Mucho se ha especulado acerca de por qué Mohamed VI y su oscuro Estado profundo, el Majzén han tolerado y/o animado el asalto a la ciudad de Ceuta.
La tormenta perfecta, sí: efecto llamada de las políticas de inmigración españolas, sentencia del Supremo sobre el acceso a nado, enfado marroquí por la normalización de relaciones con Argelia.
Hechos todos ellos concomitantes, casi hasta de contexto, pero no de causa. Los servicios de inteligencia españoles, esos a los que Sánchez y Marlaska se niegan a escuchar, lo han dicho claro: el acuerdo entre la Unión Europea y Gran Bretaña, tolerado por España, por el que se establece la libre circulación entre Gibraltar y el territorio español y europeo ha sido el detonante de la «pasividad activa» del gobierno marroquí ante quienes se preparaban para entrar en Ceuta.
Dicho, sin tecnicismos: España se niega a utilizar su derecho a Gibraltar, a Ceuta y a Melilla. Y por la cesión en la primera, vienen los asaltos a las otras dos. Sin más.
Lo relatamos aquí de manera clara:
Imagine que usted tiene una casa. Una de sus habitaciones lleva ocupada por otro desde hace mucho tiempo. Usted sigue diciendo que es suya; incluso una autoridad mundial considera que esa situación está pendiente de resolver pudiendo serle devuelta a usted. Pero un día usted, mala idea, decide facilitarle las cosas al ocupante: quita puertas, elimina controles y organiza la convivencia para que entrar y salir resulte cómodo. Gana en comodidad, pierde fuerza para reclamar su habitación.
El problema empieza cuando otro vecino, que lleva años mirando dos habitaciones que jamás fueron suyas, pero sí de usted, pregunta con expresión inocente:
—Ya que estamos quitando las puertas de la primera habitación, ¿por qué no hablamos también de estas otras dos para llegar a una «solución» similar??
Eso es lo que España debería haber previsto al aceptar el nuevo acuerdo sobre Gibraltar.
Un acuerdo europeo y quince días después, Ceuta
Esté atento a la sucesión de hechos:
El 14 de julio de 2026, la Unión Europea y Reino Unido firmaron en Bruselas el Acuerdo UE-Reino Unido sobre Gibraltar, cuya aplicación provisional comenzó al día siguiente.
El pacto elimina las barreras físicas en la frontera terrestre con España y establece un régimen que permite la circulación fluida, trasladando los controles exteriores vinculados a Schengen fundamentalmente al puerto y aeropuerto de Gibraltar.
Ahora mire el calendario: quince días después de comenzar a aplicarse el acuerdo, durante el 30 y 31 de julio, se produjo la entrada masiva en Ceuta de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos.
Quince días en los que la tensión en las redes sociales marroquíes subió de decibelios con múltiples reclamos, mentiras y promesas decidieron a 80.000 jóvenes marroquíes y subsaharianos a prepararse.
Solo faltaba para la ejecución un detalle: la tolerancia, la pasividad intencionada de las autoridades marroquíes. Y a causa de Gibraltar, esa pasividad se dio.
España tenía la llave
Gibraltar continúa figurando ante Naciones Unidas como Territorio No Autónomo (un eufemismo que oculta su realidad colonial) administrado por Reino Unido y pendiente de descolonización.
España mantiene su reivindicación histórica y, después del Brexit, consiguió además algo sustancial: ningún acuerdo específico entre la Unión Europea y Reino Unido sobre Gibraltar podía salir adelante sin el consentimiento previo español.
Lo diremos sin demasiadas vueltas: España podía bloquear este acuerdo. No lo hizo. Lo consintió.
Todo en ese acuerdo está cuidadosamente construido para afirmar que la soberanía sobre Gibraltar sigue exactamente donde estaba. Jurídicamente impecable. Políticamente lesivo para España.
Porque existen situaciones provisionales que dejan de parecer provisionales simplemente haciéndolas cómodas. Si el statu quo funciona, genera riqueza y elimina inconvenientes,
●¿Quién tendrá dentro de veinte años incentivos para desmontarlo?
●¿Qué dirigente español, tras ese período, va oponerse a una buena convivencia con un Gibraltar no español, sino británico 100%?
Y es entonces que Marruecos entra en la habitación
Rabat no dispone de un verdadero precedente jurídico. Gibraltar, Ceuta y Melilla no son casos equivalentes. Gibraltar está incluido por Naciones Unidas entre los territorios no autónomos. Ceuta y Melilla no lo están.
Estos dos territorios son ta españoles como Madrid, Barcelona, Albacete u Oviedo desde antes de que existiera en la actual Marruecos algo lejanamente parecido a un Estado.
