Imagínense un partido que tiene todo para ganar por sí sólo y que con sus propias torpezas reduce esas posibilidades de hacerlo ante un rival que ofrece todos los síntomas de inoperancia, centrada en hacer anuncios de proyectos sin controlar, con propensión desesperada a lo folclórico y ansia de permanencia al frente de una administración a la que le viene grande una región pequeña como es Asturias.
Ése es el PP de Asturias y ése es su rival, el PSOE de Adrián Barbón.
Nuestra amada región tiene demasiados problemas acumulados como para que su principal partido de oposición malgaste energías en una pelea cainita de nombres, recelos y operaciones sin acreditar.
El Gobierno de Adrián Barbón ofrece flancos suficientes para construir una alternativa seria, pero el PP parece más ocupado en averiguar quién mueve la silla de quién que en explicar qué haría con el Principado.
Una mejoría laboral que no cuenta toda la realidad
La crítica debe comenzar por observar los datos: el empleo oficial, insisto, el OFICIAL ha mejorado durante los años de Barbón.
Entre la media de 2019 y la de 2025, dicen los datos de una EPA sesgada y cocinada, Asturias pasó de 387.000 a 433.200 ocupados y la tasa de paro EPA descendió del 14,19% al 8,83%, según las series del INE recopiladas por IDEPA.
Pero la fotografía agregada que se presenta y cuyas ocultaciones el PP no se ha esforzado por analizar tiene grietas importantes:
la ocupación agraria cayó de 14.000 personas en 2019 a 10.800 en el segundo trimestre de 2026
y la industrial, después de alcanzar una media de 63.200 en 2025, se situó en 59.800.
En junio de 2026, además, el índice de producción industrial asturiano cayó un 7,7% interanual, frente al crecimiento del 3,8% nacional, y en el primer semestre acumuló un retroceso del 6,8%.
Hay señales alarmantes de debilitamiento productivo que el triunfalismo oficial prefiere dejar fuera del encuadre.
Pero lo más llamativo de todo esto es que la tasa de paro convencional an absoluto agota el problema laboral. En un cálculo publicado en Asturias Liberal en 2025, y partiendo de la estructura observada en Castilla y León, calculamos que el desempleo y la infrautilización laboral ampliados podían situarse en Asturias entre 110.000 y 125.000 personas, frente a unas 65.000 recogidas entonces por la referencia oficial utilizada.
Esas cifran deben entenderse como una rectificación de una EPA con demasiados recortes de datos: combinamos fuentes distintas y calculamos rigurosamente fijos discontinuos inactivos, demandantes excluidos del paro registrado, perceptores de rentas sin empleo y otras categorías.
La advertencia de fondo adquiere una dimensión real de lo que sucede en Asturias. Y, sí, el Partido Popular no sabe tenerlas en cuenta para afrontar su responsabilidad de oposición ni asumir u verdadero programa de gobierno.
Eurostat llama “infrautilización laboral” al conjunto formado por parados, subempleados y activos potenciales; en 2024, España alcanzó el 19,3%, la cifra más elevada de la Unión Europea. El maquillaje no está necesariamente en la EPA, que aplica una metodología conocida, sino en utilizar solamente la EPA, una medida parcial, como descripción completa de la salud laboral.
Los servicios públicos tampoco autorizan la autocomplacencia: en mayo de 2026, el Sespa contabilizaba 22.933 personas pendientes de una operación y 123.798 esperando una primera consulta, con demoras medias de 85 y 107 días.
En junio, el Ministerio de Derechos Sociales situaba en 425 días el tiempo medio de tramitación de la dependencia en Asturias. Una dependencia que tarda más de un año y unas consultas que acumulan más de cien días no describen precisamente una Administración afinada.
Oviedo: tres encuestas que quizá sean dos y media
Frente a estos problemas aparecen los dimes y diretes sobre Canteli, su concejal y presidente del PP ovetense, Arias, Paniceres como presidente de la Cámara de Oviedo y su hombre para todo, Ferreira, y por último el presidente del PP astur, Álvaro Queipo.
En las últimas semanas se produce un movimiento sumamente extraño y con pocas apoyaturas, pero que proyecta una sospecha de verdadero caos interno en el PP, incapaz de sustraerse a su propio ruido interno.
La materia prima del relato publicado por ciertos medios son informaciones construidas sobre fuentes anónimas, conversaciones privadas y varias encuestas municipales de transparencia desigual.
Puede haber movimientos internos, naturalmente, pero entre una sospecha razonable y un hecho probado existe una distancia que el periodismo no debería recorrer a saltos.
