Un conocido periodista avilesino repite una y otra vez desde hace décadas el eslogan «dame buenas noticias» destacando espejismos de «realidad» como si fueran por sí mismos conjuros de una realidad que no llega. Esas mismas décadas de caída general de la economía asturiana que ninguna rogativa laica puede revertir por el mero hecho de repetirla.
Y este es el caso de la industria del metal en Asturias. Relacionarse con respeto hacia los hechos y afrontarlos con entereza y critica es lo que salva. El conjuro de autoayuda, no.
El metal pierde producción, empleo y exportaciones mientras el Principado presenta grandes inversiones industriales y tecnológicas. La cuestión no es elegir entre la industria tradicional y la nueva, sino comprobar si las políticas públicas están consiguiendo fortalecer la primera y convertir la segunda en realidad.
El simple anuncio del futuro deseado y siempre relegado en absoluto resuelve un presente que tiene la mala costumbre de formar parte de los problemas futuros también.
En Asturias parecen funcionar dos calendarios industriales. Uno avanza entre presentaciones, grandes cifras de inversión y promesas de empleo. El otro se mide en toneladas producidas, pedidos recibidos, exportaciones y trabajadores ocupados. El primero ofrece una imagen estimulante del porvenir. El segundo acaba de proporcionar noticias bastante menos alentadoras.
El caso que les traigo hoy aquí es que revela el último informe de coyuntura de FEMETAL, la patronal de las industrias metalúrgicas, elaborado en colaboración con la Universidad de Oviedo (con algunos errores en algunos cálculos que no viene al caso desarrollar). Ese informes revela que:
●La producción de la metalurgia asturiana descendió un 11,09% durante el primer semestre de 2026.
●Las exportaciones se redujeron un 12,97%
●Y la ocupación estimada para el segundo trimestre cayó un 19,53% interanual.
Son tres indicadores muy preocupantes para la principal columna vertebral industrial de Asturias. Seis meses que serían un mero indicio y no sentencia si no fuera porque la serie histórica de caída en esa realidad no se empeñara en dictarla bastan para dictar sentencia sobre una economía.
Formulo preguntas, las adecuadas, porque sin ellas, las respuestas serían las incorrectas, las de desviar la mirada hacia un punto de fuga dibujado en papel y desconectado con el hoy. Especialmente cuando los anuncios de prosperidad se suceden con más frecuencia que las noticias sobre nuevas instalaciones que no suelen, en la Asturias presente, comenzar efectivamente a producir.
La industria que sostiene Asturias
El metal no es una actividad más. Es una extensa red de empresas, trabajadores, conocimientos técnicos y relaciones comerciales.
Según FEMETAL, Asturias contaba a comienzos de 2025 con 942 empresas industriales del metal, aproximadamente un tercio de su tejido empresarial industrial.
En el segundo trimestre de 2026, el sector representaba el 45,48% de los ocupados industriales y generaba el 60,93% de las exportaciones regionales durante el primer semestre.
Detrás de ArcelorMittal, Asturiana de Zinc y otras grandes empresas hay fabricantes de maquinaria, talleres, ingenierías, compañías de mantenimiento y centenares de proveedores especializados.
Comparten infraestructuras, trabajadores cualificados y una experiencia acumulada durante décadas. Cuando una gran instalación reduce su actividad, las consecuencias pueden alcanzar a numerosas empresas auxiliares. Y cuando desaparece una empresa especializada, no siempre basta con disponer de financiación para recuperarla.
La industria no es solamente capital invertido. Es también una organización productiva construida con el tiempo.
Las cifras que contradicen el optimismo de papel
El deterioro no se limita a la siderurgia. Durante el primer semestre, la fabricación de maquinaria cayó un 16,69%; los productos metálicos, un 14,42%; y la metalurgia, un 12,85%.
Hubo excepciones, como el crecimiento del 7,07% en material y equipo eléctrico. Pero el conjunto presentó una evolución considerablemente peor que la española: durante el segundo trimestre, la producción del metal disminuyó un 8,98% en Asturias, frente al 0,1% nacional.
Las exportaciones pasaron de 1.885,24 millones de euros en el primer semestre de 2025 a 1.640,78 millones un año después. Son unos 244 millones menos, con una caída del 46% en hierro, acero y ferroaleaciones.
La Encuesta de Población Activa estima que los ocupados del sector pasaron de 33.800 a 27.200 entre los segundos trimestres de 2025 y 2026. Una diferencia de 6.600 personas que, por tratarse de estimaciones estadísticas, no debe confundirse con otros tantos despidos acreditados.
