Asturias Liberal > Asturias > El centro de datos de Salas ante dos espejos: Zamora y Picassent

El proyecto anunciado para Salas aún no pasa de ser una presentación institucional con tramitaciones que no ocultan su encaje con una mera operación de marketing en el horizonte cercano de una campaña electoral.

El Principado aún puede decir que Digital Valley Asturias existe como proyecto, tiene emplazamiento, promotor, dimensiones definidas y, desde el 11 de septiembre, una solicitud formal para ser tramitado como Proyecto de Interés Estratégico Regional (PIER).

Sales For You Consulting (S4U) plantea una inversión de 1.226 millones de euros para desarrollar en Nonaya un campus de diez módulos y 120 MW de capacidad informática.

Las preguntas son:

¿en qué grado de desarrollo se encuentra realmente?

¿hasta cuando podrá el Gobierno Regional sostener la seriedad no demostrada del proyecto?

Y en Asturias esas preguntas no son impertinentes. Son obligatorias.

Porque la región lleva demasiados años asistiendo a una sucesión de anuncios de reactivación, reconversión, inversiones históricas, polos industriales, hubs y epicentros llamados a cambiarlo todo. Asturias ha sido tantas veces el futuro en una rueda de prensa que empieza a resultar razonable preguntar cuándo piensa presentarse ese futuro a trabajar.

No se trata de negar anticipadamente los proyectos. Se trata exactamente de lo contrario: de tomarlos suficientemente en serio como para distinguir un anuncio, un trámite, una inversión comprometida y una fábrica funcionando.

La sucesión de titulares, declaraciones institucionales y nuevas fases administrativas ha terminado creando una especie de anestesia cuasi mística: cada expediente parece traer consigo empleos, población y prosperidad antes incluso de disponer de financiación, energía, clientes o máquinas.

Eso ya no debería bastar.

La credibilidad de instituciones, responsables políticos y también de los medios que reproducen sin demasiadas preguntas cada nueva promesa industrial se ha deteriorado después de demasiados precedentes.

Asturias Liberal no tiene ninguna obligación de incorporarse al discurso de la ilusión preventiva. Eso solamente encadena eterna frustración y el acomodo pasivo ante la inoperancia.

Nuestro criterio será otro: datos, antecedentes, comparación, preguntas incómodas y seguimiento.

Si Digital Valley Asturias llega a materializar los 1.226 millones anunciados, construye el campus y crea actividad industrial estable en Salas, habrá motivos para celebrarlo. Y lo celebraremos.

Pero cando ocurra. No antes.

Para intentar saber dónde estamos ahora tenemos dos espejos bastante útiles. Una comparación que ni el Principado ni sus medios afines realizan.

Uno está en Zamora, donde acaba de conocerse con detalle otro gran proyecto de centro de datos; el segundo pertenece al propio historial de Digital Valley: su campus de Picassent, en Valencia.

Los dos permiten medir Salas con algo mejor que entusiasmo o desconfianza: con proyectos comparables.

Zamora: cuando empiezan a aparecer todas las piezas

En Monfarracinos, a pocos kilómetros de Zamora, se tramita un proyecto de 200 MW de capacidad informática y unos 4.600 millones de euros de inversión.

Allí solamente falta una pieza, la final: no se conoce públicamente la gran tecnológica que finalmente utilizará el centro. En el proyecto de Salas solamente hay una pieza, y no es la más importante.

Pero todo lo demás, en Zamora, tiene nombres decisivos.

Los promotores son FRV-X Renewable y Edison Next Spain.

●La primera pertenece al entorno internacional FRV, especializado en grandes proyectos energéticos y almacenamiento.

●La segunda desarrolla soluciones energéticas industriales que incluyen ingeniería, financiación, construcción, explotación y mantenimiento.

No estamos, por tanto, ante dos consultoras que hayan preparado una propuesta para buscar posteriormente quién la desarrolla.

Esto es justa y simplemente lo único que hay en Asturias: un buscador de empresas que hagan el trabajo pero que aún no ha obtenido resultados de búsqueda.

Las de Zamora son, por el contrario, empresas capaces de participar directamente en la construcción y resolución energética del activo que promueven.

El propio proyecto lo demuestra.

Zamora plantea cinco edificios de 40 MW IT, una enorme instalación fotovoltaica, baterías y generación mediante motores para configurar un campus prácticamente off-grid. La documentación del Proyecto Regional detalla ya la arquitectura energética y cifra el conjunto de la inversión en torno a 4.600 millones.

Y hay otro detalle revelador.

En julio se constituyeron Zamora Data SL y Zamora Generación SL. La primera tiene por objeto la explotación de centros de datos; la segunda, el desarrollo de proyectos energéticos. Ambas comparten domicilio, fecha de constitución y consejo de administración.

