Sánchez, el consejero de muchas cosas y ejecución de casi ninguna, presenta un futuro industrial lleno de inversiones, fábricas e infraestructuras. Pero los plazos, las incertidumbres y los resultados conocidos dibujan una realidad bastante menos tranquilizadora.
Borja Sánchez permitió el domingo a Vicente Montes en La Nueva España una extensa y amable entrevista cuyo titular resume una de sus principales afirmaciones: «El anillo central (ACA) es la clave para que Asturias siga siendo industrial».
Tiene razón en algo fundamental: sin una red eléctrica suficiente, Asturias no puede conservar su industria ni atraer nuevas empresas electrointensivas.
No ha descubierto nada que las empresas no lleven sufriendo durante años. Su declaración tiene el valor de reconocer que el ACA es importante y el defecto de ocultar que el Principado, el Gobierno del que forma parte, no ha impreso ninguna urgencia real a Red Eléctrica para disponerlo, más allá de lograr de esta empresa estatal una promesa verbal de adelantar un plazo para ello.
Porque el problema es que reconocer la necesidad de una infraestructura nada tiene que ver con que llegue a tiempo, como tampoco disponer de suelo, conceder subvenciones o firmar acuerdos garantiza que aparezcan fábricas funcionando.
Porque en Asturias parecen coexistir dos industrias muy diferentes.
Una, la real, produce, exporta, paga salarios y necesita soluciones inmediatas.
La otra, la de los despachos de los consejeros, aparece en los anuncios institucionales, con grandes cifras de inversión y empleo, pero sus resultados siguen situados siempre en el futuro.
La industria no puede esperar
Red Eléctrica comenzó en julio las obras de Cardoso, con una previsión de dieciocho meses. Otras instalaciones del Anillo Eléctrico Central mantienen sus propios calendarios y no existe una fecha pública firme de entrada en servicio del conjunto.
Mientras tanto, Asturiana de Zinc, con 236 megavatios contratados, encontró dificultades para conseguir apenas tres adicionales, como documentamos en Asturias Liberal.
ArcelorMittal afronta decisiones industriales que también dependen de energía suficiente, competitiva y garantizada.
¿Qué ocurrirá con las empresas que necesitan invertir ahora?
¿Esperarán hasta que termine la infraestructura?
¿Estará disponible la potencia que necesitará Sunwafe cuando pretenda comenzar su producción comercial en 2029?
Algo parecido ocurre con el hidrógeno verde. Sánchez, el Consejero, reconoce ahora que existió un optimismo excesivo sobre una tecnología todavía inmadura. Pero ese imprudente error de previsión tiene consecuencias. EDP mantiene incertidumbres en su proyecto de Aboño y ArcelorMittal ha aplazado inversiones de transformación siderúrgica.
No todos esos retrasos industriales obedecen al hidrógeno. Influyen también los costes energéticos, la regulación y las condiciones del mercado.
Pero cuando una industria planifica su transformación contando con una tecnología que todavía no está disponible a precios competitivos, las consecuencias alcanzan a toda su cadena productiva.
Sunwafe y Salas: millones anunciados, decisiones pendientes
Sunwafe, otro anuncio con altavoces, pretende fabricar obleas fotovoltaicas en ZALIA, con 670 millones de inversión inicial y cerca de 200 millones de ayuda pública concedida. Sin embargo, todavía debe cerrar una financiación demasiado incierta, acuerdos comerciales no esbozados y aspectos cruciales de su estructura tecnológica, como investigamos en Asturias Liberal al identificar sus cinco incógnitas críticas.
La decisión final de inversión estaba prevista para febrero de 2027. Y el consejero Sánchez habló ayer del primer semestre, que ya no es lo mismo y emite aires de demora, otra más.. Conviene vigilar esos desplazamientos en el tiempo, porque los calendarios también forman parte de los compromisos.
Además, según la Agencia Internacional de la Energía, China concentra aproximadamente el 95 % de la capacidad mundial de fabricación de obleas, un mercado sometido a intensa competencia y sobrecapacidad. Europa, y por tanto Asturias, no ha preparado sus armas para competir en este área.