Existe una circunstancia que puede matizar el diagnóstico. La avería del horno alto B de ArcelorMittal, parado desde octubre de 2025 hasta mayo de 2026, afectó a la producción. Su reactivación ayuda a explicar que el índice general de producción industrial de SADEI creciera un 5,3% interanual en agosto. Lo concluyente, sin embargo es que esa buena noticia que también en Asturias Liberal damos, no resuelve el bajón productivo. Cada suceso, en su contexto. Si no es así, la buena noticia nos lleva a conclusiones frustrantes.
Los problemas que no se reparan encendiendo un horno
La industria asturiana afronta condicionantes que ningún gobierno autonómico puede resolver por sí solo. Pero sí puede abordar si el partido gobernante en La Moncloa es el mismo que el de Asturias y si hubiera una voluntad, si demostración en décadas, salvo la excepción del gobierno de Álvarez cascos, abortada en comandita por PSOE y Partido Popular asturianos.
El primero de esos problemas es la energía. Su precio y disponibilidad resultan decisivos para industrias electrointensivas como la siderurgia. A ello se añaden las necesidades de modernización de la red eléctrica. Hay actuaciones en marcha, como las obras de Red Eléctrica en Cardoso, primera pieza del Anillo Central, pero sus plazos no resuelven inmediatamente los problemas existentes.
Y mientras no se aceleren las obras, todo el entusiasmo electoralista puesto en darlas por hechas por parte del consejero de Industria, Borja Sánchez, no sirve. Una promesa de que esas obras se van a adelantar no sustituye a la decisión del gobierno nacional de hacerlo de manera efectiva. Y esto aún no se ha producido.
El segundo problema es internacional. La industria europea afronta competencia exterior, cambios en la demanda y exigencias de descarbonización que requieren inversiones importantes. Un entusiasta de las buenas noticias diría que descarbonizar es una de ellas, pero sus costes para las empresas aunque sean compartidas con el erario público:
Los costes de descarbonizar reducen la competitividad de la siderurgia y la metalurgia en general.
Las ayudas públicas se dan con más presión fiscal y endeudamiento público. Y eso también ahoga a las empresas y disminuyen su margen de maniobra competitiva.
El tercero de esos problemas afecta a la inversión y la productividad. Una maquinaria envejecida, una cartera insuficiente de pedidos o las dificultades financieras pueden resultar tan perjudiciales como una factura eléctrica elevada.
A ello se suman la escasez de determinados profesionales, el relevo generacional, las cargas regulatorias y los procedimientos administrativos.
No tenemos datos suficientes para atribuir a cada factor una proporción concreta de la caída. Hacerlo sería sustituir el análisis por prejuicios.
El propio Gobierno asturiano reconoce buena parte de estos problemas en su Estrategia Industrial de junio de 2026. No estamos, por tanto, ante dificultades desconocidas por los gestores.
Esto sería una buena noticia si los políticos que dirigen a esos gestores no estuvieran más pendientes de los anuncios ilusionantes que sobrevuelan sin conocer si tienen posibilidades de tomar tierra y sin ejecutar las condiciones para que eso ocurra.
La cuestión es qué se está haciendo para superarlas y con qué resultados.
La Asturias de los anuncios millonarios
Mientras la industria existente afronta estas dificultades, el Principado mantiene una intensa actividad de presentación de grandes proyectos.
La implantación de Indra en El Tallerón de Gijón.
En Barros, Langreo, el Principado ha intervenido para comprar con dinero público las instalaciones y esperar a que Indra las alquile. El 7 de octubre se anunció un principio de acuerdo para un alquiler de 25 años, pendiente entonces de formalización.
Son actuaciones administrativas concretas, pero disponer de instalaciones y permisos no equivale todavía a contar con una fábrica plenamente operativa, con programas productivos, pedidos y empleos efectivos que Indra aún no ha concretado a la espera de qué dice qué no su Plan Estratégico anunciado para este mes de octubre.
Otro caso es Sunwafe, el proyecto de fabricación de obleas de silicio en ZALIA. Cuenta con la adjudicación de unos 300.000 metros cuadrados de suelo, pero la decisión final de inversión está prevista para febrero de 2027 y el inicio comercial, según la empresa, para comienzos de 2029, con el objetivo de alcanzar su plena capacidad en 2030 siempre que Red Eléctrica Española cumpla con la promesa que, en este tiempo preelectoral, le hizo al consejero Borja Sánchez.
Adjudicar suelo no es cerrar la financiación, construir una fábrica y comenzar a vender sus productos.
También destaca Digital Valley Asturias, el campus tecnológico anunciado para Salas, con una inversión prevista de 1.226 millones de euros y una capacidad informática final de 120 megavatios.
Sus promotores han solicitado su tramitación como proyecto de interés estratégico regional. Para hacerse realidad, todavía debe superar hitos relacionados con permisos, financiación, infraestructura eléctrica, construcción y contratación de clientes.