Todo apunta —aunque todavía falta documentación sobre su reparto accionarial definitivo— a una organización societaria que separa las dos grandes patas de la operación: el activo digital y el energético.

Zamora tampoco está construido. Tampoco tiene públicamente comprador tecnológico. Tampoco podemos asegurar que sus 4.600 millones terminen materializándose íntegramente.

Pero estamos viendo ya algo importante: la incorporación al proyecto de empresas industriales capaces de resolver precisamente los principales problemas que plantea un centro de datos de esas dimensiones.

Y eso permite situarlo en una fase bastante más avanzada de desarrollo, aunque todavía anterior a la construcción.

¿Y Salas?

Salas presenta hoy una fotografía diferente

En Asturias conocemos bastante bien el planteamiento físico. El dibujo que ilustra el anuncio.

El campus ocuparía 154.584 metros cuadrados, tendría diez módulos, una potencia informática final de 120 MW y se desarrollaría por fases.

Contaría además con subestación propia y una pequeña instalación fotovoltaica, según la presentación oficial del Principado del 3 de agosto. El Gobierno asturiano atribuye la promoción a Sales For You Consulting SL, S4U, y la compañía formalizó el 11 de septiembre la solicitud del PIER.

Lo que no procede es transformarlo mágicamente en 1.226 millones invertidos, que es lo que el Gobierno Regional hace.

Un sello de registro administrativo sigue sin tener, que sepamos, la facultad de convertirse por transubstanciación en un centro de datos.

Por tanto, si aplicamos a Salas la fotografía de Zamora, empiezan a aparecer los huecos.

No existe todavía:

●La empresa energética se necesita detrás de los 120 MW. En Zamora, sí.

●La empresa que construirá el complejo. En Zamora, sí.

●Qué fondo o estructura financiera aportará el grueso de los 1.226 millones. En Zamora, sí.

Qué hiperescalar o cliente contratará finalmente su capacidad, único paso que le falta a Zamora.

S4U tiene además un perfil empresarial muy distinto al de FRV-X o Edison Next. La propia compañía se presenta como Strategic Sales Partner especializado en desarrollo de negocio dentro del ecosistema de infraestructuras digitales.

Una cosa cierta es que un promotor como S4U no necesita tener 1.226 millones en caja para promover una inversión de 1.226 millones.

Su función puede consistir precisamente en localizar la oportunidad, conseguir el suelo, preparar el proyecto, tramitarlo y reunir posteriormente a inversores, operadores, compañías energéticas y clientes.

Pero que en el proyecto de Zamora los promotores sean también empresas especializadas en energía, energía y financiación directa de proyectos es inquietante para Asturias porque en Salas NO hay tales.

Salas parece encontrarse todavía en esa fase.

Mas como tenemos afición a los contrastes y comparaciones, veamos la que se puede hacer con otro proyecto de la misma Digital Valley que ha dibujado el.proyecto de Salas.

Y entonces aparece Picassent

Esta segunda comparación es todavía más interesante porque esta vez no cambiamos de promotor.

Digital Valley ya presentó en enero de 2025 otro gran proyecto en Picassent, Valencia.

El anuncio hablaba de 77 hectáreas, hasta 200 MW de capacidad, 2.296 millones de euros de inversión y 30.000 empleos asociados.

Pero el proyecto venía de antes.

Las primeras conversaciones se desarrollaron todavía durante el Gobierno valenciano de Ximo Puig.

Digital Valley utilizó entonces como respaldo algunas cartas de interés obtenidas para un proyecto anterior en San Sebastián de los Reyes, procedentes de compañías como Rolls-Royce, Huawei, Enagás o Siemens, según la reconstrucción publicada por El Confidencial.

Eran cartas de interés, no compromisos de inversión.

Según publicó ese mismo medio, aquella primera negociación quedó detenida ante las dificultades urbanísticas y las dudas sobre la identificación de los inversores que debían ejecutar finalmente la operación.

Tras el cambio de Gobierno valenciano, el nuevo Ejecutivo retomó las conversaciones y en enero de 2025 firmó con Digital Valley y el Ayuntamiento de Picassent un acuerdo de intenciones.

Entre medias había ocurrido algo importante.

En diciembre de 2023 se había constituido Digital Valley Comunitat Valenciana SL, una sociedad específicamente dedicada al desarrollo, promoción, constitución, operación y mantenimiento de centros de datos. Y en junio de 2025 trasladó su domicilio social al propio Picassent.

Pero ahí empieza la parte más interesante para Salas.

Veinte meses después

El gran anuncio valenciano se produjo el 28 de enero de 2025.