Añádase que existe un precedente significativo: Norwegian Crystals, empresa noruega en la que participó EIT InnoEnergy, también impulsora de Sunwafe. Pese a disponer de instalaciones y experiencia industrial, terminó en concurso en 2023.
No significa que Sunwafe vaya a fracasar. Sólo se trata de que debemos preguntar qué ha cambiado para que ahora resulte viable una inversión europea de semejante envergadura en un mercado liderado por China.
En Salas encontramos otra promesa multimillonaria. Digital Valley anuncia 1.226 millones para un centro de datos, pero no consta públicamente que tenga completamente cerradas su financiación, sus necesidades eléctricas y sus compromisos comerciales, como ya examinamos en este medio.
A esas incertidumbres se suma una nueva normativa estatal en tramitación que establece exigentes requisitos energéticos y ambientales para los centros de datos. Su último borrador contempla un tratamiento excepcional, una exención para determinadas gigafactorías de inteligencia artificial, entre ellas y sobre todo el proyecto impulsado en Cataluña. Para Asturias no hay esa exención. A ver cómo lo arreglan.
Y, por supuesto, debemos preguntar:
¿Por qué se establecen obligaciones generales que pueden dificultar unas inversiones mientras se contemplan excepciones para otras consideradas estratégicas?
¿Qué consecuencias tendrá esa regulación para Salas?
¿Ha estudiado Sánchez las condiciones en que competirán unos proyectos con otros?
Barros: la rentabilidad no se proclama
Llegamos a la afirmación más comprometida de la entrevista: «La compra de Barros es política industrial rentable desde el primer minuto».
¿Rentable para quién, cuánto y frente a qué alternativas?
El Principado pretende desembolsar unos 10,7 millones de euros para adquirir unas instalaciones que Indra, pudendo hacerlo, no compró directamente, con la intención de alquilárselas durante veinticinco años. La operación, cuyos antecedentes analizamos junto con José Manuel López, se encuentra todavía en fase de formalización, según el acuerdo de intenciones anunciado por Indra.
Para conocer la rentabilidad real, no la que el consejero Sánchez verbaliza, necesitamos saber cuánto pagará Indra, qué costes y riesgos asumirá la Sociedad Regional de Promoción y qué obligaciones serán exigibles a la empresa.
El consejero habla, haciendo una estimación sin estudio que la respalde, de entre 500 y 600 millones de valor añadido bruto durante veinte años. Pero ese valor añadido, aunque llegara a materializarse, no constituye beneficio financiero para el Principado.
Tampoco basta con sumar empleos anunciados. Indra habla ahora de cien puestos directos durante los próximos tres años, mientras las previsiones anteriores alcanzaban los 450 directos e inducidos. Son magnitudes distintas y deben explicarse por separado.
Y tenemos El Tallerón. Los primeros blindados, en tiempos de Ángel Escribano, empezarían a montarse a finales de 2025. En enero se produce un desplazamiento en el tiempo y se preveía iniciar el montaje final del Dragón durante el primer semestre de 2026 y alcanzar la plena operatividad ese año. Después llegaron retrasos añadidos, adaptaciones industriales pendientes y otro desplazamiento de la producción prevista hacia 2027.
Ahora Borja Sánchez presenta Barros como complemento de Gijón y As Pontes. Pero ¿qué se fabricará efectivamente en cada instalación, cuánto valor añadido quedará en Asturias y cómo encajan esos programas con la capacidad industrial ya existente en Trubia?
Cuando una empresa retrasa sus compromisos, la Administración tiene motivos para exigir garantías adicionales antes de asumir nuevos riesgos con dinero público.
Suelo industrial e innovación: medir lo que importa
El consejero anuncia la necesidad de desarrollar nuevos espacios industriales. El Gobierno prevé movilizar 60 millones de euros entre 2027 y 2030 e identificar siete grandes bolsas que superan conjuntamente los 22 millones de metros cuadrados, según los compromisos industriales que ya examinamos en octubre.
Preparar suelo antes de conocer al comprador puede ser razonable. Pero ¿qué demanda industrial justifica esas superficies, en qué emplazamientos y con qué costes de urbanización y mantenimiento?