El punto de partida verificable son las municipales de 2023: PP 14, PSOE siete, Vox tres e IU tres. La mayoría absoluta está en 14. Alfredo Canteli no solo ganó, sino que logró gobernar en solitario y convirtió su condición de candidato ajeno al aparato —ni siquiera está afiliado al PP— en una ventaja electoral.
La primer de las encuestas, la encargada por la FSA-PSOE, con trabajo de campo de noviembre de 2025, otorgaba al PP 13 concejales, al PSOE siete, a Vox cinco y a IU dos. Respecto de 2023, Canteli perdería un edil y Vox ganaría dos; el PSOE se mantendría e IU perdería uno. El PP quedaría a un solo concejal de la mayoría absoluta y el bloque PP-Vox sumaría 18: no es la apoteosis de Canteli, pero tampoco el anunciado desangramiento.
Después apareció una supuesta encuesta interna del PP, conocida solo a través de fuentes periodísticas, con muy escaso rigor, que rebajaba a los populares hasta 11 o 12 concejales. Y en agosto se publicó otro estudio CATI, con 800 entrevistas, que asignaba 12 al PP y cinco a Vox que parece más una corroboración interesada de la desvaída encuesta del PP.
Del resto de partidos no se difundió la estimación completa, tampoco se identificó al cliente ni a la empresa demoscópica, aunque sí se proporcionó una ficha técnica suficientemente detallada para revestir el sondeo de apariencia profesional.
CATI solo significa que las entrevistas telefónicas fueron asistidas por ordenador; describe el procedimiento de recogida, no garantiza la calidad política del producto.
Sin cuestionario, ni tablas completas, ni fechas exactas, ni ponderaciones, ni empresa y ni siquiera pagador de la misma, resulta imposible saber si existe un tercer estudio independiente, si es la concreción municipal de la encuesta atribuida al PP o una ampliación narrativa de la misma fotografía.
Presentarlas como confirmaciones independientes puede convertir una vaga hipótesis en una noticia autocumplida por acumulación de titulares.
La encuesta socialista ofrece más elementos para ser examinada y, aun siendo antigua y potencialmente interesada, dibuja a Canteli mucho más cerca de la mayoría absoluta. Las otras dos sitúan al alcalde a merced de Vox, pero comparten resultados casi idénticos y una procedencia opaca.
De ahí que la hipótesis del fuego amigo contra Canteli resulte más que plausible si las observamos la «encuesta» del PP. No tiene todos los rigores técnicos exigibles, pero es la más cercana a ellos.
El problema, de todas maneras, no es qué encuesta acertará más, sino, qué significan unas encuestas de bajo rigor encargadas por el PP y por no se sabe quién sacadas simultáneamente y los rumores de movimientos internos para desbancar a Queipo.
Y qué significa esto respecto de la falta de liderazgo del presidente popular más interesado por agradar al Foro de Moriyón y Pumares que por proyectar un liderazgo basado en reformas contundentes para Asturias.
Un PP ovetense con demasiadas habitaciones interiores
Canteli llegó a la candidatura en 2019 después de que el PP perdiera la Alcaldía con Agustín Iglesias Caunedo en 2015. Su independencia respecto del aparato local y su escasa inclinación a obedecer consignas han producido desde hace años recelos en sectores orgánicos del partido.
El alcalde ha ganado elecciones; el aparato prefiere que quien gana recuerde quién administra las llaves.
Pero hay que actualizar el mapa orgánico. Caunedo ya no dirige el PP ovetense: Mario Arias fue elegido presidente local en febrero de 2026, como candidato único y con el 97,43% de los votos, mientras Gerardo Antuña quedó como secretario general.
Seis meses después, nuevas informaciones hablan de tensiones entre Canteli, Arias y Antuña. Si la supuesta operación contra Queipo incluye a Canteli y Arias como una pieza perfectamente coordinada, el propio relato periodístico ofrece elementos que la contradicen.
Eso no excluye que haya tanteos, contactos o deseos de relevo. Excluye, por ahora, que podamos presentar como operación articulada lo que apenas pasa de una suma de conjeturas. En política, un café compartido puede ser una conspiración, una cortesía o simplemente café; la cafeína no sustituye a las pruebas.
Pero no citaríamos noticias de otros medios sin contrastar si no fuera por la insistencia de esos medios que reiterar una y otra vez las conclusiones de meras conversaciones informales. Veamos cuánto hay de indicio y cuánto de búsqueda de «noticia autocumplida».