Ninguno de estos ejemplos pretende negar las posibilidades de los proyectos. Sería deseable que culminasen satisfactoriamente.
Lo que no resulta razonable es contabilizar las expectativas como resultados conseguidos. Y menos razonable aún es mirar para otro lado cuando la industria que sí está, que sí proporciona empleos, que sí posee un largo bagaje de conocimiento industrial aplicado presenta problemas graves.
No es una buena noticia, pero evitar citarla, analizarla y poner soluciones, sí lo sería de verdad, aunque hubiera que asumir responsabilidades.
Lo que se promete para mañana no sustituye a lo que se pierde hoy
Existe una tentación frecuente en las políticas regionales: presentar cada nuevo proyecto como si pudiera compensar automáticamente las dificultades de las actividades anteriores.
Sin embargo, la economía no funciona mediante una simple suma y resta de millones anunciados.
Una acería, una fábrica de componentes electrónicos, una instalación de defensa y un centro de datos tienen necesidades muy distintas de energía, capital, proveedores y trabajadores. También producen efectos diferentes sobre el empleo, las exportaciones y el resto de las empresas.
Una inversión tecnológica intensiva en capital puede generar relativamente pocos empleos directos. Una industria tradicional modernizada puede sostener una extensa cadena de proveedores. Ninguna de estas características convierte automáticamente una actividad en preferible a otra.
Asturias necesita atraer inversiones y diversificar su tejido productivo. Sería absurdo pretender congelar su economía en la siderurgia del siglo pasado. Pero tanto o más absurdo es dejarla decaer por una cadena de malas políticas donde se elude lo complejo y se enfoca al meme simple en redes sociales y se evita exigir, presionar y denunciar cuando la Administración Central no se alinea con las necesidades de la región.
Además, las nuevas actividades necesitarán infraestructuras, financiación, trabajadores especializados y, al igual que ArcelorMittal y las demás industrias ya existentes, energía.
¿Dónde están las prioridades de la política industrial?
El Gobierno de Asturias aprobó el 2 de junio, junto con FADE, UGT y CC.OO., una nueva Estrategia Industrial.
El documento reconoce la necesidad de fortalecer la industria existente, atraer inversiones y facilitar el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas.
Contempla cinco objetivos, diez medidas transversales, 78 acciones y 33 indicadores de seguimiento, además de planes anuales y mecanismos de evaluación.
Es decir, han puesto por escrito que sí hay problema. Lo que no han hecho es poner las herramientas para llevarlo a cabo. La buena noticia del acuerdo es, por tanto, irrelevante para cubrir la distancia entre la fotografía de la firma y los resultados.
Antes de añadir nuevos anuncios, sería interesante conocer qué medidas se han puesto efectivamente en marcha, qué financiación se ha ejecutado, qué indicadores han mejorado y qué obstáculos permanecen pendientes.
No son preguntas retóricas.
El Principado no controla los precios internacionales de la energía, las decisiones empresariales de ArcelorMittal ni las políticas comerciales europeas.
Pero sí dispone de instrumentos relacionados con el suelo industrial, la formación profesional, las ayudas empresariales, determinados procedimientos administrativos y la coordinación institucional.
También puede explicar qué actuaciones está desarrollando, cuánto cuestan y qué resultados ofrecen.
Y merece examinarse si la modernización y la financiación alcanzan suficientemente a las pequeñas empresas industriales o si la atención pública se concentra únicamente en los grandes anuncios.
Para ampliar: investigaciones de Asturias Liberal
- Barbón: 103 anuncios no son un proyecto. Análisis de la distancia entre los anuncios institucionales, la ejecución de inversiones y sus resultados.
- Asturias: los datos que contradicen el relato del Principado. Debilidad industrial y empresarial frente al resto de España. Estudio de la evolución industrial y empresarial asturiana.
- Barbón, enredado con la industria. Las 5 incógnitas críticas que pueden tumbar la megainversión en La Zalia. Investigación sobre energía, financiación, mercado, tecnología y precedentes de Sunwafe.
- El centro de datos de Salas ante dos espejos: Zamora y Picassent. Comparación de los proyectos y sus principales obstáculos técnicos, financieros y comerciales.
- El Principado desembolsará por Barros el precio que Indra rechazó pagar. Investigación de José Manuel López y Joaquín Santiago sobre la intervención pública en la operación.
- El consejero Borja Sánchez activa el modo electoralista. Examen de los anuncios industriales, sus plazos y sus distintos grados de ejecución.
- Asturias: Un paraíso de verde infinito, con la industria buscando su sitio. Reflexión sobre la identidad económica regional y la necesidad de proyectar una Asturias también empresarial e industrial.

Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