A comienzos de febrero de 2026, más de un año después, el proyecto continuaba pendiente de conseguir la potencia eléctrica solicitada para su primera fase: algo más de 150 MW de acceso y conexión. Digital Valley había formulado alegaciones y admitía que podría comenzar con menos potencia si no obtenía toda la solicitada.

Y al llegar a agosto de 2026 el campus continuaba clasificado como proyecto en tramitación, sin que consten públicamente inicio de obras ni entrada en funcionamiento.

Tampoco han aparecido públicamente hasta ahora los nombres de un gran fondo inversor, una compañía energética coproductora equivalente a FRV o Edison, un operador internacional del centro de datos o un hiperescalar que actúe como cliente ancla.

Los responsables de Digital Valley han sostenido que existen inversores interesados sujetos a acuerdos de confidencialidad. Puede ser perfectamente cierto. Pero desde fuera sólo puede analizarse aquello que puede documentarse.

Picassent no es, por tanto, un proyecto inexistente.

Tiene sociedad propia, suelo identificado, acuerdo institucional, estudios, solicitud eléctrica y años de trabajo detrás.

Pero todavía no ha cruzado públicamente la frontera que separa el desarrollo de un proyecto de su ejecución industrial.

Y eso, inevitablemente, resulta relevante cuando el mismo promotor presenta ahora otro proyecto de más de mil millones en Asturias.

Lo que Picassent nos enseña sobre Salas

La secuencia parece bastante reconocible.

Digital Valley identifica una localización, configura un proyecto, obtiene interlocución institucional, articula una sociedad o estructura empresarial, realiza estudios de impacto, inicia la tramitación y busca posteriormente integrar las restantes piezas empresariales.

Nada tiene de irregular ese procedimiento. Es una manera perfectamente posible de promover grandes proyectos.

Pero también significa que el anuncio público está situado bastante antes del momento en que puede darse por asegurada la inversión.

Picassent lo demuestra.

Salas parte incluso con una ventaja respecto al precedente valenciano: apenas cinco semanas después de su presentación pública ya ha solicitado formalmente la declaración PIER.

Eso es un dato favorable.

Pero queda todo lo demás.

Y aquí Asturias debería haber aprendido ya una lección elemental: cada trámite superado merece ser contado como un trámite superado, no como una fábrica inaugurada por anticipado.

Porque precisamente esa inflación narrativa es la que termina destruyendo el valor de las buenas noticias cuando finalmente llegan.

Ni humo ni obra

Hay una tentación muy española —y especialmente reconocible en Asturias— de obligarnos a escoger inmediatamente entre dos relatos.

Uno sostiene que basta anunciar 1.226 millones para considerar que Asturias acaba de captar una inversión histórica.

El contrario necesita demostrar cuanto antes que todo es humo.

Los hechos permiten una posición bastante más interesante.

Salas es un proyecto real en fase de desarrollo.

Y precisamente porque es real podemos preguntarnos seriamente qué necesita para convertirse en una inversión real.

Zamora nos muestra algunas respuestas.

Cuando un proyecto entra en una fase industrial más madura empiezan a aparecer compañías energéticas, desarrolladores industriales, sociedades vehículo e ingeniería detallada, además de soluciones de generación y almacenamiento y estructuras empresariales destinadas a ejecutar cada parte del complejo.

Picassent nos aporta la segunda advertencia.

Entre el anuncio institucional de un proyecto Digital Valley y su materialización pueden transcurrir años mientras se buscan potencia, permisos, capital y socios.

Ahí es donde está hoy la verdadera cuestión de Salas.

Y Asturias Liberal no considera pesimismo preguntar por ello.

Después de años de anuncios de polos, revoluciones industriales, inversiones transformadoras y futuros esplendorosos, preguntar dónde están el capital, la energía, el operador y el cliente no es aguar la fiesta. Es hacer periodismo.

El próximo gran avance no consistirá en volver a anunciar que serán 1.226 millones ni en recalcular por tercera vez los empleos inducidos.

Será conocer quién pone el dinero, quién proporciona la energía, quién construye, quién opera y quién compra la capacidad informática.

Cuando empiecen a aparecer esos nombres sabremos que Digital Valley Asturias está cruzando la frontera entre promover un proyecto y construir una industria.

Hasta entonces, Salas merece seguimiento, comprobación y preguntas.

Sin entusiasmo obligatorio y sin escepticismo automático.

Si sale, perfecto.

Lo celebraremos cuando salga.

Precisamente porque 1.226 millones merecen algo más que una rueda de prensa.

Antecedente en Asturias Liberal

Este seguimiento continúa la línea abierta el 7 de agosto en «Digital Valley en Salas: ¿otra promesa vacía o una verdadera oportunidad?», donde ya planteábamos las preguntas sobre financiación, operador, clientes, potencia eléctrica y garantías que siguen siendo centrales para determinar la evolución real del proyecto.

Asturias Liberal
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