Ferreira y Paniceres: antecedentes ciertos, candidatura imaginada
La parte comprobable de la historia es un precedente de movimientos dirigidos desde la Cámara de Comercio de Oviedo, más propensa a las maniobras que al acierto como representante de la mayor parte del empresariado asturiano: que Carlos Paniceres respaldó a José Manuel Ferreira en su intento de alcanzar la presidencia de FADE.
Ferreira compitió en abril de 2025 y María Calvo fue reelegida por 284 votos frente a 230. Existió una operación empresarial y perdió; eso acredita capacidad para reunir apoyos, pero no demuestra que la misma red esté preparando ahora el asalto al PP asturiano.
Y, por supuesto, tampoco acredita en absoluto que empresarios como Carlos Paniceres y J.M. Ferreira, del tipo de los que dependen totalmente de adjudicaciones públicas, sean fiables para una región que necesita como agua de lluvia en medio de una sequía una desregulación de la economía y la mejora radical de las infraestructuras de apoyo al desarrollo industrial.
Lo publicado sobre una candidatura autonómica de Ferreira se apoya en mensajes sugerentes, fuentes anónimas y una supuesta proximidad con Canteli. No hay anuncio de candidatura, movimiento orgánico, equipo, programa ni adhesiones públicas.
Además, en julio Ferreira presentó el Plan de Acción 2035 de la Cámara al propio grupo parlamentario de Queipo y ambas partes proclamaron una amplia coincidencia de diagnósticos y propuestas.
●¿Puede convivir con maniobras privadas contra Queipo mientras públicamente acredita cooperación con él?
Puede, porque en el mundo de la política hay pocas maniobras imposibles, pero sea sí la respuesta, sea no, el resultado es perjudicial para Asturias pues ni Ferreira tiene un plan para Asturias más allá de las cortas miras acreditadas por la Cámara para la que trabaja, ni, como decimos, Queipo tiene un plan más que el de coser sin autoridad roturas internas del mPP y presentar planes sin concreción ni contundencia ante Barbón.
Porque la trayectoria de la Cámara de Comercio de Oviedo permite extender un cheque en blanco a Ferreira como hipotético salvador.
Durante la etapa de Ángel Escribano al frente de Indra, la institución cameral brindó un apoyo casi incondicional al proyecto de Indra Land en Asturias y contribuyó a presentar su implantación como gran palanca regional, mientras Santa Bárbara Sistemas-GDELS y la fábrica de Trubia quedaban relegadas en el respaldo institucional.
Asturias Liberal analizó esa asimetría en “Asturias primero. Escribano, después” y en el perfil político-institucional de Paniceres.
El posterior Plan de Acción 2035 de la Camara de Paniceres contiene metas y un diagnóstico más elaborado, pero todavía no resuelve los bloqueos concretos de energía, suelo, ferrocarril, fiscalidad y ejecución administrativa. Una colección de objetivos para 2035 no sustituye a las decisiones que Asturias necesita en 2027.
Si Ferreira aspirara algún día a encabezar una alternativa, deberá demostrar bastante más que relaciones empresariales y mensajes enigmáticos, además de cercanía a una Cámara demasiado dispuesta a acompañar el relato industrial del Gobierno de Barbón y, por lo que se ve, de cualquiera que gobierne gobierne, haga como haga.
Queipo y el plan que todavía no llega a plan
Pero, tal y como adelantamos, la debilidad de esas especulaciones no fortalece automáticamente a Álvaro Queipo.
Al contrario: que un candidato sin candidatura pueda agitar durante días al PP demuestra hasta qué punto su liderazgo sigue sin asentarse. Cuando el capitán transmite rumbo, las conversaciones de cubierta no se convertirían tan fácilmente en motín.
La encuesta autonómica de Sigma Dos, mas seria y rigurosa que las anteriores y publicada en mayo de 2026 concedía al PSOE 18 diputados, al PP entre 17 y 18, a Vox entre seis y siete y a IU tres. Foro y Podemos desaparecerían de la Junta. La mayoría absoluta está en 23 diputados y solo la suma del PP con Vox alcanzaría entre 23 y 25, mientras el PP de Queipo apenas mejoraría —o ni siquiera mejoraría— los 17 escaños obtenidos por Diego Canga.
La misma encuesta suspendía a todos los líderes y mantenía a Barbón como el mejor valorado.
Algo totalmente inaudito en caso de gestión como la que protagoniza en Asturias solo explicable por el desvaimiento de Queipo como líder.