La pregunta resulta especialmente pertinente cuando Sogepsa arrastra dificultades económicas y comerciales. Antes de ampliar la oferta pública de terrenos habría que comprobar qué parte de la existente encuentra compradores, por qué y con qué rentabilidad. Una operación inmobiliaria sin futuro esbozado y ejecutada por una Sogepsa en apuros no es el escenario más tranquilizador.
No es una objeción ideológica a toda intervención pública. Es una exigencia elemental de eficiencia y competencia. Lo mismo hemos planteado en los casos de Barros y la ITV de Granda, en nuestra reciente investigación sobre la gestión del Principado: es necesario comparar alternativas antes de comprometer recursos de los contribuyentes. No hacerlo demuestra irresponsabilidad y menosprecio por el ciudadano.
Algo semejante sucede con el área de investigación. Sánchez reivindica el aumento de la financiación de I+D+i (Investigación, Desarrollo e innovación) y la creación de centros empresariales. Son avances que sí queremos valorar, pero resulta que gastar más no demuestra necesariamente innovar mejor.
Porque aquí interviene la conocida ley de Goodhart: cuando un indicador se convierte en objetivo, cuando lo que importa solamente es gastar, se puede dejar de medir adecuadamente aquello que pretendíamos mejorar. En otras palabras: se invierte sin tener previsto medir los resultados.
Alcanzar un determinado porcentaje presupuestario, como el 4,6 % de inversión en I+D+i fijado para 2030 en la Ley de Ciencia del Principado, no garantiza por sí solo más conocimiento útil, productividad o innovación empresarial. Igual que anunciar millones de inversión, empleos previstos o hectáreas industriales no equivale a conseguir esos resultados. Y en Asturias, los políticos como el consejero Sánchez ponen el foco en lo que gastan y no en lo que revierte a la sociedad.
Mientras tanto, en la realidad más terrenal, los datos del primer semestre de 2026 reflejan un retroceso de la producción y las exportaciones del metal asturiano. No puede responsabilizarse íntegramente al consejero, por supuesto, pero tampoco éste debe seguir parapetándose detrás de las promesas futuras.
Y cuando, en otro momento de la entrevista que le brindó el redactor de LNE, Vicente Montes, Borja Sánchez explica las mejoras de inspección posteriores al accidente de Cerredo, reaparece la misma exigencia: corregir procedimientos no sustituye a esclarecer las responsabilidades por su funcionamiento anterior.
Y, como guinda, la Luna
Cuando parecía agotado el repertorio de grandes expectativas, Borja Sánchez remata su entrevista hablando de la industria lunar.
No vamos a discutir las posibilidades tecnológicas ni la eventual viabilidad de ese proyecto. No es asunto siquiera investigable ni tomado con seriedad dado el momento electoral en que estamos.
Lo peculiar es la oportunidad que ha elegido el Consejero para decidir semejante remate a la entrevista.
Asturias tiene industrias que necesitan electricidad y encuentran restricciones, fábricas que acumulan retrasos, inversiones pendientes de financiación, compromisos empresariales por concretar y operaciones públicas cuya rentabilidad todavía no se ha demostrado.
Pues bien, después de todo eso, el consejero termina mirando a la Luna.
La escena tiene algo de humor involuntario emitido desde una actitud más infantil de lo que es deseable en un consejero. No porque la industria espacial carezca de futuro, sino porque resulta difícil encontrar un horizonte más lejano para terminar una conversación sobre tantos compromisos que siguen pendientes aquí, en la Tierra.
La acumulación de expectativas puede producir titulares atractivos. Pero llega un momento en que deja de transmitir confianza y comienza a despertar escepticismo.
Las circunstancias no deciden por el consejero
A cualquier Gobierno le beneficia anunciar inversiones, empleos e infraestructuras. Los titulares favorables llegan hoy; las fábricas pueden tardar años. Y cuando aparecen retrasos, siempre existen circunstancias empresariales, tecnológicas o administrativas que permiten explicar parte de las dificultades.
Pero las circunstancias no anuncian inversiones, no comparecen ante los periodistas ni deciden qué información debe hacerse pública.
Eso lo hacen personas concretas.