Y cuando existió algo así en esa zona, se llevó a cabo el Tratado de Paz y Amistad entre España y Marruecos, firmado en Tetuán el 26 de abril de 1860 por el sultán Mohammed IV y la reina Isabel II.
Pero Marruecos no busca ganar el juicio jurídico. Le basta con ganar el relato. Y a Marruecos le basta eso porque Sánchez opera exclusivamente en clave de traición. Sus oscuros motivos tendrá.
Y todo esto lo podemos afirmar porque, como les decía al principio, sabemos esto:
Un informe conocido por El País revela que los servicios españoles consideran probable un incremento de las acciones de “zona gris” sobre Ceuta y Melilla.
Y entre los elementos que incorporan al análisis aparece precisamente el nuevo escenario producido por el acuerdo de Gibraltar que arriba contamos.
A Mohamed VI ese acuerdo sobre Gibraltar le recuerda a que algo parecido lleva su reino intentando con España respecto de Ceuta y Melilla desde tiempos de su predecesor como veremos después.
●¿Y qué hay de los tratados y acuerdos internacionales?
●¿Y de la declaración de Gibraltar como descolonizable?
Nada si España no aplica fuerza, diplomacia contundente y presencia armada, como dijimos en Asturias Liberal: la diplomacia no debe pedir permiso.
Porque para terminar de entender la relación del acuerdo UE-Gran Bretaña sobre Gibraltar y la actitud marroquí sobre Ceuta y Melilla solo ha que atender a la información que da El Español donde recupera la vieja propuesta de Hassan II de constituir una “célula de reflexión” bilateral (bonito eufemismo para nombrar lo innombrable) sobre Ceuta y Melilla, rechazada en 1987 por el Gobierno de Felipe González. con la lógica más clara: aceptar esa «célula» es admitir que la soberanía sobre Ceuta y Melilla es una cuestión discutible.
Y con ello llega la cultura del bulo histórico difundida en los medios del «vecino país»:
La prensa de Marruecos difunde la fórmula de una ciudad española llamada “Ceuta ocupada”
El 31 de agosto, el diario marroquí Hespress, uno de los medios digitales más influyentes de Marruecos, informaba de los incidentes derivados de la presión migratoria. Y no hablaba simplemente de Ceuta. La denominaba reiteradamente “Ceuta ocupada”.
No una vez por descuido. La expresión aparece al describir los acontecimientos y al contextualizar la crisis. Forma parte del marco narrativo con el que el medio presenta la ciudad.
Hespress no es Mohamed VI dictando una nota desde Palacio, pero a este monarca semiabsoluto no hace falta más que mover hilos en el Majzén para que se publiquen fórmulas que impriman en la opinión de sus súbditos la idea de una ocupación española de Ceuta.
Cuando un medio de semejante influencia denomina rutinariamente “ocupada” a una ciudad española, nos está enseñando el terreno deformante sobre el que después puede operar la política.
Gibraltar se convierte en munición
Y ahí Gibraltar se convierte en munición política para Rabat.
Si España acepta eliminar la frontera física con un territorio británico cuya soberanía reivindica, Marruecos puede preguntar: ¿por qué debe ser intocable la frontera que nos separa de unas ciudades que nosotros consideramos ocupadas?
La lógica de Rabat es ajena al Derecho Internacional porque España es totalmente ajena al derecho de la fuerza para imponer esas normas.
Si la respuesta española es jurídicamente simple (o simplista) diciendo que ambos casos, Gibraltar y Ceuta no tienen nada que ver y defensivamente débil, la estrategia marroquí es ofensivamente clara y paciente:
●Primero, movilidad entre Ceuta y Marruecos.
●Luego, integración económica de Ceuta y Melilla con Nador y Tetuán.
●Más tarde, mecanismos conjuntos para afrontar “problemas comunes”.
●Y finalmente alguien propondrá, con exquisito vocabulario diplomático, reflexionar sobre “el futuro de las ciudades”.
No hace falta pedir las llaves
Hassan II ya lo intentó en 1987. España comprendió entonces una cosa elemental: sentarse a discutir si una habitación de tu casa es tuya supone admitir que quizá exista algo que negociar.
Hoy el método puede ser bastante más elegante. No hace falta comenzar reclamando la bandera. Puede comenzarse hablando de comercio, cooperación, movilidad y prosperidad mientras la frontera va perdiendo significado político.
No hace falta pedir las llaves.
Primero basta con convencer al propietario de que quite la puerta.
Por eso Gibraltar no proporciona a Marruecos un precedente jurídico sobre Ceuta y Melilla, lo cual importa poco o nada, le proporciona algo potencialmente mucho más aprovechable: un precedente estratégico.
España es la verdadera propietaria de la vivienda, no su Presidente. Por tal razón es España quien debe desalojar de su puesto a quien entrega la vivienda. ¿Lo hará?

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