No hay una ola irresistible de cambio, sino un Gobierno desgastado por su propio quehacer ante una oposición insuficiente por sí misma. Vox recoge buena parte del crecimiento y Queipo continúa necesitando una muleta que limita tanto su autonomía programática como su capacidad para presentarse como mayoría de gobierno.
Queipo acaba de anunciar un “plan de recuperación” sobre vivienda, impuestos, autónomos, empleo, sanidad, dependencia, burocracia e infraestructuras. El inventario es correcto; falta conocer medidas, costes, calendario, responsables e indicadores de cumplimiento.
Anunciar que habrá un plan no equivale a tenerlo. Una fuerza y una convicción que parece no tener (y en la comunicación política la convicción debe ser genuida, nacida de las entrañas, para que sea digna de confianza) completa el perfil de un líder y un partido preparado para estar y no para gobernar.
Y un plan que no llega a plan inspira tan poca confianza como su imagen personal: es una comunidad de palabras saturada de estrategias, mesas, agendas y powerpoints que envejecen mejor que las obras.
El pacto con Foro no añade la fortaleza que falta
La aproximación del PP a Foro Asturias tampoco resuelve esa carencia. Queipo ha definido ambas formaciones como fuerzas hermanas, pero la aritmética no debe confundirse con la solvencia. Una alianza puede sumar votos y, al mismo tiempo, restar claridad, coherencia y credibilidad.
La dirección actual de Foro convirtió la persecución judicial de Francisco Álvarez-Cascos en una de sus principales marcas políticas. Y una marca marcada por el fracaso solo puede perseguir una cosa pactando con el PP: preservar los sillones de Pumares y de Moriyón.
La derrota de la marca Moriyón: La Audiencia Provincial lo absolvió del delito de apropiación indebida y el Tribunal Superior de Justicia confirmó la absolución al rechazar los recursos de Fiscalía y Foro.
Las graves acusaciones penales sostenidas contra él no quedaron probadas. Quienes quisieron liquidar judicialmente al fundador terminaron derrotados en los tribunales y con el partido reducido a una sombra de lo que fue.
La segunda etapa municipal de Carmen Moriyón tampoco ofrece una identidad inequívocamente reformista. Entre 2015 y 2019 gobernó en minoría gracias a la división de la izquierda y alcanzó acuerdos presupuestarios y de gasto con Xixón Sí Puede e IU. Foro ha pactado a izquierda y derecha según la necesidad; puede llamarse pragmatismo, pero difícilmente proporciona al PP el proyecto nítido que hoy le falta.
Como se explicó en Asturias Liberal, repartir posiciones no equivale a construir una alternativa.
La electricidad: sin red no existe política industrial
Mientras los partidos se entretienen con sus habitaciones interiores, Asturias mantiene bloqueos que condicionan su futuro. El primero es la red eléctrica: no basta con anunciar generación renovable o nuevas fábricas si la distribución carece de capacidad suficiente para atender ampliaciones e implantaciones industriales.
El propio Principado ha reconocido que algunas empresas suspendieron proyectos por falta de suministro, después de años sin ejecutar los refuerzos necesarios.
Asturias Liberal lo ha documentado en el análisis de los sucesivos planes de Borja Sánchez. La alternativa seria exige un mapa público de capacidades y cuellos de botella, compromisos fechados y seguimiento trimestral, además de prioridades industriales transparentes.
Sin potencia disponible, el resto es escenografía: se pueden inaugurar maquetas, pero no motores.
Un AVE precario y un Noroeste sin corredor suficiente
La llegada de la alta velocidad no cerró el problema ferroviario asturiano. Persisten incidencias, tiempos poco competitivos, material insuficiente, una integración incompleta con el ancho estándar europeo y una red de mercancías que continúa penalizando a la industria.
José Manuel López lo retrató con ironía en “AVE María… y el milagro de llegar a Asturias en Tren de la Bruja”.
A ello se suma la necesidad de articular un verdadero Corredor del Noroeste que conecte los puertos y áreas industriales asturianas con León, Astorga, Galicia y las grandes redes europeas. La iniciativa logística de Astorga mostró que otros territorios intentan posicionarse mientras Asturias espera. Un corredor no se consigue pronunciando su nombre, sino acordando trazados, terminales, financiación, plazos y alianzas territoriales.