Borja Sánchez puede sentirse presionado por el calendario político, las expectativas del Gobierno al que pertenece o la necesidad de ofrecer buenas noticias a una Asturias industrialmente preocupada.
Nada de eso le obliga a presentar previsiones como resultados ni le impide explicar las incertidumbres de cada proyecto.
El consejero decide qué cuenta, cómo lo cuenta y qué compromisos asume. Y debe disponer de información suficiente para distinguir una posibilidad empresarial, un acuerdo preliminar y una inversión ejecutada.
Los intereses políticos ayudan a comprender por qué resulta atractivo anticipar éxitos. No convierten esa anticipación en un acto involuntario ni le eximen de responsabilidad a quien la realiza. Si todo esto le parece un juego a Borja Sánchez, para los ciudadanos no lo es.
Bertrand de Jouvenel, en Sobre el poder, recordaba, siguiendo a Rudolf von Ihering, una máxima de la antigua Roma senatorial:
«Etiamsi coactus, attamen voluit».
Aunque obligado, quiso.
Aquellos hombres entendían que las presiones de las circunstancias no borraban sin más la voluntad propia ni la responsabilidad por las decisiones adoptadas.
Aunque lo cierto es que el consejero Sánchez no parece personalmente presionado por la vorágine política, más bien divertido irresponsablemente por lo que parece considerar un juego.
No pretendemos exigir virtudes romanas a un consejero asturiano del siglo XXI. Basta con que distinga lo conseguido de lo prometido, justifique el empleo de los recursos públicos y responda por sus decisiones.
Porque las circunstancias condicionan, los intereses políticos presionan y los calendarios apremian.
Pero quien decide sigue siendo quien decide.
ENLACES RECOMENDADOS
- El consejero Borja Sánchez activa el modo electoralista. Asturias Liberal, 7 de octubre de 2026. Análisis de la diferencia entre ejecución industrial, tramitación administrativa y expectativas.
- La industria del presente retrocede mientras el Gobierno de Asturias dibuja en papel la del futuro. Asturias Liberal, 16 de octubre de 2026. Producción, empleo, exportaciones y política industrial.
- ITVASA-Granda y Barros: la grave ineficiencia, y algo más, en la gestión del Principado. Asturias Liberal, 28 de octubre de 2026. Competencia, alternativas y empleo del dinero público.
- Las cinco incógnitas críticas de Sunwafe. Asturias Liberal, 24 de septiembre de 2026. Energía, financiación, mercado, tecnología y precedente noruego.
- Digital Valley en Salas: ¿otra promesa vacía o una verdadera oportunidad?. Asturias Liberal, 7 de agosto de 2026. Investigación sobre la solvencia, la demanda eléctrica y los compromisos del proyecto.
- El retraso de 20 años en la red eléctrica compromete inversiones industriales. Asturias Liberal, 19 de marzo de 2026. Las restricciones de acceso eléctrico y sus consecuencias.
DOCUMENTACIÓN Y FUENTES EXTERNAS
- Red Eléctrica: comienzo de las obras de Cardoso, inversión de 26,5 millones y calendario previsto.
- Indra: comunicado oficial sobre el acuerdo de intenciones para Barros, 27 de octubre de 2026.
- Indra: Plan de crecimiento y atracción de talento en Asturias, enero de 2026. Documento de referencia para los compromisos iniciales de El Tallerón.
- Ministerio para la Transición Ecológica: expediente del proyecto de real decreto sobre centros de datos.
- El Periódico: tratamiento regulatorio especial previsto para la gigafactoría de inteligencia artificial de Tarragona.
- Agencia Internacional de la Energía: concentración mundial de la fabricación de tecnologías limpias.
- EIT InnoEnergy: inversión estratégica en Norwegian Crystals, septiembre de 2022.
- BOE: Ley 1/2025 de Ciencia, Tecnología e Innovación del Principado de Asturias.
- EDP: proyecto Asturias H2 Valley de producción de hidrógeno renovable en Aboño.
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Español e hispanófilo. Comprometido con el renacer de España y con la máxima del pensamiento para la acción y con la acción para repensar. Católico no creyente, seguidor del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y de todas las aportaciones de economistas, politólogos y otros estudiosos de la realidad. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la UNED
