Las organizaciones empresariales asturianas revelan un patrón general cuya impronta se basa en subsistir cómodamente en una región donde las crisis empresariales y laborales se suceden, donde las promesas de reactivación, de actualización de infraestructuras y de impulso económico condenan a la región a un futuro insignificante y a su población a una decreciente ilusión por forjar un proyecto de vida en ella.
Lo visto de la Cámara de Comercio de Oviedo y de su presidente, Carlos Paniceres, es el caso extremo de complicidad. Pero no es el único. El caso de la Cámara de Gijón se diferencia formalmente de la ovetense, pero esa sutil diferencia no oculta el hecho primordial de que ambos modelos operan como consolidación de lo que el Gobierno y la Administración del Principado hace. O más bien, de lo que no hace.
El objetivo de las Cámaras, las tres, es el mismo: servir de consolidación de las empresas que las manejan, sin dejar atrás a las de sus presidentes, y bloquear la apertura hacia un ecosistema empresarial competitivo, dinámico y no dependiente de los favores políticos, esos que siempre se pagan.
La trayectoria empresarial del presidente de la Cámara de Gijón y la incorporación de María Calvo revelan una estrategia diferente a la centralización cameral defendida desde Oviedo. Carlos Paniceres quiere todo el terirtorio asturiano para su Cámara. Lógicamente, la de Gijón, de Félix Baragaño, no cede, pues su nicho es territorio propio y asiento de su influencia para bien y para mal.
Asimismo, desde FADE se piensa lo que es lógico: ¿para qué una única Cámara regional si el empresariado de Asturias está ya representado en una única organización? Cierto es que jurídicamente no son lo mismo las cámaras de comercio que las organizaciones patronales, pero todos sabemos que la centralización cameral haría irrelevante la mayoría de las funciones de la FADE.
Y pensando en Asturias, en los intereses de los asturianos, lo propio sería una realidad con dos condiciones:
- Una mayor diversidad de organizaciones empresariales y de cámaras de comercio.
- Una prohibición taxativa de toda forma de financiación de las mismas por parte de la Administración Regional. Las manos de ésta, lejos de las empresas.
Pero vamos a las diferencias que hay en los dos modelos camerales: el de Oviedo y el de Gijón. El de Carlos Paniceres y el de Félix Baragaño. Dado que del primero ya hemos dejado un análisis claro, vamos al segundo.
Paniceres propone una sola Cámara para toda Asturias. Baragaño y Calvo parecen preferir una sola red empresarial, pero con varias instituciones dentro de ella.
Tras analizar en Asturias Liberal la trayectoria de Carlos Paniceres y su posición dentro del sistema institucional asturiano, conviene observar ahora al presidente de la Cámara de Comercio de Gijón.
Félix Baragaño es, como Carlos Paniceres, un dirigente empresarial de larga duración, con presencia en organismos públicos y privados y una notable capacidad de relación institucional.
Sin embargo, su procedencia empresarial responde a una lógica sustancialmente diferente que le podría hacer merecedor de un proceder más acorde con una idea de empresario competitivo, aunque los hechos acaban yendo por el sentido contrario.
Paniceres dirige una compañía cuya actividad depende estructuralmente de grandes adjudicaciones públicas de transporte sanitario. Baragaño procede de una empresa industrial que obtiene su carga de trabajo prestando servicios a otras empresas y compitiendo por pedidos.
Dicho sin rodeos: Paniceres necesita contratos administrativos; Baragaño necesita clientes industriales. Esto, en principio y si solamente observamos la superficie, algo muy común entre políticos y medios de comunicación asturianos.
De la empresa familiar al mercado industrial
Félix Baragaño, nacido en Gijón en 1959, es ingeniero industrial mecánico. En 1985 comenzó a trabajar en Sistemas Especiales de Metalización, la empresa fundada por su padre, y asumió su dirección tras el fallecimiento del fundador en 1987.
A partir de aquella base familiar desarrolló un grupo especializado en el tratamiento y recubrimiento de superficies, con presencia en actividades siderúrgicas, bienes de equipo, mantenimiento industrial, energía eólica, oil and gas y aeronáutica, según recoge el perfil profesional publicado por la Cámara de Comercio de Gijón.
La evolución de SEM reproduce una experiencia empresarial reconocible: crecimiento, inversión, exposición al mercado, crisis, ajuste de costes y recuperación.
SEM también ha obtenido contratos de sociedades públicas industriales como Navantia o Equipos Nucleares. Por tanto, no estamos ante una empresa completamente ajena al sector público.
Pero esos contratos forman parte de una cartera industrial más amplia y responden a trabajos técnicos específicos, como el tratamiento, preparación y pintura de piezas para cadenas productivas complejas.
La diferencia con Transinsa no consiste en que una empresa sea privada y la otra pública, porque ambas son sociedades privadas.
La diferencia está en el grado de dependencia respecto a una adjudicación administrativa estructural.
Sin el gran contrato sanitario regional, el modelo empresarial de Transinsa quedaría profundamente afectado. SEM, por el contrario, puede trabajar para compañías públicas o privadas, dentro y fuera de Asturias, y necesita conservar capacidad técnica, precios competitivos y relaciones comerciales.
Paniceres depende principalmente de la Administración como cliente. Baragaño depende principalmente del mercado industrial como comprador.
Hasta aquí las diferencias, esas que podrían hacer pensar que el de Gijón es un empresario de verdad y el de Oviedo, uno dependiente.
