuales le otorgan entre un 15,9 % y un 18 % de intención de voto, con una proyección que podría alcanzar hasta los 60 escaños.

Esto supone recuperar e incluso ampliar parte del terreno perdido en 2023.

Si el liderazgo del Presidente del PP fuera eficaz en términos de integración del espacio electoral de la derecha, la recuperación de Vox no debería producirse con esta intensidad.

No se trata de cuántos votos suma el bloque en su conjunto, sino de por qué esos votos no se concentran.

Una comparación histórica que no responde a la tesis

En este punto conviene abordar una tesis defendida por Gonzalo Botas, según la cual la existencia de Vox no debilita al PP, sino que amplía el conjunto del espacio electoral de la derecha.

Su argumento se apoya en comparaciones históricas que muestran que el PP, salvo en etapas sin competencia, ha tendido a moverse en el entorno de los 140 escaños.

El planteamiento es sugerente, pero no responde a la cuestión central que aquí se plantea.

Comparar resultados actuales con los de hasta hace veinte años introduce un problema metodológico que falsea la conclusión: no estamos ante el mismo sistema de partidos, ni ante el mismo censo electoral, ni ante el mismo grado de fragmentación.

El número de votantes ha aumentado de forma significativa, el comportamiento electoral se ha vuelto más volátil y la competencia dentro del espacio ideológico es mucho más intensa.

Pero, sobre todo, ese tipo de comparación no aborda el núcleo del problema: la capacidad de un liderazgo para integrar y reabsorber voto dentro de su propio espacio.

Una cosa es constatar que la derecha suma.

Otra muy distinta es explicar por qué no se integra.

El problema de la gobernabilidad compartida

La coexistencia de PP y Vox no es solo una cuestión electoral, es, ante todo, un problema de gobernabilidad.

Sobre el papel, ambos partidos comparten una base ideológica en varios ámbitos, sin embargo, las diferencias en la forma de entender el ejercicio del poder público y en el interior de sus respectivas formaciones, especialmente en lo relativo al respeto a la legalidad y a la viabilidad real de determinadas propuestas, introducen tensiones constantes.

La experiencia de gobierno en Castilla y León tras las elecciones de 2022 es ilustrativa:

El acuerdo de coalición entre PP y Vox no solo no generó estabilidad política, sino que evidenció dificultades operativas, discrepancias públicas y una dinámica de confrontación interna que terminó erosionando la acción de gobierno.

A ello se suma la evolución interna de Vox bajo el liderazgo de Santiago Abascal.

La salida de figuras con perfil liberal y capacidad de interlocución, como Iván Espinosa de los Monteros, ha reducido los puentes posibles con el PP.

En paralelo, la adopción de posiciones más rígidas, como se está observando hoy en Extremadura, dificulta aún más la construcción de acuerdos funcionales.

En este contexto, la idea de un bloque de la derecha armónico resulta, cuando menos, problemática.

Feijóo en el eje del análisis

Nadie discute que, en el escenario actual, un eventual gobierno del PP requerirá el apoyo de Vox es una realidad que se hemos señalado reiteradamente y que forma parte del tablero político.

Pero precisamente por eso, el foco del análisis no puede situarse únicamente en la suma de escaños, sino en la capacidad del liderazgo del PP para reconfigurar ese espacio.

Y aquí es donde la figura de Núñez Feijóo se sitúa en el centro del debate.

Su liderazgo ha sido eficaz para recuperar al PP como primera fuerza electoral tras la desastrosa experiencia de Pablo Casado , pero no ha demostrado la capacidad necesaria para integrar de forma decisiva el voto que se desplazó hacia Vox. Ese voto no solo no ha sido absorbido, sino que muestra capacidad de reactivación propia.

Lo que está en juego, debe quedar bien claro, no es un matiz táctico, sino una cuestión estratégica: la construcción de una mayoría política coherente y en este punto, la comparación con otros liderazgos dentro del propio espacio político resulta inevitable.

La combinación de contundencia discursiva, respeto a la legalidad y claridad programática que ha mostrado Isabel Díaz Ayuso constituye un modelo distinto de relación con ese electorado: uno que no solo compite, sino que aspira a integrar por reabsorción.

Conclusión

El debate no gira en torno a si la derecha suma más o menos votos que en el pasado, sino en torno a si esos votos pueden articularse en una mayoría operativa.

Los datos muestran que el espacio existe, lo que está en cuestión es la capacidad de organizarlo.

Y ahí, inevitablemente, el liderazgo deja de ser un factor secundario para convertirse en la variable decisiva.


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