Asturias Liberal > España > Militarización de Ceuta para salir de la inopia

El de José María Aznar es, quizá, el enfoque más serio de todos los que se han dado sobre la invasión marroquí en Ceuta.

Se apoya tanto en su experiencia como en los análisis de la Fundación para el Análisis y los Estudio Sociales (FAES) qué preside. Tanto ésta como lo que la fundación Atenea valora son de lo poco importante que desde el entorno de la derecha se está diciendo.

Lo que aquí verás es, en lenguaje directo y claro, una propuesta contundente sin complejos ni histrionismos y lejos del batiburrillo interesado que Pedro Sánchez ha forzado.

Ambas cosas, complejos e histrionismo, son los pecados de uno y otro partido de la derecha española.


Cuando Susanna Griso preguntó a José María Aznar si había que «militarizar» Ceuta, el expresidente no pidió un comité de expertos, ni solicitó aclaraciones sobre el significado semántico del verbo. Contestó: «Sí, sin ninguna duda».

Después explicó su razonamiento: las Fuerzas Armadas tienen encomendada constitucionalmente la defensa del país y el Gobierno debe garantizar las fronteras, la seguridad y la integridad territorial. Así lo expresó en su reciente entrevista en Antena 3.

Nos detenemos en la frase, porque «militarizar Ceuta» produce una imagen nitida de lo que hace falta: control militar ampliado de Ceuta.

Ceuta ya alberga una importante presencia militar. Su Comandancia General tiene precisamente como misión oficial la «defensa militar inmediata» del territorio español de su responsabilidad y dispone, entre otras unidades, de Regulares, Legión, Caballería, Artillería, Ingenieros y apoyo logístico, como puede comprobarse en la propia información del Ejército de Tierra.

Sucede que esa defensa inmediata no ha sido activada y que, además, es insuficiente.

Aznar sabe de qué escenario habla

Aznar no habla de un asunto que le resulte completamente ajeno. Presidió el Gobierno durante ocho años y tuvo que gestionar en 2002 el episodio de Perejil, también con Marruecos y también en el escenario estratégico del Estrecho. Hoy preside FAES, que viene dedicando atención específica a Marruecos, el Magreb y la seguridad del Estrecho.

Por eso merece la pena traducir aquella frase televisiva a términos menos televisivos, con el profundo y serio análisis que hay tras ella.

Qué permite realmente la Constitución

La Constitución no deja demasiadas dudas sobre la función general de las Fuerzas Armadas. Su artículo 8 les encomienda garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Puede consultarse directamente en el texto oficial de la Constitución Española.

La Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional desarrolla ese mandato y contempla operaciones dentro y fuera del territorio nacional de prevención, disuasión, gestión de crisis y respuesta frente a una agresión.

El reciente informe de Atenea, Españolidad de Ceuta. Geopolítica y escenarios futuros, insiste precisamente en esa separación. Incluso ante una presión deliberadamente provocada, distingue con claridad entre defensa exterior y gestión policial, humanitaria y jurídica de la frontera.

Cooperar con un vecino incómodo no significa depender de él

Y aquí es donde la frase de Aznar se vuelve bastante más interesante.

Porque el problema no consiste simplemente en decidir cuántos soldados ponemos en Ceuta. Consiste en decidir qué Ceuta queremos ser capaces de mantener cuando las cosas se compliquen.

Atenea utiliza una expresión que merece conservarse: «suficiencia soberana».

Traducida del lenguaje estratégico al lenguaje normal significa algo muy sencillo: España puede y debe cooperar con Marruecos, pero Ceuta y Melilla no pueden depender de que Marruecos quiera cooperar cada mañana.

Agua, energía, telecomunicaciones, abastecimiento, sanidad, puerto, vigilancia marítima y aérea, inteligencia, reservas logísticas y capacidad de refuerzo desde la Península deben funcionar aunque la cooperación exterior se interrumpa. Cooperación, sí. Dependencia crítica, no.

FAES ha recorrido por otra vía un terreno parecido. El 31 de julio sostenía que la magnitud de la crisis hacía necesaria presencia militar, pero planteaba inmediatamente las preguntas importantes: qué medios, para qué misión y bajo qué reglas de actuación. Es bastante más útil discutir eso que entretenernos durante una semana con el verbo «militarizar». Puede leerse en el análisis de FAES Incompetencia sin fronteras.

Aznar desarrolló posteriormente su interpretación en Ceuta como síntoma, donde presentó lo sucedido como parte de una estrategia híbrida y vinculó la cuestión fronteriza con el problema más amplio de las relaciones entre España y Marruecos.

Esa es su más importante aportación; establecer una responsabilidad estatal concreta exige pruebas.

En esto Atenea es especialmente escrupulosa: propone separar hechos, indicios, inferencias y atribución jurídica y crear un verdadero expediente nacional de atribución. Ni absolver anticipadamente por conveniencia diplomática ni decidir sin pruebas. Bastante sensato.

La soberanía de la primera hora

Pero hay otro concepto de Atenea todavía mejor: «soberanía de la primera hora», la que debió asumir el ejército en primera instancia y que el Presidente del Gobierno ni siquiera contempló.

Porque los Estados no pierden necesariamente sus problemas estratégicos después de una larga guerra. A veces los adquieren durante unas pocas horas de desconcierto.

La cuestión es que España pueda mantener desde el primer minuto el mando, el control y la defensa de Ceuta mientras se movilizan refuerzos.

Eso implica fuerzas preparadas, inteligencia, comunicaciones seguras, reservas previamente situadas, protección de infraestructuras y rutas de refuerzo ensayadas. En suma, el control del Estrecho.

El objetivo es impedir que unas horas de sorpresa puedan convertirse en años de problema político y diplomático.

El mapa es bastante mayor que la verja

Y todavía hay que ampliar más el mapa.

FAES reunió ya en septiembre de 2025 a un almirante, un embajador y un especialista en relaciones internacionales para analizar «El Estrecho: EEUU, España y Marruecos». Allí aparecía además el Reino Unido.

Es decir: Ceuta no puede analizarse únicamente mirando la verja. Forma parte de un espacio donde confluyen España, Marruecos, Gibraltar, Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, además de rutas marítimas, cables, puertos, energía y fuerzas militares.

Y eso cambia bastante la perspectiva que, entre ruido, drama y acusaciones, tanto Feijóo como Abascal han perdido. Entre ser claros y tratar de responder al Gobierno con la misma simpleza y falta de respeto a la inteligencia, hay un abismo.

La cuestión no es solamente cuántos efectivos mantiene España en Ceuta, sino qué capacidad nacional conserva en el conjunto del Estrecho, qué dependencias tiene, qué infraestructuras resultan críticas, qué alianzas funcionan realmente y qué actores están aumentando allí su presencia.

La cuestión de fondo

Por eso quizá la discusión importante no sea si Ceuta debe «militarizarse». Es algo bastante más amplio.

Se trata de saber si España quiere disponer allí de capacidad suficiente para proteger, abastecer, comunicar y defender la ciudad sin quedar pendiente de la voluntad de terceros.

Atenea lo ha resumido con una expresión difícil de mejorar: soberanía de la primera hora. Porque en determinadas crisis la primera hora puede valer bastante más que cien declaraciones solemnes pronunciadas durante las semanas siguientes.

El problema empieza antes de la crisis

En España en la inopia ya planteábamos esa carencia: España dispone de recursos, pero necesita conocer mejor el terreno, anticipar escenarios y conectar capacidades.

Ceuta y Aznar vuelven a recordarnos que la soberanía se defiende también mucho antes de que llegue la crisis.

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