Pero la trayectoria y las manifestaciones públicas de Félix Baragaño no difieren a la postre del seguidismo de los malos políticos que nos gobiernan y que también caracteriza al ovetense. Unos hechos, una complicidad que, en el caso de la Cámara de Comercio de Gijón, tiene dos potentes incentivos de refuerzo.
Quince años al frente de la Cámara. Primer incentivo para la complicidad.
Baragaño fue vicepresidente de la Cámara de Gijón entre 2010 y 2011 y accedió a la presidencia el 19 de octubre de aquel año.
Fue reelegido en 2018, en 2022 y nuevamente el 10 de junio de 2026, prolongando una presidencia que puede acercarse a las dos décadas de duración.
Su permanencia revela la estabilidad de una coalición empresarial que reúne industria, energía, banca, construcción, comercio, hostelería y servicios.
En el nuevo pleno, Baragaño representa a SEM, su propia empresa, dentro del grupo de doce empresas de mayor aportación voluntaria. Otros 37 vocales proceden de los grupos empresariales y seis son propuestos por FADE, según la composición oficial de los órganos de gobierno de la Cámara.
No estamos ante un parlamento basado únicamente en el principio de una empresa, un voto.
Es una institución corporativa en la que se combinan representación sectorial, organizaciones patronales y capacidad de aportación económica.
Eso busca expresamente producir estabilidad, continuidad y una limitada renovación de las élites empresariales que controlan la institución. Este es el quiz de la falsa empresarialidad de Félix Baragaño. Fundar una empresa es difícil, incluso es complicado asentarla aunque se herede. Por eso, llegados a cierto punto, ¿no resulta más cómodo aprovechar un entorno organizativo que cierre el camino a la innovación?
Félix Baragaño ha encontrado su zona de comodidad sin riesgo en el entramado institucional regional.
Asentada su empresa y las afines en la ejecutiva de la Cámara de Gijón, éstas encuentran un plus de protección de la competencia y resultan beneficiarias de los múltiples recursos de gasto ineficiente que les proporciona el Gobierno Regional a cambio de un grado alto de acuerdo con las políticas de éste.
FIDMA, la joya de la corona. Segundo incentivo para la complicidad
La gran fuente de poder propio de la Cámara de Gijón es la Feria Internacional de Muestras de Asturias.
FIDMA no es solo una feria comercial. Es el gran ritual anual del poder económico, político e institucional asturiano.
Por el recinto Luis Adaro pasan ministros, presidentes autonómicos, alcaldes, sindicatos, bancos, grandes compañías, pequeñas empresas y cientos de miles de visitantes.
Allí se venden productos, pero también se muestran jerarquías, relaciones, alianzas y capacidad de convocatoria.
La Cámara organiza el escenario y Baragaño ejerce como anfitrión. Esa posición proporciona a Gijón un activo institucional que ninguna otra cámara asturiana posee en la misma medida. No es extraño que desde la Cámara de Oviedo se ambicione la presa. Pero en esta competencia por lograr el mayor peso como colaborador del Gobierno, quienes pierden son los asturianos, condenados a escuchar eternas e incumplidas promesas de unos líderes políticos y empresariales ocupados en sus cuotas intocables de poder.
Por eso la discusión sobre una posible Cámara regional única no es una simple cuestión burocrática o administrativa.
Afecta a patrimonios, presupuestos, sedes, cargos, contratos, programas públicos y capacidad de representación.
Y plantea una pregunta inevitable: ¿quién controlaría la FIDMA dentro de una Cámara única regional?
Y plantea una segunda pregunta importante: tras décadas de existencia de la FIDMA coincidentes con la decadencia persistente de la economía asturiana, ¿no tienen los empresarios algo más que ofrecer que un foro de vanidades políticas y costes para los feriantes?.
Dos entrevistas, dos modelos camerales
La diferencia entre Paniceres y Baragaño no es una interpretación construida retrospectivamente.
Ambos expresaron personalmente sus posiciones en entrevistas realizadas por quien firma este artículo en el programa La pastilla roja, de Radio Intereconomía Asturias.
El 15 de diciembre de 2023, Félix Baragaño defendió la continuidad de la estructura formada por las cámaras de Oviedo, Gijón y Avilés.
Su planteamiento apostaba por coordinar las tres instituciones cuando fuera necesario, pero conservando la personalidad, la autonomía y el ámbito de actuación de cada una.
El 26 de abril de 2024, Carlos Paniceres se mostró favorable a avanzar hacia una única Cámara de Comercio para toda Asturias.
Las posiciones son coherentes con los intereses exclusivos de las instituciones que ambos presiden.
La Cámara de Oviedo ya extiende su demarcación sobre la mayor parte del territorio asturiano. Una Cámara regional única se construiría previsiblemente alrededor de su estructura y desplazaría hacia Oviedo el centro de gravedad cameral.
Para Paniceres, la unificación supondría expansión territorial, crecimiento institucional y centralidad.
Para Gijón y Avilés podría significar pérdida de autonomía, dilución territorial y subordinación dentro de una estructura regional.
Gijón arriesgaría, además, el control institucional de la FIDMA. Avilés podría diluir su identidad industrial, portuaria y comarcal.
Una lucha de poder seudoempresarial que no interesaría a los asturianos, de no ser porque todo este entramado coopera indudablemente a la Asturias de la promesa incumplida eternamente.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