Impuestos, burocracia y proyectos eternamente prometidos
La fiscalidad asturiana continúa castigando la acumulación de capital y la atracción de contribuyentes y empresas. La cuestión no consiste en prometer una rebaja genérica, sino en deflactar el IRPF, revisar Patrimonio y Sucesiones, evaluar cada tributo propio y acompañar la reducción fiscal con disciplina de gasto y medición de resultados. La trampa fiscal asturiana no se resuelve sustituyendo un eslogan por otro.
Lo mismo ocurre con la Administración. El Vial de Jove, el Metrotrén, el Hospital de Cabueñes, la Ronda Norte, las infraestructuras industriales o los distintos polos anunciados forman un catálogo de retrasos, rediseños y nuevas fechas.
El Gobierno de Barbón ha perfeccionado la política del anuncio renovable: cuando una promesa envejece, se la presenta otra vez con nombre, presupuesto o fotografía diferentes.
El caso Cerredo resume el coste extremo del descontrol administrativo. Los avisos sobre irregularidades existieron, los mecanismos de inspección conocieron problemas y la respuesta pública no evitó una actividad ilegal que terminó en tragedia. Las responsabilidades ascendían por la cadena política, porque gobernar no consiste solo en dictar normas: consiste en hacer que se cumplan antes del desastre.
Un Gobierno débil frente a una oposición que no alcanza altura
Barbón domina la comunicación frívola, lo banal y distractivo mucho mejor que la ejecución. Sabe convertir cada reunión promisoria en un avance, cada intención empresarial en inversión, cada plazo desplazado en una nueva oportunidad y cada culín de sidra o cada documento histórico sin valor actual en la quintaesencia de una asturianía que no nos hace falta reinventar.
Pero su política de banalidades no resuelve la energía, el ferrocarril, la fiscalidad, la lentitud administrativa, la dependencia ni la fragilidad de buena parte del tejido productivo.
Precisamente por eso resulta más grave la insuficiencia del PP. Asturias no necesita una oposición que se limite a esperar el incierto desgaste socialista, contar los votos de Vox o incorporar a Foro para completar una suma. Necesita un Gobierno alternativo preparado antes de las elecciones: organigrama, cien primeras decisiones, reformas legales, objetivos presupuestarios, calendario energético y ferroviario y sistema público de rendición de cuentas.
Y fuerza, fuerza comunicativa y fuerza interior. Ni la una ni la otra están presentes en el liderazgo de Álvaro Queipo ni asoma en las maniobras de la Cámara de Oviedo si es que tienen alguna consistencia real.
Hoy no se percibe ese trabajo con la claridad necesaria. Se perciben mensajes, convenciones, un plan todavía sin contenido público suficiente y una pugna de nombres construida sobre rumores. Guerra interna en el PP, sí; alternativa de gobierno, todavía no. Mucho ruido para acabar, si nadie lo remedia, en un “pa na de na” electoral.
El perfil de Álvarez-Cascos como referencia
Asturias necesita un líder de oposición con empaque, conocimiento técnico y capacidad política, cualidades que representó Francisco Álvarez-Cascos. No se trata de pedir su regreso —su etapa activa pertenece al pasado— sino de convertirlo en un referente.
Se trata de reconocer un perfil capaz de formular una visión concreta, ordenar prioridades, negociar con Madrid, asumir costes y transformar las ideas en decisiones ejecutables.
Cascos demostró que conocía las infraestructuras, la Administración y los resortes del Estado; también que podía construir en pocos meses una fuerza capaz de ganar las elecciones autonómicas de 2011. Su “Radiografía de la decadencia de Asturias” mantiene una cualidad hoy escasa: relaciona industria, energía, ferrocarril, sedes empresariales y poder político dentro de una misma interpretación estratégica de la región.
Ese es el patrón exigible y no hay en esto nostalgia personal. Un líder de oposición debe explicar qué Asturias quiere, qué obstáculos retirará y qué intereses está dispuesto a enfrentar, además de cómo medirá su propio cumplimiento. Debe tener proyecto y capacidad para hacerlo realidad; una cosa sin la otra produce literatura electoral o tecnocracia sin mando.
Mientras el Gobierno anuncie proyectos de cumplimiento eterno y la oposición responda con reformas pendientes de concretar, Asturias continuará perdiendo tiempo, oportunidades y posiciones. Barbón no debería conservar el poder porque su gestión convenza, ni Queipo perderlo antes de alcanzarlo por una pelea cainita. Asturias merece una alternativa que inspire confianza antes de pedir el voto. Y para eso hacen falta líder, plan, equipo y ejecución; justamente aquello de lo que ahora se habla menos.

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
